Cerrar CAMI’s en plena pandemia es dejar a ‘su suerte’ a miles de mujeres indígenas en el país: Activistas

La Red Nacional de Casas de la Mujer Indígena en Oaxaca afirma que los Centros de Atención están agonizando y podrían cerrar por falta de recursos.

Por Diana Manzo

En plena pandemia del Covid-19, los Centros de Atención a la Mujer Indígena (CAMI’s), que son 34 distribuidos en toda la república mexicana, agonizan y podrían cerrar, porque no se les ha asignado el recurso autorizado por el Presupuesto de Egreso de la Federación, lo cual significa que dejarían a su suerte a miles de mujeres de comunidades indígenas que son víctimas de violencia y requieren atención sobre salud sexual y reproductiva.

En el Istmo de Tehuantepec hay tres centros de mujeres ubicados en Juchitán, San Mateo del Mar y el de Matías Romero, que en esta cuarentena por medio de llamadas telefónicas y videollamadas están brindando atención a mujeres víctimas de violencia.

Las Casas de la Mujer Indígena surgieron en 2003, en su mayoría, y son espacios que salvaguardan la vida de las mujeres indígenas al brindar atención integral y acompañamiento en lengua nativa en temas como salud sexual y reproductiva y a las violencias de género.

Estos centros fundados por mujeres y para mujeres son apoyados a través de un proyecto dentro del Programa de Derechos Indígenas, del Instituto Nacional de los pueblos Indígenas (Inpi), pero en días recientes, el gobierno federal anunció que, como parte de las medidas ante esta emergencia del Covid-19, se recortará el subsidio y según la Red Nacional de casas de la Mujer Indígena, eso significa vulnerabilidad e incertidumbre ya que no habrá recurso para continuar.

Nuestro CAMI no debe cerrarse, aquí salvamos vidas: Defensoras

Diecisiete años de caminar a favor de las mujeres indígenas mixes ha sido todo un reto para las activistas y feministas de la Casa de la Mujer Nääxwiin, quienes han luchado a favor de la vida y contra la violencia de género.

“Aquí salvamos vidas, por que las mujeres que viven violencia llegan y les brindamos un acompañamiento integral, platicamos con ellas y las orientamos, hablamos su lengua, el mixe, y eso facilita la comunicación, estamos al pendiente de su situación y buscamos que la violencia no forme su vida. Por eso creemos que somos importantes y que estos espacios deben seguir abiertos, y más ahora en pandemia, donde vemos acelerada la violencia familiar”, aseveraron.

Constanza Cruz Gutiérrez, Dora Ávila Betancourt, Estela Vélez Manuel, Zoila José Juan y Rubicela Cayetano Pesado son las fundadoras de la Casa de la Mujer Nääxwin, que actualmente cuenta con 12 integrantes entre abogadas, psicólogas, promotoras y defensoras de los derechos de las mujeres indígenas.

Hablan mixe y castellano y su voz ha sido fiel acompañante de mujeres víctimas de violencia de género y también de violencia obstétrica que viven las mujeres de esta zona norte del istmo de Tehuantepec, el reto actual es exigir un acceso a la justicia, atención de calidad y respeto a la mujer indígena.

Rubicela Cayetano Pesado explicó que es lamentable esta situación que están viviendo, pues se siente la vulnerabilidad e incertidumbre, porque es incompresible que el gobierno federal quité los apoyos para estos refugios externos, que han sido espacios salvadores de vida.

Lamentó que para el gobierno federal el tema de los Derechos Humanos y las Mujeres no importe y un ejemplo claro es esta situación de no dar los recursos para que sigan existiendo los CAMI’s.

Recordó que una de las resistencias que aún persiste es el hecho de que las mujeres hablan una lengua materna, pero dijo, esto ha sido difícil para poder ser atendidas en los centros de justicia, en donde se carecen de traductores de lengua materna, por eso las buscan y las apoyan.

A lo largo de estos 20 años han atendido a más de 12 mil mujeres mixes de San Juan Guichicovi, Matías Romero, Santa maría y Santo Domingo Petapa, El Barrio de la Soledad, Los Chimalapas, Santiago Ixtaltepec, San Juan Cotzocon, entre otras zonas, y lo que han visto es que las mujeres ahora denuncian más que antes, y que ya no tienen miedo y se sienten protegidas.




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