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Costa y el Celta: Aprendizaje, golazos y expulsiones surrealistas


Diego Costa, delantero del Atlético de Madrid, se reencontrará este sábado con un equipo que es especial en su trayectoria. El Celta de Vigo fue el primer club al que defendió en nuestro país tras llegar desde Portugal fichado por el cuadro colchonero.



Un Costa aún en estado casi semi salvaje en lo futbolístico. Y nos referimos a lo que él mismo ha confesado alguna vez. En esos primeros pasos aún acusaba el hecho de no haber pasado por el fútbol base de los equipos, con lo que entendía cada partido casi como una batalla.

A ese carácter indómito que gasta súmenle la juventud de entonces y entenderán que aquella temporada se convirtió en un cocktail de sensaciones. Positivas y negativas. Jugadas que denotaban ya el potencial que atesoraba el de Lagarto, pero también episodios que señalaban que era un jugador inflamable a la mínima que sucedía.

Hablamos de la temporada 07/08. El Atlético le cedió puesto que en el club rojiblanco había gene como Agüero, Forlán, Mista, Reyes… Un partido en pretemporada, el Ciudad de Vigo, entre ambos equipos sirvió para que se acordase la cesión para el equipo entonces entrenado por López Caro.

En el lado positivo, que jugó bastante, que comenzó a acostumbrarse al fútbol español y que dejó seis goles, uno de ellos impresionante ante el Numancia, en el que agarró el balón en su propio campo y se deshizo de todo quién le salió al paso para acabar marcando.

En lo negativo, tres expulsiones en los 30 partidos que disputó de celeste. Dos de ellas surrealistas. La primera, ante el Tenerife. El cuadro gallego ganaba por 2-0 y el jugador de Lagarto acabó en la calle por doble amarilla, primero por protestar un penalti y luego por ponerse delante del balón en un saque de falta sin importancia en el centro del campo. Al llegar al vestuario, el técnico Hristo Stoichkov le recriminó su gesto porque el Tenerife acabó empatando 2-2. “Lo siento mister, a veces soy un poco inconsciente”, se disculpó.

La otra extraña, ante el Celta de Vigo vencía 3-1 al Xerez en Balaídos. El delantero había marcado y en la recta final del choque, en una banda, se dedicó a hacerle pases toreros a Antoñito, quien se enzarzó con él y ambos acabaron en la caseta antes de tiempo. “Mis tarjetas no son por dar patadas, sino por tonterías. No sé por qué siempre me pasan a mí estas cosas. Tengo que aprender de ello”, afirmaba tras aquel episodio.

La tercera, contra el Sevilla Atlético, en la que fue expulsado a los diez minutos de comenzar el partido por simular un penalti y encararse con el colegiado.


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