Biden se muestra a favor de mantener la normativa que permite deportar a migrantes en caliente


El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha señalado la mañana de este jueves que su Gobierno acatará la decisión judicial que prevé mantener vigente el llamado Título 42, una normativa que permite la rápida deportación de inmigrantes en la frontera con México bajo pretextos sanitarios. La Administración demócrata heredó esta medida de los tiempos de Donald Trump y planeaba retirarla a finales de mayo. Su desaparición, sin embargo, se ha convertido en un espinoso asunto interno en un año electoral en el que los republicanos amenazan con hacerse con el control del Congreso. La gestión de los más de 3.000 kilómetros de frontera común será un tema inevitable en el encuentro que Biden tiene agendado este viernes con su homólogo mexicano, Andrés Manuel López Obrador.

La reunión, una comunicación virtual, fue anunciada y solicitada el martes por la Casa Blanca para tratar de fijar una posición común con vistas a la Cumbre de las Américas que se realizará en junio en Los Ángeles. Los asuntos centrales sobre la mesa, según adelantó un comunicado, son precisamente las políticas en materia de migración, seguridad y la situación de Centroamérica, que el presidente mexicano visitará la próxima semana. El viaje es clave porque todo lo que sucede en la frontera sur acaba repercutiendo en la frontera norte. Y Washington siempre ha necesitado al país vecino para aplicar sus decisiones. López Obrador ya tuvo que plegarse a los designios de Trump, que llegó a amenazarle con una guerra arancelaria. Ahora con Biden se intenta abordar el fenómeno a través de la negociación.

“Lo que diga la corte es lo que haremos. Si dicen que no podemos hacerlo, eso es lo que haremos”, ha dicho Biden esta mañana a la prensa sobre el Título 42, que se justificó en su momento por la propagación de la pandemia. Los periodistas querían saber su respuesta a la decisión de una corte federal de Luisiana. Este miércoles, un juez nombrado por el exmandatario republicano emitió una orden de restricción que frena por dos semanas el intento de Washington de desmantelar la normativa. El Gobierno se había fijado para el 23 de mayo la fecha para levantar la medida que acumula 1.8 millones de expulsiones de inmigrantes desde marzo de 2020 (este número puede incluir la devolución de una misma persona varias veces). Una nueva audiencia se celebrará el 13 de mayo, lo que marcará también la Cumbre de las Américas, donde los temas migratorios serán uno de los asuntos centrales.

“Es absurdo mantener el Título 42, una medida sanitaria, como un mecanismo para detener la migración por un lado y, por el otro, cantar victoria sobre la pandemia. Es una contradicción insostenible”, considera Tony Payán, director del Centro de Estados Unidos y México de la Universidad de Rice, en Texas. “El presidente ya cuenta con el Título 8 [el código de la ley estadounidense relativo al ingreso de inmigrantes indocumentados], que es suficiente y le está asignando más recursos, pero es lo que menos importa en un año electoral”, añade.

El rechazo al fin de la medida sanitaria se hizo sentir con claridad en los estados republicanos. Veintidós territorios, entre ellos Luisiana, Arizona y Texas, acudieron a los tribunales para intentar frenar los planes de Biden, quien prometió durante el primer año de su mandato reformar el sistema de asilo y devolver humanidad a un modelo de inmigración devastado por Trump. De momento, muy poco de eso se ha visto. “El debate de la frontera favorece a los republicanos”, asevera Payán.

Eso quedó claro en Semana Santa, cuando uno los gobernadores más cercanos a la cosmovisión de Trump, el texano Greg Abbott, decidió aplicar unos controles adicionales en la frontera, precisamente llevando al límite la interpretación del Título 42. Las estrictas inspecciones a camiones y autobuses eran, por encima de todo, un mensaje al Gobierno demócrata, según el propio Abbott reconoció, pero también a México. Los operativos desataron el caos en cuatro puentes internacionales. Hubo protestas de transportistas y en medio del descontrol los plantones fueron infiltrados por el crimen organizado. Varios remolques ardieron en la ciudad de Reynosa y la situación se hizo insostenible. La Secretaría de Relaciones Exteriores protestó y también lo hizo el Congreso mexicano, dominado por el partido oficialista Morena. Ante la presión, el político republicano, que aspira a la reelección en noviembre, se reunió con los gobernadores de Nuevo León, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas y dio marcha atrás. Pero ya había demostrado que tiene la sartén por el mango.

