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adiós a utilizar el lavavajillas como has hecho hasta ahora

Parece que poner el lavavajillas no tiene ningún tipo de misterio. Es tan simple como meter los vasos, platos y cubiertos y elegir el ciclo de lavado. Sin embargo, hay algunos errores que son comunes y que pueden afectar a la higiene y el brillo de la vajilla y la cubertería. Uno de ellos es colocar los cubiertos en la cesta de cualquier manera, dejando, por ejemplo, las cucharas con la parte que toca la comida hacia abajo y el mango hacia arriba.

Aunque puede parecer la manera más lógica de colocarlas, ya que así evitamos tocar la parte sucia con las manos, presenta varios inconvenientes que es de especial interés conocer. De esta forma, lo más probable es que las cucharas queden más lavadas, ya que la parte que toca la comida queda atrapada dentro de la cesta y, por lo tanto, recibe menos agua y jabón.

A esto hay que sumar que las cucharas pueden dañarse unas con otras, rayándose y perdiendo el brillo con el paso del tiempo. Esto puede afectar tanto a la calidad como a la estética de las mismas. Entonces, ¿cuál es la forma correcta de colocar las cucharas en el lavavajillas? Muy fácil: con el mango hacia abajo y la parte que toca la comida hacia arriba.

Así, las cucharas quedarán muchísimo mejor lavadas, ya que la parte que toca la comida queda completamente expuesta al agua y al jabón. También se protegen entre sí, son rozarse ni rayarse y manteniendo el brillo y la calidad. Esta manera de colocarlas también supone un gran ahorro porque ocupan menos espacio y se pueden meter más cucharas en el mismo ciclo de lavado.

Consejos de uso del lavavajillas

Del mismo modo que ocurre con las cucharas, también solemos colocar mal los platos en el lavavajillas.

Si queremos conseguir un lavado más efectivo, deben estar en la bandeja inferior mirando hacia el interior para que el agua del chorro se aplique directamente en la zona donde se pone la comida.

Como resulta lógico, no debemos poner dos platos en la misma ranura y los platos hondos van en las rejillas más anchas y los llanos en las más estrechas.

A todo esto hay que sumar la importancia de reducir la temperatura de lavado para evitar la cal. La temperatura de lavado debe ser inferior a 55 grados.

Y, por último, una vez al mes conviene hacer un lavado de mantenimiento con el electrodoméstico vacío y un producto específico para su limpieza. Es la forma más efectiva de eliminar la acumulación de sal y grasa.


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