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La sombra de Berlusconi vuelve a agitar el tablero político italiano



La historia empieza como la mayoría de relatos políticos de Italia en el siglo XXI, hijastros siempre del mismo padre. Silvio Berlusconi había sido humillado en Europa y forzado por los mercados a dimitir de su cuarto mandato en 2011. El país alumbró un Gobierno técnico, guiado por Mario Monti, y el conglomerado político del Cavaliere, conocido entonces como Popolo della Libertà (PDL), pidió un cambio de guardia. El dueño de Mediaset lo consintió al principio. Pero como siempre ha hecho, reculó y terminó impidiéndolo. Tres miembros de aquel experimento con procedencias de una derecha ideológica distinta se hartaron y decidieron fundar un nuevo artefacto al que pusieron el nombre con el que se conoce el himno italiano.-Estábamos en contra del Gobierno técnico de [Mario] Monti. Así que decidimos salir del partido y fundar Fratelli d’ Italia [Hermanos de Italia]. Nació con una base muy fuerte de Alianza Nacional y otra más cercana a mí que llegaba de la vieja Democracia Cristiana. Era una derecha social y otra más liberal – explica Guido Crosetto, uno de los tres fundadores del partido.Le acompañaron en la aventura Ignazio La Russa, procedente de los rescoldos de la Alianza Nacional de Gianfranco Fini y exministro de Defensa del Gobierno de Berlusconi. También una joven romana llamada Giorgia Meloni, que entonces tenía 35 años. “En el primer congreso dividimos los cargos. Pero pensamos que ella debía ser la abanderada. Era buena y representaba lo nuevo mejor que nadie. Pero además era mujer. Y no había habido nunca un partido guiado por una mujer”, recuerda Crosetto.Hermanos de Italia, socio de Vox en Europa y su verdadero equivalente en Italia, es ocho años después de su fundación el partido que más crece en Italia. Solo gobierna en una región (Los Abruzos) y sigue siendo de facto el socio minoritario de la coalición que forma con la Liga y Forza Italia. Pero en los últimos meses se ha disparado en los sondeos y amenaza por primera vez la hegemonía de la Liga de Matteo Salvini. Ha pasado de obtener un 6% de votos en las últimas elecciones europeas, a que le atribuyan un 16,5% en el último sondeo de Ipsos realizado para el Corriere della Sera. Una cifra casi exacta a la que ha perdido en el mismo periodo Matteo Salvini. Los motivos parecen claros.Hermanos de Italia vende hoy a sus votantes “coherencia” y “los valores clásicos de la derecha frente a los bandazos de la Liga. Los de siempre, pero con nuevos modos. El partido no tiene dudas ideológicas y reivindica el eje clásico de la derecha más conservadora, a veces de ultraderecha, un gran número de militantes heredados de Alianza Nacional y del posfascismo del Movimieinto Socal Italiano (MSI). Meloni, además, ha sabido controlar los impulsos electoralistas. El partido, cuando todavía tenía un porcentaje residual en el grupo de centroderecha (hoy superaría claramente a Forza Italia) decidió no entrar en el Gobierno de coalición que la Liga armó con el Movimiento 5 Estrellas (M5S) en junio de 2018. No era su guerra, dijeron. Esperaron, evitaron la tentación de la moqueta y aguardaron a que aflorasen los problemas entre tan extraños compañeros de cama. Funcionó y hoy son un importante dolor de muelas para Salvini.La dinámica no es del todo nueva en la derecha. Filippo Ceccarelli, histórico periodista y hábil decodificador de la política italiana, analiza así el ascenso de Giorgia Meloni, el personaje político que mejor ha gestionado la adversidad de la crisis sanitaria provocada por la covid-19. “Tiene todavía espacio para crecer en números de dos cifras. Ella es un gran obstáculo para la Liga y le roba votos. Pero una parte de la opinión pública está muy dispuesta a enfatizar ese crecimiento porque es básica para la estratégica del palo en la rueda de Salvini. Es muy parecido a lo que fue [Gianfranco] Fini durante años para Berlusconi. Si los dos no se hubieran peleado, estarían aquí todavía. Berlusconi era el mal, y Fini supuestamente era la derecha pura, como nunca había existido”. Ceccarelli cree que la competición entre ambos puede terminar radicalizando sus posturas (como sucede en España con Vox y el PP).La cofundadora de Hermanos de Italia, de 42 años, es la segunda líder mejor valorada, solo por detrás del primer ministro, Giuseppe Conte. Romana de pura cepa, del barrio de Garbatella, una de las zonas más genuinas de la capital junto a la de Testaccio, no se ha movido nunca de la derecha más dura, católica, centralista. Es hija de un asesor fiscal que abandonó el hogar cuando ella tenía 12 años y se largó a las islas Canarias. Trabajó duro. Se buscó la vida, incluso como camarera en una de las discotecas más famosas de Roma. Acabó el instituto con la máxima nota antes de trabajar algún tiempo como periodista. En enero, el Times hizo un artículo donde indicaba a 20 políticos que podrían cambiar el mundo: ahí estaba ella. En ese momento las discotecas italianas bailaban al son de un remix con base tecno a uno de sus discursos: “¡Yo soy Giorgia, soy mujer, soy una madre, soy cristiana!”, atronaban los altavoces en cualquier fiesta que se preciara.PreocupaciónEn la Liga observan con preocupación la evolución de este fenómeno. Una de las personas que mejor conoce las dinámicas de la derecha en Italia, dirigente del partido, apunta a las grandes virtudes de Meloni como clave de ese éxito. “Giorgia es una óptima líder. Pero la estructura de Hermanos de Italia en el territorio es todavía de mancha de leopardo”, señala en referencia a la falta de configuración. “Giorgia gobierna solo en Los Abruzos. No carga con la responsabilidad que tenemos nosotros con cinco regiones y tantísimas ciudades. Además, durante esta crisis hemos perdido la posibilidad de salir a la calle a hacer política. Y eso para nosotros es clave”, señala.La realidad es que el equilibrio de fuerzas empieza a ser otro. Hermanos de Italia no oculta su voluntad de disputar en algún momento el liderazgo a Salvini si el crecimiento se materializa en las urnas. De momento, tocará elegir a candidatos para las próximas elecciones regionales. Y el partido de Meloni ha dejado de ser el hermano pequeño.


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