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Así fue la primera y única visita de Isabel II a España: tensiones por Gibraltar, un intento de boicot, fiebre y camisetas de Cobi

Así fue la primera y única visita de Isabel II a España: tensiones por Gibraltar, un intento de boicot, fiebre y camisetas de Cobi

Los lazos de sangre entre las familias reales del Reino Unido y España nunca fueron muy fructíferos. Enrique VIII, por ejemplo, se divorció de Catalina de Aragón (y de la Iglesia católica) cuando descubrió que la hija de los Reyes Católicos no podía darle un heredero. Casi 400 años después, Alfonso XIII se casó, el 31 de mayo de 1906, con Victoria Eugenia de Battenberg, una de las nietas favoritas de la reina Victoria de Inglaterra. La princesa anglosajona introdujo la enfermedad de la hemofilia en el torrente sanguíneo de los Borbones, un trastorno hemorrágico hereditario que minó al matrimonio real y se cobró la vida de dos de sus hijos. Isabel II, fallecida este 8 de septiembre, era prima lejana del rey Juan Carlos y la reina Sofía. Pese al parentesco, solo visitó una vez España en sus 70 años de reinado y siempre intentó esquivar las tensiones, familiares y diplomáticas, por Gibraltar.

A diferencia de muchos monarcas, Isabel II no nació destinada para reinar. En el momento en el que vino al mundo, el 21 de abril de 1926, su padre, Alberto, el segundo hijo de Jorge V, era duque de York, segundo en la línea de sucesión tras el príncipe de Gales. Esta fotografía fue tomada el 9 de octubre de 1926, en la primera aparición pública de la recién nacida.

La vida cambió para la pequeña Lilibet diez años después de nacer cuando su tío Eduardo VIII, que no llevaba ni un año en el trono, abdicó para poder casarse con Wallis Simpson. Esta imagen se realizó en julio de 1936, meses antes de la abdicación en diciembre, en la casa que los por entonces duques de York tenían en el número 145 de Piccadilly, en Londres. A diferencia de su hermano, Eduardo VIII, que en sus 325 días de reinado no llegó a ser coronado, Jorge VI, nombre que eligió al subir al trono, celebró su ceremonia de coronación en la Abadía de Westminster en Londres, el 12 de mayo de 1937.

La fotografía muestra a la familia real dicho día junto a la reina María. A los dos años de que Jorge VI fuera coronado, estalló la Segunda Guerra Mundial. La ya heredera lanzó, junto a su hermana Margarita, un mensaje de ánimo a todos los niños y jóvenes del imperio británico el 10 de octubre de 1940. Fue su primer discurso a la nación cuando contaba con 14 años. Cuatro años después, la entonces princesa Isabel II ingresó en la rama femenina del ejército británico, en concreto se unió al servicio territorial auxiliar donde trabajó como mecánica. El día que se declaró el final de la guerra, la futura reina y su hermana salieron a celebrarlo mezclándose con la multitud que celebrara la victoria en las calles de Londres.

El 20 de noviembre de 1947, en la Abadía de Westmisnter y ante 2.000 invitados, la princesa Isabel daba el “sí, quiero”, tras unos años de compromiso en secreto, al príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca, que renunció a su título y se convirtió al anglicanismo para poder casarse. Una unión que levantó suspicacias en Reino Unido por la estrecha relación de las hermanas de Felipe Mountbatten con el nazismo. El primer hijo del matrimonio llegó apenas un año después de la boda. El príncipe Carlos, sucesor de su madre en el trono, nació en Londres el 14 de noviembre de 1948. Con él se aseguraba la continuación de la línea sucesoria. El 15 de agosto de 1950, llegó al mundo la princesa Ana. Uno de los momentos más duros para Isabel II tuvo lugar el 6 de febrero de 1953, cuando murió su padre. La por entonces princesa se encontraba de viaje oficial en Kenia con su marido. Allí conoció que a partir de entonces era la Reina, un título que ha llevado 70 años.