El tema, no obstante, también ha movilizado a los demócratas. Un grupo de senadores de alto perfil, entre los que se encontraba el líder de la fracción, Chuck Schumer, habían manifestado en marzo su “decepción” de que la Administración le diera continuidad a la norma. El cambio ha sido drástico en las últimas semanas, con militantes del partido de Biden pidiendo rectificar la decisión. Entre estos se encuentra Beto O’Rourke, el integrante del ala progresista del partido que busca convertirse en gobernador de Texas en noviembre.

El año 2021 rompió los récords de cruces ilegales a Estados Unidos en décadas. La campaña electoral ha aumentado todavía más la temperatura de la frontera. Maggie Hassan, una senadora de Nuevo Hampshire, viajó más de 3.000 kilómetros desde su estado natal para visitar a principios de abril pueblos sobre la línea para dar un mensaje de que era necesario endurecer la política migratoria. Su voz se suma a la del demócrata más centrista del Capitolio, el polémico Joe Manchin, de Virginia Occidental. “Necesitamos una política de migración y el Título 42 no debe irse hasta que tengamos una o hasta que la CDC diga que no tenemos una crisis sanitaria. Mientras eso suceda no podemos arriesgarnos a recibir a indocumentados sin que sean revisados”, dijo recientemente el legislador. Anthony Fauci, el principal asesor médico de la Casa Blanca, aseguró este miércoles que Estados Unidos ya ha dejado atrás la fase más explosiva de la pandemia.

Para perfilar ese nuevo marco migratorio, Biden debe contar con el apoyo, o al menos con el consentimiento, de López Obrador. La relación entre los dos, según insisten fuentes diplomáticas de ambos países, es más que fluida, así como la interlocución entre el embajador Ken Salazar y el canciller Marcelo Ebrard o el senador Ricardo Monreal, veterano dirigente de Morena y aspirante a la sucesión. Sin embargo, no es tan sencillo. En los últimos meses se han multiplicado las fricciones e incluso los focos de tensión como la reforma eléctrica promovida por el Ejecutivo mexicano o el desmantelamiento de un grupo de élite que trabajó durante más de 25 años con la DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos. Es decir, una cosa es la cortesía diplomática y otra la rutina de la política. “Ninguno de los dos Gobiernos está en posición cómoda ni tampoco tienen la creatividad o la imaginación para darle un golpe de timón a la relación”, continúa Tony Payán.

A eso se añade una falta crónica de coincidencia sobre lo esencial en materia de migración. Esto es, los recursos económicos. El presidente mexicano y su equipo reclaman a Estados Unidos que aumente la inversión directa en los países de origen para paliar los flujos migratorios, pero la costumbre de la Casa Blanca es supeditar el envío de las ayudas al desempeño de los receptores y la eficacia de los proyectos. Ya existen programas conjuntos, como el llamado Sembrando Oportunidades lanzado el pasado diciembre, que busca formar a jóvenes en Guatemala, El Salvador y Honduras. A esos países, además de Belice y un desvío final hasta Cuba, viajará López Obrador del 5 al 9 de mayo. El triángulo norte de Centroamérica es tan determinante que el mandatario, que solo ha salido del país en tres ocasiones desde que asumió el cargo en 2018, optó por ir personalmente en lugar de delegar en el canciller.

A pesar de ello, el presidente mexicano no se ha prodigado de momento en explicaciones sobre la reunión de este viernes con Biden. Se ha limitado a decir que es “importante el que se dé esta comunicación”. “Escuchar al presidente Biden, que nos ha tratado con respeto, como también nos trató con respeto el presidente Trump y como nosotros los respetamos a ellos, y tenemos que procurar una buena relación”, ha agregado al indicar que Estados Unidos, que solicitó la conversación, no les ha informado todavía oficialmente del contenido del encuentro. “Creo que es una llamada para compartir puntos de vista y creo que esto ayuda mucho. Puede ser en tema migratorio; puede ser lo que está sucediendo en Rusia con Ucrania; puede ser lo de la Cumbre de las Américas. Hay varios asuntos que estamos tratando juntos o en los que cada quien tiene su opinión, pero nos escuchamos y nos respetamos”, ha reiterado.

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