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Efectos de la vacunación contra la covid en niños: los confinamientos en los institutos caen al mínimo tras inmunizar a los adolescentes


Salvador Pérez tiene un aspecto tranquilo revisando papeles detrás de la mampara de plástico que protege la mesa de su despacho de director del instituto público del Cabanyal, en Valencia, donde estudian 1.500 alumnos y trabajan 175 personas entre profesores y administrativos. “La verdad es que estamos teniendo muy pocos casos, nada que ver con el curso pasado”, comenta. En enero, su centro educativo llegó a tener 212 personas en cuarentena en el centro, 77 de ellas por haberse contagiado de covid y el resto por ser contactos estrechos. Este viernes 10 de diciembre el instituto tiene, en cambio, un solo positivo, que es el único confinado.

La vacunación masiva de los adolescentes ha reducido drásticamente el impacto de la covid en los institutos de toda España, lo que supone un mensaje de esperanza a los colegios de infantil y primaria, donde los contagios y los confinamientos de grupos burbuja van en aumento desde hace semanas, y cuyo alumnado de entre 5 a 11 años empezará a ser inmunizado esta semana. En los institutos no solo hay menos confinados porque hay menos contagios, sino también porque los contactos estrechos vacunados de un positivo no tienen que hacer cuarentena, algo que también empezará a aplicarse a los colegios cuando los niños reciban la pauta completa. “La cosa ha cambiado mucho”, dice Carolina, estudiante de tercero de la ESO en el instituto del Cabanyal, mientras grupos de chavales almuerzan o juegan al fútbol en el patio. “El curso pasado hubo días con tantas clases confinadas que daba la sensación de que esto estaba medio vacío. Ahora, menos por la mascarilla y la separación de las mesas, todo se parece bastante a como era antes de la pandemia”, comenta.

La información que el Ministerio de Educación recopila de las 17 comunidades autónomas no permite comparar por etapas educativas el porcentaje de aulas cerradas y alumnos contagiados y confinados. Pero en Cataluña, cuyos departamentos de Salud y Educación son los que ofrecen más datos sobre la evolución de la pandemia en la escuela, que pueden servir de termómetro general, desde finales de noviembre tres de cada cuatro contagios detectados en centros de enseñanza son de alumnos de entre cinco y 11 años.

Los datos recogidos por el Ministerio de Educación la semana pasada son incompletos porque solo una docena de autonomías los enviaron. Pero reflejan lo que muchos padres han vivido últimamente: la mitad de esas 12 comunidades reportaron que tienen confinado a más de un 1% de su alumnado, cuando hace dos semanas solo superaban ese umbral dos de los 14 territorios que habían enviado los datos.

La franja de menores de 11 años es con mucha diferencia la que más incidencia acumulada tiene en los últimos 14 días: 547 lo que representa tres veces más que el siguiente grupo de edad, de 12 a 19 (180), y un nivel bastante más elevado que el del conjunto de la población (323), según los datos publicados el viernes por el Ministerio de Sanidad. “Los adolescentes han estado por encima de los niños en contagios durante toda la pandemia, y ahora se han cambiado los papeles”, afirma Clara Prats, investigadora del grupo de Biología Computacional y Sistemas Complejos (BICOM-SC) de la Universidad Politécnica de Cataluña. “Lo que esperamos”, prosigue, “es que si se vacuna de forma generalizada a los niños pase lo mismo que está pasando a los institutos, donde está habiendo muy poca incidencia”.

Es lo que está viendo hasta ahora Iosu Mena, presidente de la asociación de directores de institutos públicos de Navarra, la comunidad autónoma con mayor incidencia acumulada a 14 días (1.037 casos): “En el alumnado se está notando que hay muchos menos casos que en olas anteriores. Y eso supone una ventaja educativa, por la importancia de la enseñanza presencial y porque el profesorado no tiene que estar atendiendo a la vez a unos en casa y a otros en clase”. Lo que sí cree Mena que están aumentando, al menos en Navarra, son los contagios entre el profesorado. “Pensamos que puede ser porque nos vacunaron hace ya bastantes meses”, afirma.

Como trabajadores esenciales, los docentes empezaron a vacunarse en febrero. Los últimos datos publicados en Estados Unidos, señala Clara Prats, indican que la protección frente a la infección se reduce de un 90% a un 40% pasados seis meses. “Eso explicaría que la población adolescente y joven esté en mínimos de contagios, porque hace menos que se vacunaron, y, en cambio, los colectivos que lo hicieron hace más tiempo empiecen a tener una incidencia más elevada”.

La relativa calma que viven los institutos en comparación con el curso pasado y con lo que está sucediendo ahora en los colegios es más llamativa si se tiene en cuenta que la distancia interpersonal se ha reducido en la mayoría de las clases y que prácticamente todos los centros de secundaria han recuperado la plena presencialidad. El curso pasado los alumnos de 12 autonomías acudían a clase en jornadas alternas en parte de los niveles educativos (si bien su número se fue reduciendo conforme pasaron los meses), recuerda Mari Carmen Morillas, vicepresidenta de la principal federación de padres, Ceapa. “Con la vacunación, en los institutos hemos notado un alivio en cuanto contagios y confinamientos yendo además todos los alumnos a clase a diario. La semipresencialidad causó estragos en muchos centros en la ESO, Bachillerato y Formación Profesional”, dice.

Eva Bajén, presidenta de la asociación de directores de institutos de Aragón, también asegura que el curso está transcurriendo de forma mucho más normal en los centros de secundaria, pero advierte, como otros docentes, de un hecho que puede tener trascendencia en función de cómo evolucione la pandemia: “Notamos a los alumnos muy cansados a la hora de cumplir las normas. Nos está costando más que tengan la mascarilla en su sitio. Quizá porque en cuanto salen del instituto las normas son más relajadas que aquí”.

Brotes más numerosos

El curso pasado, sobre todo en los colegios de infantil y primaria, era muy poco frecuente ver a más de tres contagiados en una clase. Lo más habitual era que solo hubiera un positivo en el aula (según un estudio realizado a principio del curso pasado en Cataluña, sucedía así en el 87% de los casos), y que se tratara de un alumno que se había contagiado fuera del centro, y cuya infección había sido detectada al hacerle una prueba por ser contacto estrecho de algún familiar contagiado. Ahora, en cambio, pasa cada vez más que cuando las autoridades sanitarias detectan un caso en un grupo, al hacerles la prueba al resto de sus compañeros del grupo burbuja salgan cuatro, cinco o seis positivos más. Es decir, que hay más transmisión dentro de las clases, aunque no de momento, no a escalas de los centros, según los datos del Ministerio de Educación. El hecho de que la incidencia de los niños sea alta y la repercusión en los colegios no lo esté siendo tanto, refleja, según el epidemiólogo y pediatra Quique Bassat, que los protocolos de seguridad, pese a todo, están funcionando.

Bassat menciona dos motivos para el hecho de que ahora haya más brotes en las clases. Por un lado, la relajación de los padres. “El año pasado, si los niños tenían una pequeña tos o unas décimas de fiebre no se les llevaba, y ahora sí”. Y por otro, la variante delta, mucho más contagiosa que la anterior, que empezó a expandirse con fuerza por España cuando el pasado curso ya había concluido.

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