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El símbolo de la explosión de Beirut, amenazado y en llamas dos años después


BEIRUT – A punto de cumplirse dos años de la descomunal explosión de Beirut, muchos residentes reviven el trauma desde hace semanas debido a un persistente incendio en las ruinas de los silos del puerto de la ciudad, el omnipresente símbolo de la tragedia, ahora en peligro de derrumbe total entre intentos de las familias de las víctimas por preservarlos.

Los silos dieron cobijo a la mayor parte de las reservas de grano del Líbano desde la década de los 70 hasta el 4 de agosto de 2020, cuando cientos de toneladas de nitrato de amonio explotaron en un almacén portuario ubicado a apenas unos metros de esta prominente mole, llevándose por delante más de 200 vidas y barrios enteros de la capital.

Los vestigios de los enormes graneros, que ayudaron a parapetar la parte oeste de Beirut de la onda expansiva, se han convertido en un recordatorio permanente del desastre visible desde buena parte de la urbe y también en un símbolo de este por ser la única estructura que quedó parcialmente en pie en la zona cero.

UN SÍMBOLO EN LLAMAS

Desde hace más de dos semanas, un incendio permanece activo en las ruinas de los silos a causa de la fermentación de los restos del trigo almacenado allí antes de la explosión, elevando a ratos altas columnas de humo negro sobre el puerto y despertando recuerdos del fuego que precedió a la deflagración en 2020.

Las autoridades han llevado a cabo un par de intentos infructuosos de extinción, pero insisten en que poco pueden hacer.

Según la versión oficial, echar agua favorecería el proceso de fermentación del grano al crear más humedad, mientras que tratar de retirar las 3,000 toneladas de trigo y maíz aún presentes en los silos sería demasiado peligroso para los equipos por la amenaza de derrumbe.

La prolongada exposición al fuego provocó ayer el colapso de un trozo de la parte norte de la estructura, que vomitó en consecuencia una densa nube de polvo marrón, mientras se teme un derrumbe total en el futuro próximo.

El ministro de Medioambiente, Nasser Yassin, ya había alertado la semana pasada de un aumento significativo en la velocidad a la que la cara norte se estaba inclinando, en base a información obtenida a través de sensores.

Ante la posibilidad de un colapso total o parcial, los ministerios de Sanidad y Medioambiente emitieron hace unos días una detallada guía de actuación avisando a los ciudadanos de que, ante tal eventualidad, evacuasen “inmediatamente” las zonas a un radio de 500 metros de los silos.

Al cumplirse este miércoles un año de la explosión de Beirut, la mayoría de las viviendas que sufrieron daños estructurales están aún sin reconstruir, al igual que importantes elementos de la infraestructura pública que amenazan con provocar una crisis de desechos sólidos si no son rehabilitados.

PRESERVAR LA MEMORIA COLECTIVA

Cécile Roukoz, quien perdió a su hermano en la explosión, culpa a las autoridades por su inacción a la hora de lidiar con el incendio y el consecuente aumento en el peligro de colapso.

Desde que el pasado abril el Consejo de Ministros libanés aprobara la demolición de los graneros por la amenaza de derrumbamiento a la que estaban expuestos ya entonces y el alto coste de repararlo, familiares de las víctimas y grupos de la sociedad civil han llamado a preservarlos como elemento de la memoria colectiva.

Con el inicio de los incendios, el Gobierno pausó la implementación de la medida.

“Queremos esos silos como un memorial para nuestras víctimas, porque les mataron y tenemos que preservar un memorial para ellos”, dijo Roukoz a Efe durante una reciente protesta organizada por la Campaña de Solidaridad para la Protección de los Silos del Puerto de Beirut.

Su hermano perdió la vida en los silos mismos, “dentro del puerto”, explicó en las inmediaciones del Parlamento, donde un grupo de personas se concentraron para pedir la aprobación de dos proyectos de ley dirigidos a proteger las ruinas de los graneros, “el testigo silencioso”, como le llamaron en su pancarta.

El nitrato de amonio que explotó en 2020 llevaba años almacenado en el puerto sin medidas de seguridad y varios máximos mandatarios reconocieron que sabían de su existencia, mientras la investigación de la tragedia sigue en punto muerto debido a la obstrucción de una serie de altos cargos sospechosos de negligencia en el caso.

“Quieren demoler los silos para borrar su crimen y no les permitiremos que lo hagan”, sentenció Roukoz.

Elvia Saghbini, del grupo de mujeres Noun, formado tras la tragedia, recordó en declaraciones a Efe que el juez a cargo de la pesquisa aseguró que ya no necesita tener acceso a ellos para desarrollar su labor investigadora.

“Sin embargo, queremos que mantengan los silos como un memorial, porque no queremos que ningún libanés se olvide nunca de lo que nos hicieron (los dirigentes), queremos que ellos vean cada día lo que nos hicieron”, explicó, pancarta en mano.

A pocos metros de la protesta, un trozo de papel carcomido por el óxido y el paso de dos inviernos reza sobre una fachada “Mi Gobierno mató a mi gente”.


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