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La guerra en Ucrania impulsa el perfil internacional de Polonia

La guerra en Ucrania impulsa el perfil internacional de Polonia

Polonia se había convertido, de la mano del Gobierno ultraconservador de Ley y Justicia (PiS) que gobierna desde 2015, en sinónimo de problemas y en un socio extremadamente incómodo en la Unión Europea por su deriva autoritaria y nacionalista. La invasión rusa de Ucrania ha reconfigurado el mapa geopolítico europeo y en ese terreno revuelto Varsovia ha emergido como una pieza clave en el flanco este. El país se volcó en la acogida de refugiados y se puso en la primera línea frente a Moscú al iniciarse la contienda. Con su credibilidad propulsada, el Ejecutivo ha logrado dos éxitos recientes: la instalación de una base militar estadounidense permanente en el país y la luz verde para desbloquear los fondos de recuperación que la Comisión Europea tenía inmovilizados por los daños al Estado de derecho. Los críticos con el Gobierno del PiS dentro y fuera del país piden que este nuevo perfil internacional no desvíe la atención sobre el deterioro de la democracia polaca.

Polonia se siente especialmente concernida con el conflicto que ha sacudido Europa, por razones históricas y sobre todo, geográficas: es el único miembro de la UE y de la OTAN que linda tanto con Ucrania como con Rusia y conoce bien a Moscú. Como explica por teléfono Aleks Szczerbiak, profesor de Política de la Universidad de Sussex (Reino Unido), Varsovia “llevaba tiempo advirtiendo del afán imperialista y de la agresividad del Kremlin, mientras otros actores intentaban desarrollar estrechos lazos económicos y diplomáticos”. El tiempo ha terminado dando la razón a Polonia.

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Con ese os lo dije, el país ha recibido una dosis de credibilidad proporcional a la que han perdido otros. Slawomir Debski, director del Polish Institute of International Affairs, un think tank que asesora al Gobierno, afirma en una videollamada que “en Washington, Londres y hasta cierto punto en Berlín y París, se han dado cuenta de que Polonia tenía razón y Alemania se equivocaba”. En su opinión, en la nueva era que se abrió tras el inicio de la invasión rusa el pasado 24 de febrero, Varsovia se ha convertido “en líder moral del mundo libre y el principal aliado de Ucrania”.

Por el país han pasado en los últimos meses los máximos dirigentes europeos cargados de palabras de agradecimiento por volcarse en la acogida de refugiados ucranios y en la organización de los envíos de ayuda humanitaria y militar a Kiev. Desde EE UU recibieron también la visita, primero, de la vicepresidenta, Kamala Harris, y el 26 de marzo, del presidente, Joe Biden, que dio un discurso con tintes históricos.

Joe Biden durante su discurso en Varsovia el pasado 26 de marzo.EVELYN HOCKSTEIN (REUTERS)

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El presidente polaco, Andrzej Duda, llevaba tiempo trabajando en recuperar las relaciones con Estados Unidos, que eran, según Szczerbiak, “terribles, sin contacto alguno”. La guerra dio un empujón formidable a esos esfuerzos y Polonia ha conseguido lo que llevaba años buscando y que no logró con la Administración de Donald Trump. Biden anunció la semana pasada en la cumbre de la OTAN de Madrid su intención de instalar un cuartel general permanente para el Quinto Cuerpo del Ejército y posicionar un batallón de soporte. “Es un avance muy significativo”, asegura el experto en política polaca de la Universidad de Sussex, que lo califica como “un éxito de política exterior”. “Polonia está ahora en la misma situación que Alemania Occidental en la Guerra Fría —sin los movimientos pacifistas—, como un Estado fundamental para las fuerzas militares occidentales frente a Rusia”. El anuncio, apunta Szczerbiak, demuestra que EE UU está priorizando la seguridad, “frente a otros temas problemáticos, como el Estado de derecho, el aborto, los derechos LGTBI, etc., que no son siquiera secundarios, sino que quedan totalmente relegados”.

Fondos de recuperación

En el entorno europeo, esta nueva notoriedad polaca coincide con la luz verde el pasado 1 de junio a los fondos de recuperación por la pandemia, 35.400 millones de euros entre subvenciones y préstamos muy necesitados, ahora que arrecian la inflación y los nubarrones económicos, con las elecciones generales a un año de distancia. El Gobierno de Mateusz Morawiecki se ha comprometido a cumplir con una serie de hitos, a través de reformas en el sistema judicial que garanticen la independencia de los magistrados, entre otras cuestiones, para recibir las transferencias que Bruselas tenía paralizadas. Nadie está satisfecho con el acuerdo, sin embargo. Como explica el presidente del think tank Institute of Public Affairs (IPA), Jacek Kucharczyk: “El Gobierno finge que está haciendo reformas y la Comisión finge que se lo cree”.

