Clubhouse: 9 lecciones de mi primer día hablando, jugando y contando chistes con desconocidos


Clubhouse, la red social que solo permite comunicarse con audio, está entrando por goteo en España. Por el momento, solo está disponible para iPhone y requiere de una invitación para registrarse, aunque estas crecen exponencialmente. Cada usuario que se registra recibe dos invitaciones, de modo que un nuevo miembro puede invitar a dos personas, que a su vez invitarán a cuatro, que invitarán a ocho… Y en esa espiral de crecimiento, me invitaron a mí.

A diferencia de otras redes sociales, en Clubhouse no hay ni imagen, ni vídeo, ni texto ni emojis. Solo voz. Además de mantener conversaciones privadas con uno o varios contactos del usuario, la parte más llamativa de esta aplicación, que nació el pasado abril pero que acaba de empezar a popularizarse en España, son sus clubs: así se denominan las conversaciones grupales, unas salas de chat de acceso libre en las que los moderadores van dando voz a los usuarios que piden la palabra, para lo que solo hay que pulsar un botón (un icono de levantar la mano). Hay clubs de todo: de poesía, de marketing, de humor, para jugar, etc. Y todos los contenidos son efímeros: ninguna conversación se guarda o queda registrada.

La aplicación, por el momento, es bastante intuitiva: cuenta con un menú para buscar salas y usuarios; otro que podría ser el homólogo al timeline de Twitter, que muestra los clubs disponibles en ese momento (ordenados según tus preferencias); otro con clubs programados para próximas horas y un apartado de notificaciones. En mis primeras 24 horas tras recibir la invitación, entré a una decena de clubs, tomé la palabra en dos ocasiones, organicé mi propio club y aprendí muchas cosas sobre esta aplicación. Estas son algunas de las lecciones de mis primer día hablando con desconocidos en Clubhouse:

1. Entrar a Clubhouse es como entrar a una discoteca

Por el momento, Clubhouse no es una aplicación abierta, de modo que tras descargarla y seleccionar tu nombre de usuario, tienes dos opciones: o esperar a que te toque entrar –la página de la app solo indica que todavía “están abriendo” y se desconoce cuándo se abrirá al público– o que un amigo que ya está dentro te cuele. Así que, para entrar sin esperas, necesitas que algún amigo o conocido que ya esté dentro te invite. Cuando consigues entrar, sigue siendo como una discoteca. Primero, localizas a tu grupo de amigos: nada más registrarte, esta red social te muestra a tus contactos que ya están en Clubhouse para que los sigas o entables conversación con ellos. Después, es el momento de hablar con desconocidos.

2. Tus intereses no sirven de mucho, al menos de momento

Después de entrar a Clubhouse y seleccionar los contactos a los que seguir, la aplicación muestra un listado de intereses para seleccionar cuáles son tus aficiones (música, televisión, cómic, videojuegos…), tu religión (cristiano, budista, taoista, ateo…), qué lenguas hablas, con qué te identificas (negro, latino, genZ, babyboomer…), etc. Sin embargo, no sirve de mucho: por la mañana, al no haber un volumen demasiado grande de usuarios, tanto el menú de “explorar” como el de clubs que tendrán lugar próximamente no muestran solo charlas relacionadas con tus intereses, sino lo que hay en ese momento. Después de marcar que hablaba español y que me interesaban la televisión, los videojuegos, la comedia y el manga, los primeros clubs que me aparecían en el listado –y los primeros a los que entré, aunque solo para escuchar– eran Chat empresarial – gurús no, gracias (sobre marketing y empresas) y Welcome to clubhouse Malasya (sobre… no lo sé, estaban hablando en malayo). Bien entrada la tarde y por la noche, aunque los clubs seguían sin coincidir 100% con mis prefererencias, había mucha más variedad de salas.

3. Para organizar un club, se recomienda no estar solo (y tener paciencia)

Puesto que los primeros clubs que aparecieron en mi listado no me interesaron demasiado y quería probar cómo era charlar e interactuar con el resto de usuarios, decidí montar mi propio club, Media hora de chistes malos. El título era muy claro: estaría media hora contando chistes malísimos y dando la palabra a todo el que se animara a contar uno. En mi primer club aprendí dos cosas que después más usuarios me corroboraron: la primera, que aunque la aplicación y el ambiente invitan a participar, a la gente le cuesta un poco animarse.

Fernando de Córdoba y David Belzunce, expertos en marketing y redes sociales que llevan varias semanas probando formatos en la aplicación, me explicaron (a través de una sala privada de Clubhouse) que ellos suelen prepararse los diez primeros minutos de charla de sus clubs para no generar silencios incómodos y allanar el terreno hasta que el resto de usuarios se animen a hablar. La segunda cosa que aprendí es que, para evitar esos silencios, también es recomendable que el peso del club se lleve entre dos personas. La sala de chistes malos acabó siendo muy divertida, pero los primeros minutos fueron muy extraños: es realmente incómodo contar un chiste y que la única respuesta sea un silencio total.

