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El BNG celebra el Día da Patria Galega tendiendo la mano a los no nacionalistas


Ana Pontón, en el Parlamento de Galicia el pasado viernes.Brais LorenzoSin estridencias y con una candidatura en la que dos de las cabezas de lista son mujeres que rondan los 30 años, Ana Pontón (Sarria, 42 años) ha logrado que el BNG pase de temer por su desaparición a reventar el techo electoral del nacionalismo gallego. Licenciada en Ciencias Políticas y diputada autonómica desde 2004, no destila euforia porque, aduce, no se conforma con pasar de cuarta fuerza a liderar la oposición. Tal y como repetía antes de su domingo de gloria, se muestra convencida de que algún día será la primera presidenta de Galicia.Pregunta. ¿Galicia es más nacionalista que hace cuatro años?Respuesta. Es más fuerte el proyecto del BNG. Hay muchísima gente que está viendo que este país necesita fuerzas políticas propias sin dependencias de Madrid que ofrezcan una alternativa frente al desastre económico y social que nos deja la derecha. Se ha visto que tenemos principios, coherencia y capacidad de transformar en positivo.P. ¿Cambió más entonces el electorado que el BNG?R. Manteniendo nuestros principios, ofrecemos una alternativa renovada.P. El anterior sorpasso al PSOE fue en 1997 de la mano de Xosé Manuel Beiras. ¿Qué diferencias hay con aquel BNG?R. La Galicia del 2020 no tiene nada que ver con la del 97 y el BNG, tampoco. La organización ha madurado y se ha renovado. En estos cuatro años ha habido renovación generacional y un nuevo discurso que apuesta por una Galicia que afronte el cambio climático e impulse una economía verde y basada en la ciencia y en la innovación. El nacionalismo a día de hoy es una alternativa modernizadora para mucha gente que además se decanta por fuerzas políticas propias. En el 97 el PSOE venía de los gobiernos de Felipe González, de los GAL, de la corrupción… pero ahora hace unos meses ganó por primera vez unas generales al PP en Galicia.P. Su discurso incide más en las reivindicaciones sociales que soberanistas y se propone seguir ampliando la base electoral. ¿Hay líneas rojas?R. Es una etapa diferente y la alternativa social en Galicia pasa por el nacionalismo. No diferencio una cosa de la otra. Necesitamos más poder político no como un fin sino como un medio para que las personas vivan mejor.P. ¿Aspira a atraer a los votantes galleguistas de Feijóo?R. Aspiramos a canalizar a toda la gente que siente que Galicia es un pueblo diferente, vivan como vivan esa identidad. No nos ponemos límites.P. ¿Qué nuevas herramientas políticas pide para Galicia?R. Tenemos un modelo de financiación autonómica hipercentralizado en el que Galicia está perdiendo recursos. Tenemos que ir a un concierto económico que nos dé la llave del dinero en el país. Y queremos abrir una ponencia sobre un nuevo estatus político para Galicia, pero no como un fin identitario, sino para afrontar mejor los problemas de la pesca, para decidir sobre nuestras infraestructuras o para tener una participación directa en Europa. Esta crisis de la covid cuestiona la globalización neoliberal y nos dice que debemos volver a lo local.P. Feijóo pide más peso en la financiación del envejecimiento y la dispersión poblacional.R. No se trata de cómo reparte Madrid sino que queremos tener capacidad para recaudar los impuestos que genera la sociedad gallega y poder diseñar una fiscalidad más justa y adaptada a nuestra realidad. Euskadi y Navarra siempre se ponen como ejemplo de política social, pero es que ellos la pueden hacer porque tienen más recursos económicos.P. Pero Galicia no tiene la actividad económica de Euskadi.R. Uno de los impuestos que no está incluido en el sistema de financiación es el de sociedades. En Galicia se recaudan más de 1.800 millones de euros que se queda el Estado. Siempre se quiere dar la imagen de que no tenemos recursos, pero es todo lo contrario. La financiación autonómica solo incluye una parte de la recaudación. Nosotros queremos responsabilizarnos de nuestro futuro con todas las herramientas. Hay muchos impuestos que se están recaudando centralizados y no sabemos cuál es su distribución territorial. Estaría bien que el Estado hiciera un ejercicio de transparencia.P. ¿Es independentista el BNG?R. Es nacionalista, defiende el derecho a decidir de nuestro país y estamos convencidos de que cuanto más autogobierno, más bienestar.P. ¿Debería Galicia reformar su Estatuto de Autonomía?R. Sí, no es lógico que seamos la única comunidad autónoma que no tocó su Estatuto desde 1981. Pondremos ese debate sobre la mesa.P. ¿Qué falló en el procés?R. Lo que falló es que en el Estado español no se acepta el diálogo y que los pueblos puedan decidir. Los problemas políticos no se resuelven por la vía judicial.P. ¿Hubo excesos por parte de los nacionalistas catalanes o justifica que optasen por la vía independentista?R. Había una sociedad que estaba reclamando en procesos electorales y en un proceso social su derecho a decidir su futuro. Sorprende que los únicos políticos que están en la cárcel con unas penas durísimas sean aquellos que pusieron urnas, mientras la corrupción recibe penas muy pequeñas y se mantiene la impunidad de Juan Carlos I exclusivamente porque se apellida Borbón. No es una imagen que le interese a ningún Estado democrático.P. El BNG no quiso sellar alianzas electorales con fuerzas estatales como Podemos pero cogobierna con el PSOE municipios y Diputaciones. ¿Qué diferencia hay?R. Es muy diferente compartir un proyecto político a sellar una alianza poselectoral para que no gobierne la derecha. Nosotros defendemos ante todo los intereses de Galicia y se vio cuando con un solo diputado logramos el acuerdo de investidura con Sánchez.P. ¿Consideran ese compromiso plenamente vigente pese a la pandemia?R. Es más necesario que nunca. Las rebajas de peajes, la solución a la crisis industrial, el saneamiento de las rías o las mejoras ferroviarias debe ejecutarse cuanto antes, son mucho más urgentes. Sánchez no puede olvidar que es presidente no gracias a un pacto con el BNG sino con Galicia.P. ¿Le preocupa el futuro del gallego?R. Sí, y la vulneración de los derechos de los gallegohablantes de la que alertan la Comisión Europea y el Consejo de Europa, que están llamando la atención al Gobierno gallego porque se están incumpliendo derechos fundamentales. Es la única lengua del Estado que pierde hablantes. Es el resultado de la política lingüística de Feijóo, una de las más agresivas contra una lengua propia que se han puesto en marcha en los últimos años en el Estado español.


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