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En el lado bueno está quien tiene a Courtois

En el lado bueno está quien tiene a Courtois

El Madrid de los milagros no se entiende sin Courtois. Un guardameta agigantado, tan importante como Benzema. Ancelotti ha tenido la suerte de tener a los dos mejores en las dos áreas. En la propia, resguardado por el belga de principio a fin en una Champions tan extravagante como lo es el Real. Siempre de guardia, fue el sostén de un equipo que tiritó durante gran parte del primer tiempo, acosado por un Liverpool intenso, más puesto, y también más impreciso.


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Courtois es un seguro de vida. Ha hecho de lo extraordinario una rutina, inalcanzable para el resto de mortales. Salvó un remate de Salah en el área chica y después rescató al Real Madrid con brillantez tras una parada imposible a Mané. Un roce suficiente al cuero para desviarlo a la madera que levantó a la afición blanca, espoleada cada vez que uno de los suyos alimenta el discurso que este club, más que cualquier otro, vive de momentos puntuales.

Antes del descanso le dio tiempo de atajar otro intento de Salah, esta vez más manso y de poca dificultad. El mejor arquero del mundo jugaba su segunda final de la Champions, pero dio la sensación de no imponerle el escenario ni la trascendencia del mismo, como si se tratase de una noche más. Quizá en eso radica la tranquilidad con la que asume el Real Madrid los momentos de más apuros, acostumbrado a los ejercicios de supervivencia en Europa.

Cuando Courtois se refirió el viernes a que ahora está en el lado bueno de la historia se olvidó que un matiz cambia a menudo el significado de las cosas: quien está en el lado bueno es el que tiene a Thibaut. Y ese es el equipo madridista. Fue un milagro tras otro. En el segundo tiempo, cuando más apretaba el Liverpool, intervino el belga para reducir a Diogo Jota y posteriormente sacó la varita mágica para repeler un disparo a bocajarro de Salah. Otra vez, rutinario para él.

El Real Madrid ganó a los cromos. También por tener a Vinicius. El brasileño, vilipendiado por su falta de gol, selló la Champions después de barrer a puerta una maravillosa asistencia de Valverde. Apiñados en un córner, los futbolistas de Ancelotti confirmaron su inmortalidad. Tras remontar al PSG, al Chelsea y al City, esta noche en el Stade de France le bastó con tener paciencia hasta que el partido le dio una oportunidad. No necesitaba más.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que se caricaturizó a Vinicius, negado de cara a puerta. El extremo, todo coraje, como si se hubiera educado en la escuela del Real Madrid, no se dejó amedrentar por el ruido exterior. Ha madurado y ha mejorado en esa faceta, ahora un goleador más asiduo. Se matriculó en París. En el escenario más mayúsculo, propiedad de un club acostumbrado a ganar, ganar y ganar.




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