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Brehme y Simón vuelven a jugar la final del Mundial del 90

Brehme y Simón vuelven a jugar la final del Mundial del 90

Debe haber sido una de las selecciones argentinas que peor jugó en una Copa del Mundo, pero al mismo tiempo una de las más queridas y recordadas. Fue recibida en la Casa de Gobierno por más gente y con más fervor que la que se había coronado campeona cuatro años antes en México. Un accidente que no suele darse con frecuencia durante una competición (la fractura de una pierna del arquero titular Nery Pumpido) le abrió la puerta al “milagro Goycochea”, el arquero que detuvo cuatro penaltis en dos definiciones por esa vía, ante Yugoslavia en cuartos y frente a Italia en la semifinal, y le permitió a la Argentina llegar a su segunda final seguida en los Mundiales.

La poderosa Alemania acumulaba frustraciones desde su última conquista mundialista, en 1974: venía de caer consecutivamente en las finales de 1982 ante Italia y de 1986 ante Argentina. Necesitaba recuperarse.

Andreas Brehme, el lateral izquierdo de Alemania, había disputado los 90 minutos de aquella final en México’86 y otra vez estaba desde el inicio en la cita máxima ante el viejo verdugo.

Faltando 5 minutos para que bajara el telón en el estadio olímpico de Roma con un 0-0 que parecía encaminarse inexorablemente hacia una nueva definición por penales, el árbitro Codesal pitó la pena máxima por una falta de Roberto Sensini a Rudi Völler que aún se discute. Lothar Matthäus, el capitán germano, habitual ejecutor, no quiso asumir la responsabilidad. No se sentía seguro. Entonces, Andreas Brehme agarró la pelota y tomó una decisión que en el 99 por ciento de los futbolistas no suele demandarle ninguna vicisitud: con qué pierna patearlo.

Brehme era ambidiestro, le pegaba muy bien a la pelota con las dos piernas. En la definición por penaltis contra México, por los cuartos de final del Mundial’86, lo había ejecutado de zurda, del mismo modo en que había convertido de tiro libre ante Francia en la semifinal de la misma Copa. En la Eurocopa’88, había vencido la valla de Italia dándole de zurda, después de que le tocaran el balón a la salida de un tiro libre. Y en la semifinal del Mundial’90, también había convertido de zurda del mismo modo ante Inglaterra. En la definición por penaltis de ese partido lo había lanzado de derecha.

Ahora, al encontrarse frente a un especialista en la materia que se había agigantado en las dos últimas definiciones por penaltis, tenía que confundirlo, hacerlo dudar, que no tuviera la seguridad de días recientes. Y entonces fue directo a lanzarlo con la derecha.

“Lothar no quería lanzar, pero alguien tenía que ir y yo me sentía en buena forma -asegura Brehme en un video en el que se observan sus ejecuciones con ambas piernas-. Agarré el balón y lo peor fue que los argentinos estaban discutiendo con el árbitro y le daban patadas al balón. Yo sabía a qué esquina tirarlo y también sabía que Goycochea había parado muchos penales. Si no, los argentinos no habrían llegado a la final. Rudi Völler se aproximó y me dijo: Andreas, si pones este balón adentro ahora, seremos campeones del mundo. Si consideras que mil millones de personas te están mirando lanzar ese penal al final eres el tonto o el héroe”. Tremenda presión.

Juan Simón también era defensor, pero siempre se movió por el centro de la zaga y no por las bandas. Tiempista y sin necesidad de apelar a las malas artes, distinguido como un defensor limpio, construyó una notable carrera iniciada en Newell’s Old Boys, que luego prosiguió en Mónaco y Racing de Estrasburgo (Francia) y concluyó en Boca. Simón fue campeón mundial juvenil en 1979, en aquel recordado equipo dirigido por César Luis Menotti que integraron Diego Maradona y Ramón Díaz, entre otros, pero no fue tenido en cuenta para las Copas del mundo de 1982 (con su padre futbolístico Menotti) ni de 1986. Y en 1990, con 30 años, ya cerca del final de su carrera, le tocó cumplir el sueño de todo futbolista con un entrenador que estaba en la antítesis de su modo de ver e interpretar el juego: Carlos Bilardo.

Simón y Maradona, los únicos intocables de ese Mundial 

Simón y Maradona fueron los únicos dos futbolistas que disputaron todos los minutos de los 7 partidos de aquel Mundial de Italia. Ellos dos y nadie más. Para el cotejo decisivo, al equipo de Bilardo le faltaba el as de espadas por acumulación de tarjetas amarillas (Caniggia), tampoco pudo contar con los campeones del mundo Giusti, Olarticoechea y Batista, el Cabezón Ruggeri debió dejar la cancha en el entretiempo, otro campeón mundial como Jorge Burruchaga lo siguió 10 minutos después. Argentina se quedó con uno menos a los 20 minutos de la segunda parte por la expulsión de Pedro Monzón y Maradona apenas si se podía mantener en pie.

En ese instante, a un amante de las cábalas como Bilardo, se le habrá venido encima toda la carga de cuestiones esotéricas: el sorteo había determinado que para esta final, las selecciones invirtieran los colores de camiseta en relación a la final anterior. Alemania dejó la camiseta verde del 86 para utilizar la blanca tradicional mientras que Argentina debió dejar la albiceleste para vestirse con la azul alternativa. En la final del Mundial de Brasil, veinticuatro años después, volverían a verse las caras los mismos rivales con esas mismas camisetas. Y el resultado sería idéntico para que Alemania levantara su cuarta Copa del mundo. Creer o reventar.

Un sitio de subastas rescató las camisetas

Ahora, después de estar guardadas durante 32 años en el ropero de un coleccionista argentino, el sitio de subastas matchdayauctions.com rescató las camisetas de Andreas Brehme y de Juan Simón de esa final y las pondrá a disposición de los interesados en breve.

“Brehme pidió ver fotos para saber si de verdad era la camiseta con la que convirtió el gol que le dio a Alemania su tercera Copa del mundo y se detuvo en los detalles de bordados, y en la etiqueta, entre otras cosas. Y al comprobar que efectivamente era su camiseta, nos mandó un video autenticándola con su testimonio”, cuenta Yael Rodríguez, cordobés de Unquillo, uno de los representantes de la empresa de subastas en el mundo, quien explica además que se trabaja con una lupa comparando las imágenes agrandadas de bordados y ubicaciones de varios detalles de la prenda en el momento de la ejecución del penal, en este caso. Del mismo modo se trabajó con la mítica camiseta con que Maradona le metió los dos goles a Inglaterra en el 86 y que fue subastada en mayo de este año en cerca de 9 millones de dólares.

Uno de los detalles que se utilizaron para corroborar la autenticidad de la prenda es que la misma, tal como lo demuestra su etiqueta, se fabricó en Yugoslavia, contrario a lo que podría pensar cualquiera de una camiseta de la selección de Alemania, que además es de la marca Adidas, fundada por alemanes y con sede en el mismo país. En el mundo tan particular del coleccionismo, la camiseta que un futbolista utilizó en un instante tan culminante, como la concreción de un gol que otorgó un título mundial, tiene un valor inmenso.

Por su parte, apenas se reencontró con la camiseta N° 20 de aquella final, Juan Simón se emocionó, como se puede apreciar en el video, y no dudó en manifestar que era la del primer tiempo, porque la del segundo la había intercambiado con Stefan Reuter.




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