Cuando el dolor se vuelve fuerza: Madres contra la impunidad

Por Citlalli López

El 8 de marzo de 2019, durante la marcha en Oaxaca por el Día Internacional de las Mujeres, el dolor de Eva Luna se volvió fuerza. Ese día unió su voz con el contingente de madres que, como ella, perdieron a sus hijas por un feminicidio.

Aidé Rodríguez Luna fue asesinada cuando era menor de edad, a los 16 años. Por mucho tiempo, Eva dejó que el proceso legal caminara en solitario, hasta que decidió actuar contra la repetición del delito a más mujeres, en especial, su segunda hija.

“Mi hija la más chica tenía 6 años cuando Aidé murió. Esa niña ahora tiene sus 14 años y hasta ahorita veo que ella no puede salir a la calle sola, le da mucho miedo, más cuando ve a la familia de esta persona (…) Si no voy a recuperar a mi hija, no puedo dejar que le hagan daño a mi otra hija”, dice Eva en entrevista.

Aidé estudiaba la secundaria, vivía en San Antonio de la Cal, uno de los 40 municipios que desde el 31 de agosto de 2018 tiene Alerta de Violencia de Género Contra las Mujeres (AVGM), mecanismo solicitado por la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO) ante el aumento de feminicidios.

El 14 de febrero de 2014, Aidé pidió permiso para ir a un baile en San Agustín. Fue el último día que Eva la vio con vida. Dos días después, su cuerpo fue encontrado a orilla del río Salado con lesiones que reflejaban extrema violencia sexual.

Para Eva, la pérdida tan irreparable como dolorosa la llevó a pensar que el camino hacia la justicia sería inútil. Pero se dio cuenta de que el no sentar un precedente establecía la posibilidad de que la historia se repitiera en otra niña.

“En un principio, yo me negué a dar vueltas en esto. Yo decía: ‘a qué voy si de todos modos a mi hija no la voy a volver a tener, a mi hija ya la perdí. Qué caso tiene que vaya a desgastarme, porque es como una herida, si vas te vuelven a lastimar, eso es lo que yo sentía. Si voy, me van a recordar a mi niña, voy a recordar los momentos en que me entregan el cuerpo, voy a recordar muchas cosas’. Dejé pasar cuatro años”, cuenta.

Eva continúa en pie de lucha ya que el proceso penal todavía no concluye. Aunque hay una sentencia por feminicidio de 49 años de prisión, el acusado presentó una apelación para reducir su sentencia.


La búsqueda de justicia contra la impunidad
De acuerdo con la plataforma Niñas y Mujeres Víctimas de Feminicidio en México construida por la Red por los Derechos de la Infancia (Redim) con base en cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de 2015 a junio de 2021 en México se han cometido 512 feminicidios infantiles. El delito ha ido en aumento, pues mientras en 2015 se registraron 50, el 2020 cerró con 115 casos.

Tania Ramírez, directora ejecutiva de la Redim, expresa que la carga simbólica, además del temor, generan un luto difícil de asumir en niñas y niños que conocen de cerca un caso de feminicidio infantil.

“Inevitablemente, transfiere la posibilidad de que la propia vida pueda estar en peligro y eso es doblemente grave, no sólo en lo que sucede a la niña o adolescente en cuestión, que es gravísimo, sino por el impacto social que esto tiene”, menciona en entrevista.

La defensora de los derechos de la niñez subraya que, al interior de las familias, no permitir la impunidad, como lo está haciendo Eva, es una forma de luchar contra este delito.

“Lo que de facto sucede es que, si se instalan en una lógica de impunidad como la que padecen 90 por ciento de las carpetas de investigación en caso de violencia hacia niñas y niños, lo que hacen es enviar un mensaje de permisividad, de que es posible matar a una niña sin que haya consecuencias (…) La mejor forma de prevenir y garantizar la no repetición es atacando la impunidad que priva en estos casos”, dice.

Ramírez resalta la importancia de la búsqueda de la justicia por parte de las familias de la víctima de feminicidio infantil.

“La propia búsqueda de la justicia es un proceso transformador para vehicular esa sensación de impunidad, de que nada va a cambiar. Sabemos que la impunidad acompaña en muchos casos estas historias, pero en términos simbólicos y terapéuticos vale la pena recorrerla, no sólo por el significado, sino por el camino, porque entonces las familias saben que están haciendo algo al respecto”, asegura.

En Oaxaca, son 15 feminicidios los registrados en niñas y adolescentes de 0 a 12 años de edad en 6 años y medio. El año 2015 no registró ningún caso; en 2016 y 2017 hubo tres, respectivamente; en 2018, hubo cuatro feminicidios infantiles; en 2019, uno; en 2020, nuevamente tres y en lo que va de 2021 un caso hasta el 1 de junio.

Charlynne Curiel, antropóloga feminista e investigadora del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (IIS-UABJO), expresa que el feminicidio infantil genera un impacto fuerte por la vulnerabilidad que experimentan las menores de edad al saberse blanco de violencia extrema.

“Este orden patriarcal nos está diciendo que no respeta nada, ni siquiera las vidas de quienes consideramos más vulnerables”, lamenta.

La también maestra en Antropología Social en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social señala que la mayoría de los feminicidios infantiles son cometidos contra niñas y adolescentes de los sectores más empobrecidos en términos sociales y económicos.


Citlalli López, periodista independiente

 


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