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La guerra de inmigrantes se recrudece en Estados Unidos: Florida envía dos aviones con venezolanos a territorio demócrata

La guerra de inmigrantes se recrudece en Estados Unidos: Florida envía dos aviones con venezolanos a territorio demócrata

La crisis provocada por los gobernadores republicanos de Texas y Arizona con el envío de autobuses de inmigrantes irregulares interceptados en la frontera con México a ciudades del Norte de Estados Unidos, como Washington, Nueva York o Chicago, escaló este miércoles con el aterrizaje en la acomodada isla de Martha’s Vineyard, frente a la costa meridional de Massachusetts, de dos aviones fletados por el gobernador de Florida, el también republicano Ron DeSantis. Además, dos de los autobuses con inmigrantes enviados desde Texas han llegado este jueves cerca de la casa de la vicepresidenta, Kamala Harris, en Washington, como revancha por sus declaraciones recientes en que aseguraba que la frontera es segura.

A bordo de los dos aviones llegados a Martha’s Vineyard viajaban unas 50 personas, en su mayoría venezolanos, a los que, según sus testimonios, les hicieron creer cuando embarcaron en San Antonio (Texas) que iban a Boston. Un vídeo cedido por la oficina del gobernador a la cadena televisiva conservadora Fox News confirmó después que DeSantis había cumplido su amenaza de sumarse a sus homólogos de Texas y Arizona y añadir presión a las autoridades demócratas del norte del país y a la Casa Blanca. Lo hizo con fondos aprobados por el parlamento estatal y desde un aeropuerto ajeno a su Estado: pese a que hicieron escala, ninguno de los viajeros pisó en ningún momento Florida.

Una portavoz de DeSantis envió después un comunicado: “Massachusetts, Nueva York y California se encargarán mejor del cuidado de estas personas a las que han invitado a nuestro país a base de incentivar la inmigración ilegal al venderse como ‘estados santuario’, y gracias a su apoyo a las políticas de fronteras abiertas de la administración de [Joe] Biden”.

La oficina del gobernador de Massachusetts, Charlie Baker, confirmó que se dará cobijo a esas personas. “Las autoridades locales están prestando servicios de refugio a corto plazo, y nuestra Administración continuará apoyando esos esfuerzos”, aseguró su secretario de prensa, Terry MacCormack. Los inmigrantes, que hicieron escala en Florida y en Carolina del Sur, pasaron la noche en una iglesia episcopaliana de la isla. La alcaldesa de la localidad de West Tibury aseguró al diario Martha’s Vineyard Times que se teme la llegada de más aviones en los próximos días.

La portavoz de la Casa Blanca condenó al final de la mañana esos traslados: “Los gobernadores republicanos utilizan a los migrantes como peones políticos: es vergonzoso, es imprudente, y simplemente equivocado. Y recuerden que se trata de personas que huyen del comunismo, que huyen de la penuria”, dijo Karine Jean-Pierre. Por la noche, Biden terció en la polémica durante su intervención en la gala de clausura de la Conferencia del Instituto del Caucus Hispano del Congreso, que se ha celebrado desde el martes en la capital. “Están jugando a la política con seres humanos”, denunció el presidente. “Lo que están haciendo simplemente está mal, es antiestadounidense, es imprudente. Contamos con un protocolo para manejar a los migrantes en la frontera. Estamos trabajando para asegúrese de que sea seguro, ordenado y humano. Los republicanos no deben interferir con acrobacias políticas”.

“Tenemos al gobernador de Florida tramando un complot secreto para enviar familias inmigrantes como ganado en un avión”, ha dicho el senador demócrata Dylan Fernandes, representante en el Capitolio de la isla, un lugar famoso por haber servido de exclusivo lugar de vacaciones a tres presidentes: Kennedy, Clinton y Obama. “Enviar a mujeres y niños a un lugar sin decirles adónde los mandan y sin alertar a las autoridades locales de su llegada es increíblemente inhumano y depravado”.

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La queja de Fernandes abunda en las de representantes demócratas como los alcaldes de Nueva York (Eric Adams), Chicago (Lori Lightfoot) y Washington (Muriel Bowser), tres destinos a los que el gobernador de Texas, Greg Abbot, empezó a fletar, empezando por la capital federal, autobuses gratuitos en abril para hacerles partícipes de la crisis migratoria que vive el Estado fronterizo.

Después se sumaría su homólogo de Arizona, Doug Ducey. Tanto Ducey como Abbot se juegan el puesto en las elecciones legislativas del próximo 8 de noviembre, y en sus programas figura la mano dura con la inmigración, así como el mantenimiento del Título 42, una oscura normativa de 1893 desempolvada por la Administración de Trump en plena pandemia y que permite la expulsión en caliente de los irregulares por razones sanitarias (en este caso, covid). Biden trató de tumbar su aplicación en mayo, pero un juez de Luisiana lo resucitó poco después, pese a que la pandemia empieza a ser más un recuerdo que una emergencia de salud.

A Nueva York empezaron a llegar inmigrantes en agosto, y ya se cuentan por miles, ante la impotencia de los servicios locales de asistencia, que han denunciado que no dan abasto. En Washington, la alcaldesa Bowser pidió a finales de julio ayuda a la Guardia Nacional, grupo de reservistas destinados a echar una mano en caso de necesidad. La Casa Blanca no aprobó su movilización.

Una mujer venezolana y su hijo, parte del contingente de inmigrantes enviados por Florida a Martha’s Vineyard, esperaban el miércoles por comida en la iglesia episcopaliana de San Andrés, en la isla del Estado de Massachusetts.RAY EWING (AP)

La semana pasada, Bowser, apoyada en una declaración del estado de emergencia en el Distrito de Columbia, sí pudo anunciar la creación de una oficina especial para gestionar la crisis. Según sus cálculos, han llegado unas 9.400 personas, muchas de los cuales no se quedan en Washington, sino que continúan hacia otros lugares donde los esperan sus familiares. El gobernador de Illinois, el demócrata J. B. Pritzker, también ha dictado una declaración de emergencia o de “desastre”, como se la denomina oficialmente, por la llegada de inmigrantes a Chicago.

Este jueves, dos de los autobuses de Abbott llegaron desde Eagle Pass, en Texas, expresamente a una parada de metro cercana a la residencia oficial de la vicepresidenta Kamala Harris, en el Observatorio Naval, al noroeste de la ciudad. Cubrieron un viaje de 48 horas y transportaban entre 75 y 100 inmigrantes. Entre las escasas atribuciones que Harris ha asumido en el año y medio desde que juró el cargo ha destacado su compromiso en la gestión de las políticas migratorias. El envío de esos inmigrantes es una forma de castigarla por sus declaraciones emitidas el domingo en una entrevista en la NBC en que decía que la frontera es “segura”.

Las cámaras de Fox News estaban sobre aviso para retransmitir la llegada de los inmigrantes a las cercanías de la casa de Harris, algo que también ha criticado la Casa Blanca: “El hecho de que Fox News y no el Departamento de Seguridad Nacional, el ayuntamiento o las ONG locales fueran alertados sobre un plan para dejar a los migrantes, incluidos los niños en una concurrida calle de Washington deja claro que esto es solo un truco político premeditado”, ha dicho Jean-Pierre.

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