El ‘no hay dolor’ del sargento Ivanovic


Anunciaron los sociólogos que la única gran certeza tras la pandemia sería la incertidumbre. Advirtió la psicología que nadie saldría indemne del confinamiento. Y el Madrid de baloncesto corroboró todas las extrañezas de la nueva normalidad presentándose irreconocible en la fase final excepcional de la ACB. Dos patinazos ante Burgos y Andorra, de similar radiografía estadística y emocional, dejaron a los blancos fuera de la pelea por el título. La victoria del Valencia ante el Gran Canaria certificó un adiós anunciado y obligó a los de Laso a disputar una penitencia intrascendente ante el Zaragoza (97-88, con 17 puntos de Campazzo y 22 de Tavares). “Sabíamos que era un torneo especial por la situación que ha vivido la sociedad y el baloncesto…”, contó el técnico antes del encuentro, resistiéndose a una evaluación general que llegaría después. ”El hashtag era volver es ganar, y hemos vuelto, aunque no hayamos ganado nosotros”, dijo tras cerrar el curso con 61 partidos, menos que nunca en su etapa (48 victorias, 13 derrotas y dos títulos). Si la pandemia no hubiera arrasado el calendario, el Madrid habría disputado entre 86 y 93 encuentros. La fase final no acercó la gloria sino que rompió el molde de la progresividad aprendida durante años.

En las ocho temporadas anteriores de la era Laso, el Madrid siempre alcanzó la final de la Liga ACB (cinco títulos y tres subcampeonatos). Una fiabilidad competitiva que ampliada a la foto general dejaba un dato contundente: en las tres grandes competiciones, Liga, Copa y Euroliga, el conjunto madridista había disputado hasta la fecha 20 de las 25 finales posibles. Solo fallaron una vez en la cita copera (2013) y cuatro en la Euroliga (en 2012 y 2016, fuera de la Final Four, y en 2017 y 2019, descabalgados en semifinales). En La Fonteta de Valencia, los blancos apenas se reconocieron a sí mismos en los primeros 10 minutos ante el Gran Canaria tras 101 días de parón. ”Hasta el 12 de marzo el balance era magnífico. Ganamos la Supercopa, hicimos un buen trabajo en la Euroliga, ganamos la Copa… Aquí fallamos y no hemos estado bien, pero valoro la temporada al completo, no solo este torneo”, reflexionó Laso tras el triunfo ante el Zaragoza. “Después de tres meses parado no saco muchas conclusiones de esto. He dado la enhorabuena a mis jugadores por su trabajo”, añadió antes de extenderse en el balance. “Cuando se paró todo estábamos en mucho mejor momento del que hemos llegado aquí. Nos costó arrancar, pero cogimos una buena velocidad de crucero…hasta que se suspendió todo. La anterior pandemia fue en 1918 con la gripe española, imagínate la excepcionalidad. Todos hemos vivido una situación especial, no solo nosotros. Me gusta siempre ganar y me hubiera gustado competir mejor pero…”, cerró Laso.

“Todo es una incertidumbre. Hemos empezado prácticamente de cero, sobre todo a nivel físico”, había anunciado el técnico ante la vuelta a la actividad. En la segunda jornada, ante un Burgos intenso y voraz, esa incertidumbre con la que los blancos afrontaban el torneo devino en un patinazo que condicionó el corto viaje en Valencia. “Vivimos una circunstancia muy atípica. Cuando el factor sorpresa está en juego sube la confianza de todos los equipos. Quizá llegamos con la perspectiva de cómo estaba siendo la temporada antes del parón y no entendimos que aquí no hay margen para el error. Un partido te puede costar el título”, reflexionó Campazzo tras aquella derrota, avanzando muchos de los males que acuciaban a su equipo. Una autocrítica centrada en la desoncentración y sus efectos, en lo psicológico antes que en lo físico. Un batacazo inesperado que puede mover a los rectores de la sección a repensar los planes para reforzar una plantilla con importante núcleo de veteranos y con la insistente amenaza de la NBA, empeñada en llevarse a Campazzo.

“Nos relajamos y nos vimos con la soga al cuello demasiado pronto. Cuando se nos iban, pensábamos que lo arreglaríamos con una buena secuencia ofensiva. Pero cuando empiezas desconcentrado es difícil arreglarlo. La intensidad y la actitud es imprescindible para encontrar nuestra identidad. Eso nos lleva a la efectividad”, completó el Facu, que llegó a la fase final lastrado por unas molestias físicas en la pretemporada. El escarmiento apenas les dio a los blancos para ganar al Valencia sometido por la máxima exigencia antes de hora. Incapaces de enlazar dos esfuerzos competitivos seguidos, espesos física y mentalmente los blancos cayeron ante el Andorra y entregaron su suerte al Valencia. Por primera vez desde 2008, el Madrid se queda fuera de las semifinales de Liga.


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