"Cruzo a Marruecos, lloro y me vuelvo": la joven que responde con vídeos de humor a comentarios racistas


La serie de televisión Aída alcanzó la reseñable cantidad de diez temporadas. Además del personaje que daba título a la serie, los nombres de Luisma, Lorena, Mauricio Colmenero y Paz se colaron en los hogares con absoluta naturalidad durante 237 episodios.

Otro de los personajes más populares de la serie fue Oswaldo Wenceslao. “Machu Picchu, que si dices Oswaldo alguno no lo reconoce”, bromea Óscar Reyes, el actor que lo interpretaba.

El personaje de Machu Picchu era un esforzado camarero de origen ecuatoriano, explotado por el inmisericorde dueño del bar en el que trabajaba, de quien recibía constantes comentarios racistas. Lo que muchos de los millones de espectadores no saben es que Óscar Reyes, el actor que lo encarnaba, no era ecuatoriano, ni siquiera latinoamericano: nació en Tokio y es hijo de una española y un japonés.

Ha pasado más de una década desde el estreno de la serie, en 2005, por lo que conviene recordar brevemente el contexto en el que empezó a emitirse. Si en 1992 había poco más de 1.000 ecuatorianos residentes en España, esa cifra se disparó hasta rozar el medio millón en el censo de 2005.

En ese mismo año, Alberto Elena, profesor de Historia del cine, publicó un texto titulado “Latinoamericanos en el cine español: nuevos flujos migratorios, 1975-2005”. Este exhaustivo trabajo nos ofrece un dato llamativo: entonces, el único largometraje sobre la inmigración ecuatoriana hecho en España era, precisamente, una producción íntegramente ecuatoriana titulada Problemas personales, de Lisandra Rivera y Manolo Sarmiento, de 2002.

Es decir, el cine español no se había molestado en representar la forma de vida y los problemas de uno de los colectivos más importantes entre la población española. “En aquella época tampoco había apenas ningún personaje latinoamericano en televisión”, nos recuerda Óscar Reyes.

Por eso, el personaje de Machu Picchu es especialmente significativo. Y si lo analizamos, nos encontramos con que está repleto de detalles elocuentes.

Por ejemplo, es sorprendente que, para encarnarlo, como hemos mencionado, la productora se decantara por un actor nacido en Tokio. “Yo nunca había hecho de latinoamericano antes de Aída“, cuenta Óscar Reyes. Pero su paso por la serie le dejó señalado: “Hay muchísimas pruebas a las que no consigo acceder porque el personaje no es latino”.

En segundo lugar, que se escogiera el nombre de una cadena montañosa peruana para referirse, aunque sea despectivamente, a un personaje de origen ecuatoriano, nos devuelve una imagen indiferenciada de la población latina en España. En el casting para el personaje de Machu Picchu le pidieron a Óscar Reyes que pusiera acento sudamericano. Así, en general. “Y eso que los acentos en Sudamérica son distintos”, nos recuerda Óscar Reyes.

Pero, sobre todo, resulta significativo que el personaje de Machu Picchu trabaje como camarero en situación irregular y soporte con sumisión los improperios racistas de su jefe. Óscar Reyes, además, explica que Mariano Peña, el actor que interpretaba a Mauricio Colmenero, se sentía especialmente incómodo cuando tenía que interpretar escenas ofensivas con Machu Picchu. Reyes apunta a la contradicción que supone que su médica de cabecera en España sea latinoamericana, pero que los actores latinoamericanos nunca desempeñen estos papeles en televisión.

La presencia de los estereotipos

Después de haber analizado más de 2.000 personajes y más de 100 programas en el prime time de seis cadenas televisivas, seis investigadores de la Universidad de Salamanca llegaron a la conclusión de que los personajes inmigrantes o extranjeros en la ficción “tienen mayores probabilidades de ser analfabetos, de realizar trabajos no cualificados y sin ocupación estable que los personajes autóctonos/nacionales”, según se lee en “La representación de los personajes inmigrantes en los programas de ficción”.

A nivel social, esta representación puede tener consecuencias negativas, como explica el mismo estudio: “La imagen de los inmigrantes/extranjeros suele ser estereotípica y negativa, lo que puede dar lugar a que se refuercen o asimilen actitudes prejuiciosas hacia los inmigrantes”.

En España se han creado asociaciones y productoras de actores que, precisamente, luchan contra esto. Una de ellas es la asociación de actores negros The Black View. Armando Buika, uno de sus fundadores, señala el problema: “Las producciones actuales españolas no quieren arriesgar, les da miedo. Y ese miedo les está haciendo vivir en una especie de gueto, porque no corresponde a la realidad”. Y añade que “con esta imagen que quieren mostrar, están idiotizando al país”.

Las duras experiencias que ha vivido por su color de piel, y por ser considerado un extranjero en su propio país, le motivan a luchar para cambiar este escenario y para que todos los actores, independientemente de su origen, tengan las mismas oportunidades. “Tenemos los mismo derechos que cualquier otro español a optar por un papel, a huir de los clichés en los que estamos envueltos”, defiende Armando Buika.

Óscar Reyes apunta en la misma dirección al señalar que las producciones españolas de ficción no están siendo capaces de recrear la creciente diversidad de la sociedad española.

“En el pueblo donde me crié, que se llama El Casar, en Guadalajara, yo era la primera persona que no tenía el rostro pálido, por decirlo de alguna manera. Pero yo voy ahora y hay marroquíes, sudamericanos… de todo. Ocurre hasta en un pueblo tan pequeño de Guadalajara. Pero en la televisión y en el cine, no. Y en el teatro tampoco”, comenta el actor.

El actor que interpretaba a Machu Picchu ha creado una productora que también busca intervenir contra esta situación. “Nosotros, cuando mandamos convocatorias para castings, por ejemplo, tenemos que recalcar mucho que nos da igual la raza”.

Pese a estas iniciativas, Óscar Reyes remata su entrevista con una ironía ácida y desesperanzada: “Yo creo que realmente, dentro de 200 o 300 años, en España ya habrá algo más integrado. Al paso que vamos, que es lento y despacito, creo que sí, que para el año 2200 o 2300 tengamos una ficción multicultural como las de las grandes potencias”.

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