Isabel II, que entonces tenía 26 años, fue coronada el 2 de junio de 1953 en la Abadia de Westminster en una ceremonia que, por primera vez en la historia de este tipo de actos, fue retrasmitida por televisión. Siendo reina amplió su familia con dos hijos más, los príncipes Andrés, duque de York, y Eduardo, conde de Wessex, que nacieron en 1960 y 1964, respectivamente. Durante su reinado, Isabel II vivió momentos de felicidad y tranquilidad, pero también años complicados. Uno de ellos fue 1992, que ella mismo llegó a calificar como ‘annus horribilis’ en un discurso. Se unieron las separaciones de sus hijos Carlos, casado con Diana de Gales, y Andrés, con Sarah Ferguson, a un incendio que afectó a una gran parte del castillo de Windsor. Otro momento difícil al que tuvo que enfrentarse la reina fue la muerte de Diana de Gales. Arreciaron las críticas por el tratamiento que la familia real había dispensado a la madre de los príncipes Guillermo, heredero al trono, y Guillermo. E incluso hubo voces que vieron una conspiración tras el accidente de tráfico que segó la vida de la conocida como princesa del pueblo.

Si algo demostró Isabel II a lo largo de sus siete décadas de reina es su capacidad de resistencia y de superar dificultades. Con el paso de los años, y la llegada de nuevos miembros a la familia real que dieron un aire fresco a la institución, la imagen de la monarquía fue mejorando entre los británicos. Sin embargo, los últimos años de la reina han estado ensombrecidos por dos asuntos familiares que han hecho correr ríos de tinta. El primero de ellos la acusación a su hijo Andrés de abuso de menores.

El asunto llegó a los tribunales, pero se celebró el juicio por un acuerdo secreto entre el duque de York y la mujer que lo acusaba. El segundo el conocido como Megxit, la salida como miembros séniors de la familia real del príncipe Enrique y su esposa, Meghan Markle. Los duques de Sussex llegaron a afirmar en una entrevista posterior que habían sufrido comentarios racistas por parte de algunos miembros de su familia. Sobreponiéndose una vez más a las adversidades, Isabel II celebró el pasado mes de junio sus 70 años en el trono con un Jubileo de Platino.

Durante los diversos actos que se sucedieron en su honor ya se vio a una monarca con una salud débil y problemas de movilidad que le obligaban a moverse con un bastón. De hecho, no estuvo presente en la misa de Acción de gracias en la catedral de San Pablo y que estuvo presidida por su hijo Carlos. El último acto público de la monarca tuvo lugar este martes cuando nombró a Liz Truss primera ministra de Reino Unido en su residencia de Balmoral, donde ha fallecido. Era la primera vez en todo su reinado que Isabel II llevaba a cabo este acto fuera del palacio de Buckingham. En sus siete décadas en el trono, ha tenido 15 primeros ministros.

El 17 de octubre de 1988, la Reina de Inglaterra aterrizó en Madrid en compañía de su marido, el duque de Edimburgo. En el aeropuerto de Barajas, a pie de pista, les esperaba un jovencísimo don Felipe, que entonces solo tenía 20 años. El príncipe de Asturias fue el encargado de trasladarlos a El Pardo, donde la Monarca recibió los honores de ordenanza. Aquel día comenzó un periplo frenético de siete días calificado unánimemente de “histórico”, dividido entre visita de Estado —en Madrid—, oficial —en El Escorial, Sevilla y Barcelona— y privada —en Mallorca—. El único punto fuera del programa oficial fue un encuentro a puerta cerrada con su primo segundo, don Juan de Borbón, conde de Barcelona.

El rey Juan Carlos charla con la reina Isabel II Inglaterra durante una exhibición de flamenco en la visita de los monarcas a Sevilla. A la derecha de la imagen, el príncipe Felipe de Edimburgo. Pablo Juliá

La sombra del conflicto entre España y el Reino Unido por el peñón de Gibraltar, un contencioso que se remonta a 1705, sobrevoló durante toda la visita, aunque el tema se tocó de puntillas. El príncipe Carlos y Lady Di habían iniciado su luna de miel en la colonia, en 1981, razón por la que los Borbones no asistieron a su boda. “No sería propio de un viaje real abordar temas políticos concretos”, explicaron entonces fuentes diplomáticas españolas . Sin embargo, la disputa territorial fue “el elefante” en los salones palaciegos por los que la Reina británica y su comitiva se pasearon.

