El riesgo de contagio por covid baja del máximo nivel por primera vez en dos meses y medio


La epidemia de covid sigue su senda de descenso y cruza, por fin, la barrera de los 500 casos por 100.000 habitantes, el límite entre el riesgo de transmisión “alto” y el “muy alto”. Según el último informe del Ministerio de Sanidad, la incidencia acumulada a 14 días es de 486 casos por 100.000, una cifra que no se alcanzaba desde mediados de diciembre, justo antes de que explosionase la sexta ola en España auspiciada por la variante ómicron. Aunque el ritmo de descenso se ha ralentizado, la caída de los indicadores permite a las comunidades, donde apenas quedan restricciones más allá de la mascarilla obligatoria en interiores, volver a respirar y al sistema sanitario, retomar el aliento: la ocupación en cuidados intensivos a causa de la covid ha bajado ya del millar de pacientes, menos de la mitad que hace un mes.

La ministra, Carolina Darias, ha anunciado este miércoles que Sanidad dejará de dar información diaria de la pandemia tal y como viene haciendo hasta ahora, informa Pablo Linde. Desde la próxima semana, solo habrá un informe semanal de vacunación y desde la siguiente, dos semanales de datos de incidencia, hospitalizaciones y fallecimientos, siempre que los contagios sigan cayendo.

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En las últimas 24 horas se han notificado 18.803 nuevas infecciones, aunque los epidemiólogos consultados auguran que son más. Son una imagen “aproximada” de lo que sucede, valora Juan Antonio Sanz Salanova, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria: “Hay muchos casos asintomáticos que no se detectan, más ahora que se ha pasado la fiebre de hacerse test de antígenos constantemente”. Además, hace tiempo que algunas comunidades han dejado de reportar los autodiagnósticos.

Sanz Salanova, señala, en cualquier caso, que 500 casos por 100.000 significa todavía una circulación del virus muy elevada: “Estamos en un buen momento, en la recta final de la curva epidémica, pero nos queda recorrido. Los 500 casos por 100.000 es poco para lo que hemos tenido [se llegó a más de 5.000 casos por 100.000], pero sigue siendo bastante”. Con la vacunación masiva de la población —el 81% de los españoles han completado la pauta vacunal—, la enfermedad evoluciona de forma leve en la mayoría de los casos y la incidencia ha perdido valor como parámetro para medir el impacto de la pandemia, pero sí sirve para evaluar la circulación del virus. Los epidemiólogos mantienen que una situación de control “ideal” de la transmisión sería tener una incidencia de menos de 50 casos por 100.000.

En el plano hospitalario, la presión asistencial también es cada vez menor. En apenas un mes, el número de personas ingresadas con covid han pasado de cerca de 18.400 a 6.188 este miércoles. Y en cuidados intensivos, todas las comunidades, excepto Aragón y Cataluña, están por debajo del 15% de camas ocupadas por pacientes con covid. Las muertes también siguen en descenso y, en las últimas dos semanas, las cifras bailan alrededor del centenar de decesos diarios. La cifra oficial de fallecidos ha superado este miércoles los 100.000. Salvador Peiró, epidemiólogo de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana, puntualiza que hay “muchos fallecidos incidentales”: “El 75% de las muertes, en general, se producen en el hospital y a todas las personas que entran en un centro sanitario le hacemos una PCR. Si das positivo, aunque te hayas muerto porque te atropelló un camión, cuentas como positivo”.

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Los datos de la evolución de la pandemia son alentadores, pero quedan incógnitas por resolver, avisa Mario Fontán, portavoz de la Sociedad Española de Epidemiología. Por ejemplo, si aparecerá una nueva variante o cómo va a infectar la ómicron a personas con tercera dosis o aquellas que ya se han infectado por esta variante: “Sabemos que la ómicron tenía más capacidad de reinfección respecto a la variante anterior, pero no tenemos clara su capacidad de reinfección tras haber pasado la covid por ómicron”.

También falta por saber cuándo tocará fondo el descenso de la curva epidémica, agrega: “Hay que ver hasta qué punto bajaremos la incidencia porque esto también va en consonancia con las medidas planteadas: con unos niveles de interacción social elevados, es muy difícil que bajen a mínimos los niveles de transmisión. Quedan pocas medidas restrictivas y el suelo está más alto”.

De facto, España ya se ha sumergido en la vieja normalidad. Pocas restricciones quedan vigentes más allá de la orden de usar mascarillas en interiores y el aislamiento obligatorio durante siete días para los casos positivos. Pero también estas apuntan a flexibilizarse. Primero, porque la Comisión de Salud Pública acordó este martes eliminar, a partir de este sábado, las cuarentenas de los contactos estrechos, independientemente de cuál sea su estado vacunal. Y las mascarillas en interiores también penden de un hilo: Cataluña ya ha anunciado que llevará al Consejo Interterritorial su retirada en las escuelas y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, subrayó este lunes que “muy pronto” se tomará esa decisión, pero siempre con “el consenso de la comunidad científica, los profesionales sanitarios y las comunidades autonómicas”.

Temor a un repunte

Sanz Salanova pide cautela: “Me preocupa un poco que tengamos demasiada prisa para desescalar. A lo mejor soy un poco agonías, pero hemos tenido fiestas de carnavales donde había mucha gente en los bares, sin mascarillas, y me preocupa que tengamos un repunte”. La amenaza de una nueva ola sigue sobrevolando la calle, pero Fontán advierte de que, más que una nueva ola, a corto plazo, lo que pueden ocurrir son “brotes puntuales” en zonas concretas.

Peiró, por su parte, sostiene que “el escenario más previsible es el de unos meses de tranquilidad”: “Estamos cargados de anticuerpos, por las terceras dosis y por haber pasado la infección. Espero una temporada tranquila”. Pero cabe la posibilidad de que la curva epidémica entre en una dinámica de “dientes de sierra”, con pequeños repuntes acotados en el tiempo.

Con este escenario sobre la mesa, si bien Sanz Salanova apuesta por mantener las medidas de protección, Fontán conviene que, cuanto más tiempo pase, “más difícil es para la población aceptar restricciones de más intensidad”: “Pensar en medidas en abstracto, como si la población fuese igual de receptiva a cumplirlas, es un poco idealista. A la hora de valorarlas, hay que tener en cuenta si luego la gente las va a cumplir o no”.

Hay restricciones, agrega Fontán, donde no quedará otra que tirar del ensayo-error para levantarlas. “Hay medidas donde es difícil saber cuándo hay que tomarlas y habrá que probar y evaluar si es adecuado”, apunta. Por ejemplo, la retirada de las mascarillas en interiores: “Ahora es pronto, pero en algún momento habrá que plantearlo”.

Peiró coincide en que es temprano para retirar mascarillas en interiores, pero habrá que hacerlo tarde o temprano. Quizás cuando la incidencia esté por debajo de los 100 casos por 100.000 a 14 días y por zonas. “En los colegios podemos pensar en hacer ese camino, pero en las residencias de ancianos o en los centros sanitarios, no”. También tocará avanzar en unos “buenos sistemas de vigilancia” y, probablemente, añade, reducir el aislamiento solo a los casos positivos sintomáticos. Pero antes, la curva epidémica tendrá que bajar más. Mucho más.


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