La actriz Adèle Haenel se retira de la profesión: «La industria del cine es absolutamente reaccionaria, racista y patriarcal»

Adèle Haenel es una de esas actrices que jamás se ha mordido la lengua a la hora de señalar abiertamente lo que piensa de la industria cinematográfica. La ganadora de dos premios César acusó al cineasta Christophe Ruggia de haber tenido un comportamiento inapropiado con ella cuando fue menor de edad cuando rodó con él Los diablos y a principios de 2020 fue una de las voces acusatorias y más claras contra el director de cine Roman Polanski, llegando a levantarse de su asiento cuando este se llevó el galardón de Mejor director por El oficial y la espía. Ahora, la actriz parisina tiene claro que no va a continuar trabajando en la pantalla grande y sus declaraciones explicando los motivos han ido en lo que es la línea habitual de su carácter directo.

Adèle Haenel
Retrato de una mujer en llamas’ (Lilies Films)

“Si me quedara hoy en esta industria, sería una especie de fachada feminista para esta industria masculina y patriarcal. Mi sueño es dejarlo claro: esta industria promulga un mundo capitalista, patriarcal, racista y sexista de desigualdad estructural. Esta industria trabaja de la mano del orden económico global, en el que todas las vidas no son iguales”, explicaba Adèle Haenel a la revista alemana FAQ. Lo cierto es que llamaba la atención que, una carrera como la suya en la que llevaba trabajando desde su debut en 2002 y con apenas 32 años de edad, no se hubiese promulgado más desde el 2019, año en el que la actriz rodó tres películas: La chaqueta de piel de ciervo, Los héroes nunca mueren y Retrato de una mujer en llamas.

Adèle Haenel
‘Retrato de una mujer en llamas’ (Lilies Films)

El último es con diferencia, el film más famoso y actual que ha rodado Haenel y sin duda, una de las mejores películas que se estrenaron ese año. Pero esa inactividad es totalmente buscada según las declaraciones en la entrevista: “Ya no hago películas. Por motivos políticos. Porque la industria del cine es absolutamente reaccionaria, racista y patriarcal”. Si ya no tenía una buena relación con los mecanismos existentes de la producción hollywoodiense e internacional, La ruptura definitiva de Haenel con el cine e produjo con la película El imperio de Bruno Dumont.

“Al principio me pareció muy divertido, una especie de Luke Skywalker. El problema es que detrás de esa fachada divertida se defendía un mundo oscuro, sexista y racista. El guion estaba lleno de chistes sobre la cultura de la cancelación y la violencia sexual. Intenté discutirlo con Dumont porque pensé que era posible un diálogo. Quise creer por enésima vez que no había mala intención. Pero es intencionado. Este desprecio es deliberado”, terminaba diciendo la actriz.


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