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En su primer día en Madrid, Isabel II almorzó con sus primos españoles en La Zarzuela y asistió a una cena de gala en el Palacio Real. Al día siguiente, comió con el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, en La Moncloa. El chef vasco Juan Mari Arzak se ocupó del menú, sirviendo como plato principal la charlota de paloma torcaz. Por la noche, la Reina ofreció una recepción en El Pardo para 150 invitados, entre ellos, la duquesa de Alba. Cayetana Fitz-James Stuart, descendiente directa de los Estuardo, había compartido juegos de niñas con Lilibet [el apelativo familiar de Isabel II] en Londres, mientras en España se libraba la Guerra Civil. Aquella velada de 1988, doña Cayetana realizó la genuflexión de rigor a la soberana, acabando así con una famosa leyenda creada por Oriana Fallaci. En 1963, la periodista italiana había entrevistado a la aristócrata española y había publicado: “Su sangre es más azul que todas las sangres azules de la Tierra. Si ante la puerta de un ascensor se encontraran Isabel de Inglaterra y la duquesa de Alba, aquella debería cederle el paso”. A la cena también asistió el liberal canario José Miguel Bravo de Laguna, que dos años antes se había declarado culpable de haber sustraído por error un pijama en los grandes almacenes Marks & Spencer de la capital británica.

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Durante la recepción en El Pardo, la Monarca británica se refirió al “único problema que queda entre nosotros”, en inequívoca alusión al contencioso gibraltareño. En su brindis, el rey Juan Carlos habló específicamente sobre Gibraltar, aunque en tono de cortesía y mostrando su optimismo en la futura resolución del contencioso. Ambos hicieron gestos para poner fin a siglos de rivalidad por El Peñón. El más significativo, su visita conjunta a El Escorial, morada de Felipe II, el rey español que 400 años antes había intentado dominar por la fuerza a la emergente Inglaterra de Isabel I. Muchos lo interpretaron como “la señal definitiva de reconciliación”. El duque de Edimburgo, famoso por su ironía, puso la nota de humor mordaz y comentó sobre el dormitorio de Felipe II: “Aquí no tenía nada de luz”.

El viaje real a España no estuvo exento de incidentes. El movimiento catalanista Crida a la Solidaritat intentó boicotear la llegada de la Reina de Inglaterra a la plaza de Sant Jaume, corazón político de Barcelona, haciendo estallar petardos. Curiosamente, muchos de los presentes confundieron los estallidos con salvas de honor. El presidente catalán Jordi Pujol recibió al matrimonio real en el Palau de la Generalitat. El duque de Edimburgo protagonizó otro momento divertido mostrando su sorpresa cuando Joan Hortalà, de Esquerra Republicana de Catalunya, le manifestó que era republicano.

La reina Isabel de Inglaterra firma en el libro de honor en el Ayuntamiento de Barcelona, acompañada del duque de Edimburgo (a la izquierda), los Reyes de España y el alcalde de Barcelona, Pascual Maragall (a la derecha), dentro de los actos de su visita oficial a España en octubre de 1988.
RPR/AO/JM/MR (EFE)

Isabel II estuvo fría en su paso por la ciudad condal, rayando la literalidad. No se quitó en ningún momento su abrigo de entretiempo de color fucsia. Fuentes próximas a su séquito atribuyeron su comportamiento a una gripe que pilló durante el viaje. Pese las décimas de fiebre, dejó ver su entusiasmo por la sencillez de Cobi, la mascota olímpica creada por Javier Mariscal, y hasta pidió al alcalde Pasqual Maragall varias camisetas del perro cubista para sus nietos.

La visita oficial a España terminó con una recepción a bordo del Britannia, el yate real de los Windsor. Luego, la reina Isabel pasó dos días en Mallorca, navegando por la isla de Cabrera junto al Fortuna de Juan Carlos de Borbón. Pese al parentesco, los primos reales no hablaron sobre el asunto que ha distanciado a sus dinastías durante los últimos 300 años: Gibraltar.

Los Reyes de España despiden en el aeropuerto de Son San Juan (Mallorca) a la reina Isabel II, al término de su visita de Estado
MANUEL H. DE LEÓN (EFE)

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