Kase.O : “A los malos raperos hay que darles caña”


El rapero Kase.O, o lo que es lo mismo Javier Ibarra (40 años, Zaragoza), lleva 25 años entonando rimas. La pandemia lo sumergió en meses de inactividad musical que le permitieron disfrutar de su hija y tener una revelación. “Le dije a mi pareja: ‘He visto la luz, no quiero hacer discos”. No necesitaba el estrés de los años anteriores, cuando incluso sufrió una depresión que narró en el tema Basureta. Pero ella, Muna Alsharif, le dijo que de quedarse todo el día jugando a la consola tirado en el sofá ni hablar. Así que, cambió “el chip” y experimentó su siguiente epifanía: abandonar “el proceso traumático de hacer un disco y disfrutar” del rap. Llamó a algunos amigos y se puso manos a la obra. Cerró el 2020 con Divertimentos vol 1, un dúo de canciones preludio de una serie de colaboraciones que irán saliendo a lo largo del año.

Ibarra interrumpe una sesión de trabajo en el estudio, donde acude todas las mañanas, para responder al teléfono. “Unos días saco algo, otros días simplemente escucho música o escribo, pero sin mayor pretensión”, describe sobre su rutina de trabajo. El círculo (Rap Solo, 2016), su último disco, lo tuvo “secuestrado” más de dos años, buscando la perfección no solo en la composición, también en la producción, en la que tuvo otro rehén, Gonzalo Lasheras. No quiere repetir esos “niveles de presión”, aunque le llevaron a conseguir un Disco de Oro en ventas físicas, entre otros reconocimientos. “Ahora se trata de compartir con amigos”, resume.

Los primeros a los que llamó son el combo de productores Harto y Escandaloso Xpósito. Fruto de esa alianza resultaron los temas Tiranosaurios Rex y El gordo que la pisa bien. Las dos primeras entregas de Divertimentos salieron prematuramente en el límite del año pasado, el 31 de diciembre, porque mientras Kase.O las escuchaba, pensó que eran “un soplo de alegría” que iba a hacer falta a muchas personas durante las navidades.

Aunque se haya propuesto tomarse las cosas con calma, no hay nada casual en un tipo del que dicen, y lo reconoce, está obsesionado con las letras. Se justifica en que si un trabajo no cuesta aunque sea un poco, entonces será “una mierda”. En el dúo de canciones se presenta a sí mismo como un dinosaurio y un gordo, “sin traumas”; un Mc de la vieja de escuela, pero que no ha perdido la frescura. Dice que la veteranía juega a su favor porque puede “vacilar” mucho. En El gordo que la pisa bien rima: “Los críos se defienden, dicen Kase es mayor de edad, por no decir que soy un abusón en verdad”.

A sus 40 años se siente lejos de “un mundo superfluo” en el que cada vez “nos van haciendo más frívolos”, por eso reivindica que no está de más que un dinosaurio recuerde algunos valores: “Estoy chapado a la antigua, tengo una educación espiritual, un entrenamiento mental, hablo del amor en el sentido universal -rima hasta cuando habla-, no romántico, no creo que esté de más recordarlo y si hay algún chaval al que le encaje eso, que los hay, pues bienvenido sea”.

-¿Se siente un nostálgico?

-No voy a decir que no. Lo noto cuando hacemos barbacoa con los amigos y empiezas a contar anécdotas. Cuando hablas mucho del pasado es que ya no está tan cerca. En el mal sentido, también a veces quiero huir de mis responsabilidades e irme al parque a beberme un litro.

Pero no deserta del rap, porque siente que todavía tiene mucho que rimar. Eso no le impide reconocer que su autoestima titubea cada día con ideas como que ya no vale para el oficio o que los nuevos raperos son mejores que él. “Muchas mañanas me enfrento a esos pensamientos, pero al final siempre sale la chispa; hay que naturalizarlo, tienes que estar preparado para bajar tus números, yo no lo estoy, pero mi mente me atiza a diario para que esté alerta”, ríe con humildad.

Nominación a los Grammy Latinos

El próximo volumen de Divertimentos ya está en marcha y los invitados serán otros raperos de la vieja escuela: Óscar Sánchez y Zatu, que forman SFDK. El proyecto es abierto y dinámico, así que cada tres o cuatro meses irán saliendo canciones que todavía no tienen un estilo o nombre definido. En El Círculo mezcló el cabeceo del hardcore con ecos de canción tradicional y otros experimentos que le otorgaron una nominaciones a los MTV europeos y otra a los Grammy Latinos, así como un premio FEST al Mejor Directo, además de múltiples reconocimientos en su tierra, Aragón. “Siempre estoy abierto a sorprender a mi público y a mí mismo”, concede.

-Cuando empezaba en el rap, ¿se imaginaba que iba a haber tanta hermandad en un género en el que se supone que debes destrozar a tu rival?

-Desde el principio ha habido camaradería, lo que he conseguido no ha sido solo. Nuestra competición es para que no baje el nivel, es en pro del arte. No se trata de destrozar a tu rival, sino de sorprenderle y obligarle a que vaya a su cuaderno. Si yo quiero destacar, me tengo que esforzar. A los malos raperos hay que darles caña, pero porque ensucian el nombre del rap. Podemos dar caña en una canción, pero no resume lo que somos.


Source link