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Estudiar en la universidad sin moverse del pueblo

Para llegar a Cumbres Mayores, un pueblo de casi 1.800 habitantes en pleno Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, al norte de la provincia de Huelva, hay que recorrer una carretera llena de curvas y con el asfalto en mal estado en varios puntos. Trasladarse a la ciudad más cercana, Sevilla, implica casi dos horas de viaje, que se convierten en cuatro si se toma el transporte público. Una circunstancia que provoca que aquellos que se plantean estudiar en la universidad, deban trasladarse. La educación superior en línea permite sortear este problema. Hoy en España hay una oferta amplia y variada de grados y posgrados oficiales en universidades 100% en línea que permiten obtener un título sin necesidad de estar presencialmente en clase.

Esa es la razón que llevó a Juan José Torvaño, de 35 años, a estudiar un máster de Prevención de Riesgos Laborales por internet, mientras trabaja como auxiliar administrativo en una empresa local de Cumbres Mayores. El año pasado decidió retomar sus estudios superiores, pero esta vez no quería renunciar a vivir en su pueblo ni a su trabajo. Acudir a clases presenciales era inviable para él. “Me obligaba de nuevo a buscar una habitación en Sevilla, que es lo que tienen que hacer todos los estudiantes que quieren ir a la universidad, y mis circunstancias económicas me lo impedían”, relata. Por eso, tras investigar opciones se decidió por la educación en línea y se matriculó en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Conscientes de esta realidad, algunas universidades han puesto en marcha diferentes estrategias para retener talento en los pueblos e incluso atraerlo. El modelo de la universidad en línea permite formarse desde cualquier punto del territorio, por muy lejano y recóndito que esté en el mapa. Basta con un ordenador y conexión a internet para matricularse y cursar una carrera. Esto adquiere aún mayor importancia en las áreas rurales y en los pequeños municipios, donde muchos jóvenes abandonan sus estudios al concluir la ESO.

Juan José Torvaño, de 35 años, natural de Cumbres Mayores en Huelva, estudiante de UOC.

La universidad en línea “puede capacitar virtualmente y a gran escala al conjunto de la población. A través de la tecnología, es capaz de contribuir al máximo al desarrollo territorial”, afirma la vicerrectora de Competitividad y Empleabilidad de la UOC, Àngels Fitó. De esta manera, se garantiza el relevo generacional en estas zonas rurales mediante la incorporación al mercado de trabajo de jóvenes con buena formación. “Se trata de generar capital social y de tener una comunidad rural resiliente y conectada, que sea capaz de afrontar los cambios que puedan venir”, apunta Fitó.

Esto incide de manera directa en el crecimiento económico de estos territorios, como demuestra una investigación de la Universidad de Oviedo publicada en la revista Regional Studies que concluye que un aumento del 10% en el número de universitarios incrementa un 0,12% el producto interior bruto (PIB) per cápita de las comunidades autónomas. Este mismo estudio revela que el efecto de la formación universitaria sobre la riqueza de una región es mayor en aquellas que parten de una economía más endeble, lo que pone de manifiesto el importante papel que juega la educación superior como instrumento de cohesión social.

Extender la capacitación digital

La revitalización de las zonas rurales también pasa por facilitar el aprovechamiento de las herramientas digitales. La capacitación digital es muy importante en el caso de las mujeres, ya que les puede ayudar a poner en marcha sus propios negocios en estos territorios. La UOC, por ejemplo, cuenta con programas específicos en los que se aborda el impacto de las nuevas tecnologías en sectores tan importantes para el ámbito rural como el agroalimentario o el turismo, así como másteres y cursos de sostenibilidad medioambiental. También pone especial interés en la formación relativa al emprendimiento, para ayudar a buscar nuevos modelos de negocio que se puedan desplegar en los pueblos.