4. Un pueblo gallego tuvo un conflicto diplomático con Israel

Parece una lección rara para aprender en Clubhouse, pero es solo una de las cosas que aprendí en el primer club no organizado por mí en el que me atreví a levantar la mano para participar: Cuéntanos algo que no sepamos, uno de los formatos que Fernando de Cordoba y David de Belzunce llevan varios días probando y en el que los escuchantes participan contando datos o hechos curiosos que probablemente el resto no sepan. La primera valiente que se animó a hablar contó la historia del conflicto diplomático entre Oleiros (A Coruña) y el gobierno de Ariel Sharon en 2004. Yo, por qué el sugus de piña es azul.

5. Puedes cocinar mientras estás en Clubhouse. Y pasear, o hacer la compra…

A diferencia de otras redes sociales que se basan en texto, imágenes o vídeo, en Clubhouse solo hay audio. Una vez que se entra a una sala, no hace falta mirar el móvil salvo que quieras levantar la mano para participar, que te obliga a pulsar un botón. Así que puedes hacer lo mismo que harías mientras escuchas un podcast: hacer deporte, ocuparte de tareas del hogar, responder correos, mirar Twitter… Yo escuché Cuéntanos algo que no sepamos mientras preparaba la cena.

6. La red está por civilizar

Mientras hacía la cena escuchando Cuéntanos algo que no sepa, llegó un momento en el que se me hizo imposible tanto hablar como escuchar: tuve que encender la campana extractora de la cocina. Ahí, me surgió una duda: después de contar por qué el Sugus de piña es azul, todavía tenía permiso para hablar. ¿Es de mala educación salir de la sala sin despedirse o, por el contrario, es de mala educación interrumpir la charla solo para decir que te vas? De Córdoba y Belzunce me contaban que “al igual que en Twitter hay unas normas de etiqueta más o menos claras, como que las mayúsculas implican gritos y deben evitarse, en Clubhouse todavía no hay una guía clara de etiqueta”. Cada club es su propio mundo: hay algunos en los que los usuarios toman la palabra y empiezan a hablar sin presentarse ni saludar, otros que solo saludan, otros que cuentan su currículum vitae entero antes de empezar a hablar…

7. Hay barra libre de formatos sin un claro ganador

La variedad de clubs es altísima. En mi primer día vi micros abiertos de poesía, charlas de humor para contar anécdotas o compartir momentos vergonzosos, decenas de charlas de marketing, de emprendimiento, sobre el funcionamiento de Clubhouse o cómo ser influencer de Clubhouse… De Córdoba y Belzunce, tras varias semanas probando formatos propios y ajenos, consideran que, en su opinión, una de las posibilidades con más potencial son los juegos y los formatos interactivos: “Tienen muchísimas posibilidades, un chat escrito no es tan cálido como una charla en un club de Clubhouse”, considera de Córdoba. El pasado fin de semana organizó un Juego de los detectives, con la misma mecánica que el que Roberto Sánchez capitanea en Cadena SER. Y acabó entrando a jugar el propio Sánchez. “Fue como hacer una sala hablando de crímenes y ver que entra Agatha Christie”, cuenta De Córdoba. Este fin de semana, de Córdoba estará junto a Manuel Bartual, Modesto García y Nikki García, entre otros, organizando una partida de rol en la plataforma.

8. El ambiente es más sano que en otras redes sociales

En mi primer día en Clubhouse solo escuché comentarios amables, gente riéndose y conversaciones en un tono informal, amable y distendido. Uno de los factores que propician este clima es que las conversaciones no quedan grabadas. Si no fuera por eso, no creo que más de una decena de personas entre las que había periodistas de renombre y expertos de marketing se animaran a contar chistes malísimos en directo durante mi club de chistes malos. Fernando de Córdoba y David Belzunce apuntan también en otra dirección: casi todos los usuarios utilizan su foto y nombre real en esta red, en la que solo se puede hablar. “Sin un pseudónimo y un avatar en el que esconderse, y teniendo que criticar a viva voz, es más difícil que aparezcan insultos, por ejemplo”, consideran.

9. Todo esto podría cambiar de un día para otro

La aplicación está en versión beta y todavía está sufriendo cambios. Por ejemplo, en uno de los grupos sobre marketing y Clubhouse a los que entré estaban hablando de los “grupos”, comunidades de usuarios con un mismo interés y desde los que publicar clubs. Sin embargo, ellos mismos advertían que, por el momento, la opción de crear grupos había sido desactivada. También han incorporado en los últimos días nuevas prestaciones como enlaces directos a los clubs (aunque hay que estar registrado para acceder a ellos) o búsqueda de usuarios dentro de una misma sala. Después de probar esta red social, al día siguiente ni siquiera la encontraba en mi teléfono: le habían cambiado el logotipo.

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