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Karsten Warholm borra el récord masculino más antiguo de las pistas de atletismo

Karsten Warholm ante el cronómetro que marca su récord.
Karsten Warholm ante el cronómetro que marca su récord.Fredrik Hagen / AP

Mirando la tele hay que fijarse mucho para salir del encantamiento: sí, pareciera que no, pero en la calle 7 también hay 10 vallas, aunque el atleta que por allí vuela las pasa como si no existieran, sin esfuerzo, sin cambiar el ritmo ni la amplitud de su paso. Es el estadio Bislett de Oslo. Es 1 de julio de 2021. Son las 21.51 y aún luce el sol. El atleta de la calle 7 se llama Karsten Warlhom, tiene 25 años, es noruego, corre por su calle de la suerte y está batiendo el récord del mundo de atletismo en pista más antiguo, el de los 400m vallas.

“Un récord más viejo que yo”, dice el rubio noruego nacido el 28 de febrero de 1996 después de comprobar que el cronómetro se ha parado en 46,70s, ocho centésimas menos que los 46,78s extraordinarios con los que el norteamericano Kevin Young ganó el 6 de agosto de 1992 el oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona en el Estadio de Montjuïc, se convirtió en el atleta que primero bajaba de los 47s y borró la era de su compatriota Edwin Moses, el atleta que dominó la especialidad desde los Juegos de Montreal 76 hasta entonces y que batiendo cuatro veces la plusmarca mundial establecida por el ugandés John Akii Bua en Múnich 72 (47,82s) la había dejado en 47,02s en 1983.

Su plusmarca mundial se produce solo cuatro días después de que la norteamericana Sydney McLaughlin batiera en Eugene, Estados Unidos, el récord del mundo femenino de la misma especialidad, con 51,90s. En los primeros seis meses del año olímpico de Tokio se han batido seis plusmarcas mundiales de atletismo en pruebas olímpicas. Además de los dos récords de los 400m vallas, han caído el de peso masculino (23,37, Ryan Crouser, el 18 de junio en Eugene), el de los 10.000m femeninos, que se batió dos veces en 72 horas, primero la neerlandesa Sifan Hassan y después la etíope Letesenbet Gidey, que lo dejó en 29m 1,03s, el 8 de junio en Hengelo, Países Bajos, y el de 20 kilómetros marcha femenino (1h 23m 49s, la china Yang Jiayu, el 20 de marzo en Huangshan, China).

Karsten Warholm se ganó su primera portada en los medios de todo el mundo no solo por ganar en los Mundiales de Londres 2017 una noche de agosto lluviosa el oro en los 400m vallas a los 21 años, sino por celebrar su victoria con tal cara de pasmo, y las manos a ambos lados de la cara, que pareciera que estaba posando para El grito, el cuadro mítico de su paisano Edvald Munch. Después de raspar un poco en su tarjeta de presentación se llegó a la conclusión de que el atleta noruego que iba para decatloniano pero decidió que le gustaban más las vallas que nada podía ser hombre elegido para batir el duradero récord de Young. En agosto de 2019 ya logró bajar de los 47s (46,92s) y el verano pasado, en medio de la pandemia rozó el récord en todos los sentidos, pues se quedó en 46,87s en Oslo después de tropezar mínimamente con la décima valla. Un año después, y apenas a las cuatro semanas de haber mostrado su gran forma batiendo por más de medio segundo su récord mundial de los 300m vallas (33,26s). “Sabía que tenía el récord en las piernas”, dijo Warholm, cuyo choque con el norteamericano Rai Benjamin (46,83s hace cinco días) será uno de los grandes momentos de los Juegos de Tokio. “Pero una cosa es saberlo y otra conseguirlo. Llevaba tres años intentándolo y lo logro en la primera carrera del año”.

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