La pugna electoral empaña la gestión de la pandemia en Francia


La gestión de la pandemia de coronavirus se ha convertido en la última arma electoral en Francia. Un debate parlamentario para aprobar el pasaporte de vacunación que debía pasar sin problemas en la Asamblea Nacional se convirtió en la madrugada del lunes al martes en un nuevo pulso político de tintes electoralistas que provocó la interrupción temporal de las discusiones y un intercambio de acusaciones de incompetencia e imprevisión contra el Ejecutivo, que habla por su parte de irresponsabilidad política, sobre todo de algunos candidatos presidenciales. Las nuevas limitaciones de aforo en grandes eventos son también motivo de tensiones en momentos en que los partidos políticos se aprestan a lanzar los grandes mítines de campaña para las elecciones presidenciales de abril.

Hace tiempo que terminó la especie de tregua que dio la oposición al Gobierno en lo más duro de la crisis, en la primavera de 2020. Las críticas desde entonces se han multiplicado, pese a lo cual, la maniobra nocturna en la Asamblea Nacional fue algo que ni el macronismo ni la prensa, que lo ha calificado de “golpe de teatro”, supo anticipar. El lunes, los diputados comenzaron a discutir el proyecto de ley que el Gobierno ha acelerado para que, a mediados de mes, el pasaporte covid se transforme en pasaporte vacunal. Es decir, que ya solo sirva una pauta de vacunación completa, y no un test negativo, para entrar en lugares públicos cerrados como cines o restaurantes. El ministro de Sanidad, Olivier Véran, había subrayado la urgencia de la medida y anticipó que la discusión del proyecto de ley y las más de 600 enmiendas que la oposición había presentado duraría hasta bien entrada la madrugada. La mayoría legislativa del Gobierno y el apoyo a la medida de parte de la oposición política, incluida la candidata presidencial del grupo conservador Los Republicanos (LR), Valérie Pécresse, vaticinaba una sesión larga y tensa, pero sin sobresaltos. Sin embargo, poco después de la medianoche, llegó la sorpresa: en un momento en que había pocos parlamentarios macronistas presentes en la sala, la oposición logró aprobar, en una votación a mano alzada, la suspensión de la sesión.

La interrupción tendrá pocas consecuencias prácticas. El debate parlamentario se ha retomado la tarde de este martes y el Gobierno se ha mostrado dispuesto a forzar los tiempos lo que haga falta para que la ley pueda ser aprobada e implementada a tiempo. Pero el sabor de boca electoralista no se diluirá tan fácilmente.

El primer ministro, Jean Castex, ha denunciado este martes “un golpe político irresponsable” en momentos en que se alcanzan tasas históricas de contagios —casi 300.000 en 24 horas, según Véran— y el personal sanitario trabaja sin descanso. “Estamos en una carrera contra el reloj, el virus galopa y ustedes tiran del freno de mano. ¡Qué van a pensar los ciudadanos!”, ha dicho mirando hacia los diputados conservadores de Pécresse que, pese al apoyo público de esta al pasaporte vacunal, votaron en parte en contra.

El diputado izquierdista y candidato presidencial Jean-Luc Mélenchon ha replicado que la suspensión del debate es una muestra de la “arrogancia del Gobierno que acabó enervando a todo el mundo” y que debería hacer “reflexionar” al Ejecutivo.

Por su parte, Pécresse indicó que su partido critica “la falta de preparación de este Gobierno, su improvisación durante la crisis”. A pesar de ello, y de que no hay un consenso absoluto en su formación, aseguró que su grupo “no se opondrá” al proyecto de ley ni en la Asamblea Nacional ni en el Senado, donde LR es mayoritario.

La candidata conservadora también aseguró que su partido será “ejemplar” y respetará el límite de aforo de 2.000 personas fijado por la crisis sanitaria para eventos en interior, medida que oficialmente no afecta a los mítines políticos y que también ha creado controversia entre los candidatos presidenciales, algunos de los cuales se niegan a limitar sus encuentros. Con todo, la celebración de los mismos sigue, ante el avance de la variante ómicron, en cuestión. La víspera, la candidata ultra Marine Le Pen anunció el retraso hasta el 5 de febrero de su gran mitin de campaña debido “a la situación sanitaria”.

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