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El acusado se defiende… en Iowa



La víspera de una jornada decisiva en el juicio por su impeachment en Washington, Donald Trump se daba un eufórico baño de multitudes en Des Moines, la capital de Iowa, Estado en el que los demócratas, esos “enfermos” y “maniacos” que le han llevado a convertirse en el tercer presidente de la historia en someterse a un proceso de destitución en el Senado, libran estos días la batalla para decidir quién será el candidato encargado de desalojarlo del poder, esta vez, en las urnas. El propio Donald Trump también concurre este lunes a las primarias de su partido, pero no tuvo ni una palabra en las casi dos horas de mitin para sus dos rivales, el exgobernador de Massachusetts Bill Weld y el excongresista Joe Walsh, que no tienen ninguna posibilidad de arrebatar la candidatura al presidente. Sí en cambio dedicó buena parte de su discurso a insultar, entre los vítores de sus fieles, al grupo de personas del que saldrá su futuro rival demócrata, a las que responsabilizó de un juicio en el Capitolio impulsado por la “furia partidista”.
Después de haber firmado recientemente el tratado comercial con México y Canadá y la primera fase de acuerdo con China, y ordenado la operación que acabó con el general iraní Qasem Soleimani, quedó claro el contraste que quiso marcar el presidente con sus rivales. “Mientras nosotros firmamos tratados y matamos terroristas, ellos siguen obsesionados con una farsa demente que es una caza de brujas”, dijo.
Trump se mostró convencido de que el impeachment no le pasará factura. “El pueblo estadounidense sabe que es una farsa y los senadores republicanos harán lo correcto”, afirmó. “Llevan tres años intentando revertir el resultado de las últimas elecciones, pero nos encargaremos de que sufran otra aplastante derrota”.
Centenares de personas se quedaron fuera del polideportivo universitario donde se celebró el mitin, que tiene más de 7.000 localidades. Con nieve y temperaturas bajo cero, los seguidores empezaron a congregarse en el exterior hasta 30 horas antes del comienzo del evento. A 1.600 kilómetros de Washington, en un Estado rural donde Trump perdió sus primarias pero ganó las elecciones en 2016, muchos de los fieles del presidente compartían su visión sobre el impeachment.
“Es todo un montón de mierda de los demócratas. Ni siquiera le dieron la oportunidad de un juicio justo en la Cámara de Representantes. Pero a nosotros lo que nos importa es la economía, el empleo. Estamos claramente mejor que hace tres años y yo tengo aún más claro que votaré por Trump”, defendía Michael Jensen, de 69 años, trabajador ferroviario jubilado.
Eleya Shetler, de 24 años, dependienta de una tienda de vestidos de novia en Iowa City, también votó por Trump hace tres años, pero asegura que tuvo dudas. “Habría votado por otro candidato que se enfrentara a él, si no hubiese sido Hillary Clinton”, reconoce. “Como cristiana, me preocupaban algunos de los valores de Trump, su furia en las redes sociales, su empeño en construir el muro con México. Pero ahora mis reservas han desaparecido. Ha mostrado más compasión y ha sido fiel a sus principios, mientras los demócratas trataban de sacarlo del poder como fuera”.


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