La abogada que lucha para que la igualdad entre hombres y mujeres entre al fin en la Constitución de EE UU



La abogada y activista Kate Kelly en su casa en Washington el pasado 4 de febrero.Xavier Dussaq

Hay quienes no lo saben y otros a los que les cuesta creerlo, pero la Enmienda para la Igualdad de Derechos entre hombres y mujeres, conocida como ERA (Equal Rights Amendment), sigue fuera de la Constitución de Estados Unidos. La causa inspiró la serie Mrs. America, que narra los triunfos y sinsabores de las feministas de los setenta. En 2022, Kate Kelly (Arizona, 41 años) podría ser una de esas protagonistas. Abogada en derechos humanos, Kelly asesora al Comité de Supervisión y Reforma del Congreso para sacar adelante la enmienda que se presentó por primera vez en 1923. Un siglo después, aún no reúne los votos necesarios para salir adelante. Pero Kelly es optimista. Lo achaca a su formación mormona, iglesia que la excomulgó cuando era una treintañera por querer instaurar la ordenación de sacerdotisas.

Se puede decir que la semilla feminista de Kelly la plantó su propia religión. La idea de las sacerdotisas le vino a la cabeza cuando era misionera en Barcelona o Murcia a principios de 2000. Al igual que los hombres, las misioneras cumplían con las tareas divididas en fracciones de 15 minutos: rezar, estudiar, comer… Así, de lunes a domingo. Tampoco se quejaban de las obligaciones más duras, como hablar por teléfono con la familia solo en navidad y el día de la madre, o ir a todos los sitios acompañadas, incluso al baño. Pero, a diferencia de ellos, no podían ser líderes. Kelly quiso cambiar las cosas desde dentro, pero la iglesia mormona le aplicó un castigo peor que la muerte, según el credo de los Santos de los Últimos Días. La decisión del tribunal eclesiástico, adoptada en 2013, supuso su expulsión del cielo.

En plena lucha por los derechos de las mujeres mormonas, Kelly tropezó con otra batalla feminista. Una amiga la invitó a una marcha delante del Capitolio a favor de ERA. Su respuesta fue: “¿Perdona? ¿Las mujeres no estamos en la Constitución?”.

Un grupo de mujeres se manifiesta frente a la Casa Blanca para pedir la aprobación de la Enmienda para la Igualdad de Derechos entre hombres y mujeres, conocida como ERA, en marzo de 1976.Bettmann (Bettmann Archive)

“Me di cuenta de que no puedes ir a ningún lugar donde no exista el patriarcado, solo tiene diferentes formas”, afirma la activista en el salón de su casa ubicada al suroeste de Washington, donde se mudó hace un par de meses junto a su esposa. El decorado es alegre, con objetos de distintos rincones del mundo que ha visitado en la última década para defender la igualdad de género. Incluso hay una suerte de altar con la figura de Joseph Smith, fundador de la iglesia mormona, que se trajo de Perú. Sobre una mesa baja reposa su nuevo libro Igualdad común: las mujeres intrépidas y las personas queer que dieron forma a la Constitución de EE UU y la Enmienda de Igualdad de Derechos (Gibbs Smith).

El libro, que se publicará el 29 de marzo, cuenta a través de la historia de 12 líderes y activistas que la exclusión de las mujeres en la Constitución fue una “decisión intencionada desde el primer momento”, explica la autora, y que la pelea por ser añadidas en el texto fundamental sigue igual de viva que en los años veinte (del siglo pasado). Hace un par de semanas, el presidente Joe Biden urgió al Congreso para que actúe “inmediatamente” a favor de su inclusión.

Para aprobar una enmienda se necesitan dos cosas: que el Congreso la vote con dos tercios y que 38 de los 50 Estados la ratifiquen. El primer requisito se logró el 22 de marzo de 1972, pero el segundo está entrampado en una serie de tecnisimos y apelaciones en tribunales que pueden acabar en el Tribunal Supremo. Kelly aplaude que Biden se pronuncie, pero critica que haya dejado el tema en manos del Capitolio cuando, según las feministas, la votación de hace medio siglo sigue siendo válida.

“Al final, la verdadera batalla consiste en si le importa a la gente. Cuando [la igualdad entre hombres y mujeres] le importe a suficientes personas, va a ser parte de la Constitución. Así ha funcionado con todas las otras enmiendas”, afirma Kelly. “La única manera de que entendamos la urgencia de aprobarla es que perdamos el acceso al aborto”, garantizado en la sentencia del Supremo en el caso Roe vs.Wade, hoy bajo amenaza por la mayoría conservadora del Alto Tribunal.

Una manifestación en apoyo a la aprobación de la ERA en Pittsburgh, en 1976.Barbara Freeman (Getty Images)

Durante la entrevista, la abogada bebe té sin cafeína. Su antigua religión se la prohibía y ahora su cuerpo apenas la tolera. Continúa sin tomar café, pero cambió su vida personal radicalmente. Cuando la sancionaron con “la muerte espiritual, eterna”, Kelly llevaba una década casada con un mormón que la apoyó en su decisión de no tener hijos. Una vez fuera de la iglesia, Kelly cuestionó cada una de las decisiones que había tomado. “Sentí cómo todo mi mundo se rompió. Ser mormona era mi identidad”, afirma. Una de las preguntas que se hizo fue ¿Por qué me casé con este hombre? La respuesta la llevó a romper cuando les arrebataron “lo único que tenían en común”.

Tras la separación, la abogada se declaró gay. “Fue una decisión política”, explica. Para ella, ser lesbiana “es la unica manera de separate completamente del patraricado y de sus consecuencias negativas”. “Puedes casarte con un hombre feminista, pero ese hombre fue criado en esta sociedad. No puedes tener una relación tan igualitaria como la relación entre dos mujeres. Simplemente no se puede”, defiende. Esa “decisión” la llevó a enamorarse en 2019 de la que hoy es su esposa.

Kelly tiene un humor sarcástico y comparte a diario agudos comentarios a sus decenas de miles de seguidores en Twitter. Sin embargo, se pone seria al responder cuándo volvió a sentirse cómoda en su nueva identidad, fuera de la iglesia: “Estoy en un viaje… no sé si algún día acabará, honestamente. El mormonismo no es algo que te puedas quitar fácilmente”. Tampoco la esperanza de ver la ERA en la Constitución.

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