El partido de Evo Morales aspira a volver al poder en unas agitadas elecciones

Los candidatos Luis Arce y David Choquehuanca, de la fórmula presidencial del MAS, en La Paz, el 8 de agosto.
Los candidatos Luis Arce y David Choquehuanca, de la fórmula presidencial del MAS, en La Paz, el 8 de agosto.DAVID MERCADO / Reuters

La primera encuesta que se realizó tras las acusaciones del Gobierno interino de Bolivia al expresidente Evo Morales por estupro mostró una caída de la intención de voto por el candidato de su partido, Luis Arce. Sin embargo, el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) se mantiene en el primer lugar en la contienda, muy por delante del segundo, el expresidente Carlos Mesa. La actual presidenta, Jeanine Áñez, también candidata, sigue en el tercer lugar, aunque ha perdido adhesiones, se cree que a causa de la crisis sanitaria y económica por la que atraviesa el país.

El sondeo presentado por la cadena televisiva más grande del país, Unitel, da a Arce, del MAS, el 26,2% de los votos. En marzo, la misma encuestadora le asignaba 33,3%. Entre una y otra medición sucedieron dos hechos que, se considera, erosionaron la adhesión a su partido, fuera del poder desde el derrocamiento de Morales en noviembre pero aún muy poderoso en Bolivia. Los sindicatos ligados al MAS organizaron bloqueos de caminos para rechazar la postergación de las elecciones del 6 de septiembre al 18 de octubre por parte del Tribunal Electoral, que adujo razones sanitarias. Estos bloqueos demoraron la llegada de oxígeno a los hospitales con enfermos de la covid-19, por lo que fueron considerados “criminales” por los demás partidos políticos y recibieron críticas de los organismos internacionales de derechos humanos. Los sindicatos se vieron obligados a suspender su movilización sin lograr lo que buscaban.

El segundo hecho se dio en el marco de una investigación contra Morales por presunto terrorismo. La Administración de Áñez detuvo a una mujer de 19 años que tenía fotografías y conversaciones de WhatsApp con el exmandatario y que, según la Policía, afirmó ser su novia desde mayo pasado. Las autoridades sostuvieron que la relación había comenzado años antes, cuando la joven era menor, y filtraron las fotos a la prensa. El Gobierno presentó luego dos acusaciones por estupro (relación consensuada pero legalmente prohibida de un adulto con un menor de edad) contra Morales. El expresidente atribuyó las acusaciones a la guerra electoral. La joven mandó una carta a la Defensora del Pueblo donde aseguraba que su declaración fue forzada por la Policía, lo que el Ejecutivo negó.

Los analistas suponían que estas acusaciones causarían daño a la fórmula del MAS y así ha sido, aunque ahora se discute si este último sondeo, que por la pandemia se realizó por teléfono, es comparable con los anteriores, realizados de forma presencial. Algunos expertos dicen que este método es preferible para investigar a una población que, como la boliviana, tiene altos grados de pobreza y un acceso desordenado a las tecnologías de la comunicación.

Carlos Mesa, que ha hecho una campaña cauta, sigue segundo, con 17,1%, y es el que menos ha disminuido –un solo punto porcentual- desde marzo. Áñez, en cambio, ha perdido 6,5 puntos y tiene 10,4% de la intención de voto. La encuesta muestra un alto porcentaje de indecisos (16,6%), así como de blancos y nulos (9,3%). Sacando estos números del cálculo final, como por disposiciones legales se hace en las estadísticas políticas bolivianas, Arce aparece con 37,3% de los votos válidos y Mesa, con el 24,2%. Para ganar en primera vuelta, un partido debe tener 40% de votos válidos y una diferencia de más de 10 puntos porcentuales con el segundo. De lo contrario, se realiza un desempate que, según esta misma encuesta, Arce perdería frente a Mesa (35%, frente al 40% del expresidente).

Los resultados de este sondeo han reanimado, en las redes sociales y los medios de comunicación, las exigencias de que los partidos con menos perspectivas apoyen al candidato mejor posicionado para enfrentar al MAS, esto es, a Carlos Mesa. Sin embargo, la renuncia de Áñez a favor de Mesa es improbable porque, al mismo tiempo que ella compite por la presidencia, su partido libra una batalla con Luis Fernando Camacho, líder de las protestas del año pasado en contra de Morales, por el control del departamento de Santa Cruz. Camacho está primero en esta región, la más rica y menos indígena del país, y esto le basta para ocupar el cuarto lugar en la encuesta nacional, con 6,7%.


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