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Apoteosis en el horno de La Romareda


Pocos en aquel febrero de 1987 pensarían que la Real estaba viviendo una temporada histórica. El equipo estaba inmerso en la segunda campaña de John Benjamin Toshack como técnico y, a dos puntos del descenso, ya emergía el enfrentamiento entre el entrenador galés y uno de los ídolos de la afición: Roberto López Ufarte, con quien el técnico no quería contar la siguiente temporada.

Pero el 27 de junio de 1987 se convirtió en el último día grande de la entidad realista hasta que llegaron las chicas y reverdecieron los laureles el pasado 11 de mayo. De tal día como hoy, hace ya 32 años, data el último título de la sección masculina del club. Un título que tuvo como protagonista al calor, a la afición y, cómo no, a Luis Miguel Arconada, que detuvo aquel penalti a Quique Ramos que hizo a la Real campeona de Copa por primera vez desde 1909. Fue el colofón a un curso complicado, como recuerda Luis María López Rekarte, uno de los nueve jugadores que disputaron completos los 120 minutos de aquella final ante el Atlético que terminaría en la tanda que Arconada convirtió en mágica: “No fue una temporada sencilla, no empezamos bien, pero llegamos en un buen momento a la final, pese a que nos enfrentábamos a un buen equipo”. El vestuario tuvo que afrontar la compleja situación del enfrentamiento entre Toshack y López Ufarte “y aquello influyó durante la temporada. El equipo no estaba acostumbrado a esas cuestiones y que un jugador de la talla de Roberto estuviese cuestionado te daba qué pensar”.

El legendario extremo txuri urdin afrontó ese partido sabiendo que era su último encuentro con la Real, aunque sin saber que su destino sería el rival de aquella sofocante tarde-noche en La Romareda. Pero todo aquello quedó aparcado ante la posibilidad de ganar un título: “Te olvidabas del calor y de todo ante la ilusión de jugar una final” y eso que el mercurio superaba ampliamente los 30 grados a la hora del encuentro.

Lo primero que recuerda López Rekarte de aquel día es el jolgorio de la afición: “Desbordó cualquier expectativa. Por lo que oías durante la semana ya sabías que iba a ir mucha gente, pero la realidad superó cualquier previsión”. Al saltar al terreno de juego, se mascaba la tensión, pero “el equipo tenía la mentalidad adecuada. Éramos todos de la casa, nos conocíamos bien, y además el equipo tenía recientes las ligas y venía en una trayectoria buena, pese a que estábamos haciendo un equipo nuevo, con gente que se incorporaba”.

Así, pese a la teórica superioridad del Atlético, “no salimos para nada acomplejados, salimos a por el partido, y ese fue el mayor acierto que tuvimos, el salir a ganar, sin dejarnos amilanar”. Y eso se notó porque para el minuto 9 López Ufarte ya había adelantado a la Real. “El comienzo fue espectacular”, recuerda López Rekarte, aunque “con dos tonterías nos crearon una ocasión y nos hicieron el empate”. Antes del descanso, Begiristain pondría de nuevo en franquía a la Real, pero en el 74 Rubio haría el 2-2 y mandó el partido a la prórroga: “A partir de ahí no sabías si era mejor llegar a los penaltis o no. Piensas que, con todo lo que has padecido, puedes quedarte sin nada…”. Pero entonces apareció Arconada para agrandar su leyenda y hacer que aquella temporada 86/87 que iba para decepcionante se convirtiera en histórica


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