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El delta del Ebro reactiva la alerta roja


El delta del Ebro vuelve a pedir auxilio. La franja costera del parque natural tirita por el envite del mar y los temporales de otoño e invierno amenazan con volver a causar estragos en un entorno de alto valor ecológico, pero cada vez más vulnerable y endeble. El temor a sufrir un estropicio es recurrente, pero la lucha por la protección del Delta no se arredra ante la persistencia del oleaje, y un grupo de entidades vecinales y grupos ecologistas se han aliado en un frente común para coordinar la campaña “Sediments, ja”.

Las entidades reclaman la llegada a la desembocadura de sedimentos y barros, un recurso natural que consideran indispensable para la supervivencia del delta. Sostienen que los lodos quedan atrapados aguas arriba, en las compuertas de los embalses, y señalan a la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) y al ministerio para la Transición Ecológica por no tomar medidas para desatascarlos. El próximo domingo 28 de noviembre se ha convocado una manifestación en Tarragona, en la que se prevé arrojar una muestra de los sedimentos fluviales ante las puertas de la subdelegación de Gobierno. También está organizada otra movilización en Deltebre. La Plataforma en Defensa de l’Ebre y entidades proteccionistas como GEPEC-EdC, Ecologistes en Acció o SEO Birdlife sostienen que el aporte de sedimentos al tramo final del Ebro es fundamental para que se cree un parapeto natural, que ayude a contener la fuerza del mar.

El objetivo de la movilización es lograr apoyo social para enmendar el boceto de plan de cuenca del Ebro. El periodo para presentar alegaciones al plan 2021-2027 caduca a finales de diciembre y desde las entidades que trabajan por la supervivencia del delta se presiona para que el documento regulador de los caudales del río incluya medidas de actuación inmediatas.

La Mesa de Consenso por el delta defiende que el aporte de lodos y arenas al tramo final del río es una “solución estructural”, sin la cual difícilmente tendrá valor cualquier otra remedio que se aplique. Incluso está en tramitación un proyecto comunitario para financiar un plan piloto de aporte de sedimentos al Delta. La idea es movilizar 100.000 metros cúbicos de lodos del pantano de Riba-Roja, con riadas controladas.

Las entidades convocantes de la concentración sospechan que las trabas a la apertura de compuertas se deben a los recelos de las hidroeléctricas, que no sacarían rendimiento del agua desguazada.

La debilidad del delta no es un problema reciente, pero se viralizó el año pasado con los aparatosos destrozos que causó el temporal Gloria. Aquel episodio fue de intensidad grave, pero los vecinos de la zona sufren repetidamente los daños que causa la invasión del mar. Las Salines de la Trinitat, en la punta de la Banya, quedan reiteradamente aisladas por la rotura de la Barra del Trabucador. Joan Socarrats, gerente de las salinas, reclama actuaciones urgentes y apunta que, pese a las denuncias reiteradas de que el Delta sufre una situación de “extrema emergencia”, no se actúa para mitigar la recesión de la costa. “Es la crónica de una muerte anunciada”, sintetiza Socarrats .Mientras, al otro lado de la bahía dels Alfacs, en Alcanar y Sant Carles de la Ràpita, el consorcio de compensación de seguros ha tramitado 2.082 incidencias y calcula abonar 11 millones de euros por los daños que causó otro temporal reciente, en este caso de lluvia. Fue el 1 de septiembre, cuando una violenta tormenta descargó 250 litros por metro cuadrado y provocó graves inundaciones.


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