El hecho de contar con estudiantes y docentes repartidos por todo el territorio le permite, por ejemplo, conectar a economistas, sociólogos y expertos del ámbito de la tecnología para abordar de manera conjunta cuestiones vinculadas con el desarrollo de las zonas rurales. Estos nodos de conocimiento y de investigación son otro de los grandes activos de la universidad para aportar soluciones al problema de la despoblación.

Es fundamental que la universidad se implique para formar a la población en habilidades relacionadas con el emprendimiento en las zonas rurales

“Es importante romper otro falso mito muy arraigado en los pueblos, que es el de que la educación online no tiene la misma calidad. Mucha gente aún piensa que debes asistir en persona a las clases, porque si no, no te sirve de nada”, advierte la presidenta de la Asociación Española contra la Despoblación, Lidia Díaz. Para esta agrupación, es fundamental que la universidad se implique al máximo para formar y ayudar a la población en competencias y habilidades relacionadas con el emprendimiento.

Porque la única manera de fijar población estable en los núcleos rurales es que haya puestos de trabajo y que se den facilidades a las empresas. Para Díaz, sería muy útil que, una vez diseñado el plan de negocio, las propias universidades acompañasen y guiasen al emprendedor mediante tutorías online durante dos o tres años. De esta forma, le ayudarían a resolver las dudas y las dificultades surgidas en el camino.

Coincide con ella el consultor de Educación de la patronal tecnológica DigitalES, Javier Miranda. “Para que cualquier iniciativa tenga éxito, hay que acompañarla de acciones de mentorización, asesoramiento y sensibilización”, sostiene. Para ello hacen falta profesionales y profesores que puedan seguir, motivar, ilustrar con ejemplos y acompañar a los estudiantes durante su formación.

Desde la UOC, la vicerrectora Àngels Fitó insiste en que debe garantizarse que este acompañamiento de la universidad a sus alumnos cubra las necesidades específicas del ámbito rural. Por ejemplo, a la hora de desarrollar herramientas para monitorizar qué sucede en el mercado de trabajo. “Para ser prescriptores de futuras ocupaciones, tenemos que asegurarnos que los mecanismos con los que obtenemos estas métricas del mercado laboral captan perfectamente lo que pasa en el conjunto de los territorios”, explica.

El reto de la conectividad

Los habitantes de las regiones rurales, como Cumbres Mayores, sin embargo, se encuentran con otro problema: la falta de conectividad. Internet vive a merced de la meteorología y pierde calidad cuando hace mucho frío o llueve. Juan José Torvaño lo experimenta cada día. Cuando hace mal tiempo le cuesta conectarse a las videollamadas. La solución pasa por acercar el ordenador lo más cerca del router. Si persiste el problema, la opción es hacerlo a través del móvil. “Pero es incómodo y más caro. Esta incertidumbre con las conexiones es lo que peor llevo”, admite.

Solventar estos problemas de conectividad es una de las grandes reivindicaciones de los habitantes de numerosas áreas rurales y de municipios pequeños, ya que dificulta que se fije población y que se establezcan empresas en estas zonas de España. El Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital recoge que el 13% de las zonas rurales carece de acceso a internet de, al menos, 30 megabites por segundo (Mbps), la velocidad necesaria para que una persona se conecte a la red con cierta calidad para trabajar y estudiar.

Un reciente informe de la empresa de telecomunicaciones Eurona confirma esta brecha de conectividad territorial: el año pasado, dos de cada diez habitantes del medio rural no contaban con conexión a internet. La cifra contrasta con la de la España urbana, donde más de 36 millones de personas (el 88%) sí dispone de una. Todo esto agrava aún más las desigualdades que ya existen. La Agenda España 2025 tiene el objetivo extender la cobertura de 30 Mbps a todo el territorio para 2023 y aumentarlas hasta los 100 Mbps en 2025. Este despliegue se ha incluido en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno que articula las ayudas del fondo europeo Next Generation EU, que ha comenzado a llegar a España este otoño.


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