Hay malestar en parte de la oposición y la sociedad civil polacas porque consideran que las reformas son superficiales. Pero también en el seno del Gobierno, donde el socio más a la derecha del PiS, el partido Solidarna Polska, del ministro de Justicia, Zbigniew Ziobro, se opone a algunos de los compromisos con Bruselas. En la UE, sectores del Parlamento Europeo ven los cambios legislativos insuficientes, y piden que los fondos no sean liberados hasta que el país cumpla realmente con los estándares europeos en el sistema judicial. Y en el colegio de comisarios, algunos miembros han manifestado su descontento con la decisión de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. Kucharczyk lamenta que el Ejecutivo comunitario y los aliados no hayan presionado más al Gobierno para que demuestre que sus valores no están en línea con los del mundo ruso en términos de derechos y libertades. “Fueron demasiado lejos dándole a Polonia el beneficio de la duda”, opina.

“La guerra y el ambiente han contribuido a la aprobación. El hecho de que Polonia haya tenido más facilidades que Hungría [que aún tiene los fondos bloqueados], tiene que ver con la guerra y con la posición pro-Putin de [el primer ministro húngaro, Viktor] Orbán”, opina el presidente del IPA. Debski, que tiene línea directa con el Ejecutivo polaco, no cree que la guerra y el desbloqueo de los fondos estén relacionados, pero reconoce que “la coexistencia de ambos puede haber puesto presión en Von der Leyen”. “Ella es política, y para los políticos el contexto es importante”, añade.

La presión y el ambiente de los que hablan los expertos tienen que ver también en buena medida con la llegada de casi cuatro millones de refugiados ucranios a Polonia, que contrasta con la política de tintes xenófobos que exhibió el Gobierno en la crisis de 2015. Cuando a finales de febrero empezaron a cruzar la frontera cientos de miles de personas, no hicieron falta centros de acogida porque la ciudadanía les alojó en sus casas. La acogida ha contribuido también a mejorar la imagen internacional de Polonia, pero como critica Maciej Duszczyk, vicerrector de Investigación en la Universidad de Varsovia y experto en migración, “estos temas no deberían estar conectados. Necesitamos dinero para la inmigración, pero no deberían cerrar los ojos a los problemas con el Estado de derecho”.

Mientras Polonia ha fortalecido su política exterior, las relaciones con su socio más cercano en la UE, Hungría, están en su momento más bajo. Debski no cree que puedan recomponerse, porque la posición de Budapest “es una línea roja” para Varsovia. Szczerbiak, que observa el país desde el Reino Unido, señala que “a largo plazo el proyecto del Gobierno del PiS es construir un poder alternativo que bloquee el eje francoalemán”. Para conseguirlo, Polonia puede buscar alianzas en otros países del Este. Otra cuestión es que las encuentre, añade, “porque ellos buscan trabajar con las principales potencias europeas, sobre todo Alemania”. Con Berlín, el director del Polish Institute of International Affairs, Debski, augura “tensiones”, porque Varsovia seguirá presionando en la línea dura contra Moscú y en contra de soluciones que no pasen por la victoria ucrania. Ya las ha habido, como cuando Duda comparó los intentos de conversación de Francia y Alemania con Rusia con negociar con Hitler.

Polonia no cejará en ese empeño, con independencia de quien gobierne. La posición respecto a Moscú une a una población profundamente polarizada: el 94% de los polacos ve a Rusia como una gran amenaza, frente al 65% de 2018, según Pew Research. A corto-medio plazo, Kucharczyk cree que el “mensaje de Polonia presionando por la victoria ucrania sin concesiones [que él apoya, aclara] será criticado y el país quedará más aislado en comparación con hace un mes”. Los puntos que ha ganado con los refugiados también los puede perder, porque como dice Duszczyk, “no es lo mismo acoger que integrar”. Pero a largo plazo, aunque la nueva imagen internacional de Polonia decaiga y se vuelva a hablar del país por sus choques con los valores democráticos liberales, todos consideran que la guerra tendrá algunos efectos duraderos. “No puedo imaginar ninguna conversación sobre Rusia o Ucrania en la que no se tenga en cuenta a Polonia”, concluye Duszczyk.

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