La tecnología que coloca al estudiante en el centro de la experiencia académica


Una buena manera de fijar una lección en la mente es contársela a alguien. A un compañero, un hermano, a tus padres… Esa prueba ayuda a averiguar hasta qué punto se han interiorizado los conocimientos. Y muy pronto se le podrá contar también al ordenador, que sabrá valorar si se ha recitado correctamente el temario o en qué se ha fallado. Los asistentes virtuales por voz, conocidos como voicebots, se anuncian ya como los futuros colegas de los estudiantes para ayudarles, mediante un pequeño altavoz, a preparar los exámenes y gestionar sus clases, gracias a la aplicación de la inteligencia artificial y el desarrollo de funcionalidades a partir de la comunicación oral.

Esta tecnología incipiente cuenta ya con avances relevantes en el ámbito educativo y es solo una muestra de las prestaciones que la digitalización ofrece al mundo académico, especialmente en las universidades, para poner al estudiante y sus necesidades en el centro del programa. Pero también para adaptarse a una sociedad cada vez más digital. Según el INE, en el año 2020, el 93,2% de la población española de 16 a 74 años ha utilizado internet en los últimos tres meses, 2,5 puntos más que en 2019.

En las universidades comienza a ser habitual el uso de algoritmos que permiten analizar la actividad del estudiante para ofrecerle un diagnóstico temprano sobre su desempeño, de forma que los profesores se anticipen a los problemas que se le presentan al alumno que está pasando por mal un momento. Así, no solo reducirán las posibilidades de que abandone los estudios, sino que impulsarán su rendimiento.

“Se busca ayudar a que los alumnos tengan éxito en sus estudios”, expresa Margarita Villegas, directora de Tecnología de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), institución 100% en línea. Un trabajo, destaca Villegas, que hasta ahora hacían los profesores y los tutores con su experiencia, observación y un poco de intuición.

La naturaleza completamente digital de esta universidad la convierte en un espacio para la innovación al servicio de la excelencia académica y el estudiante. “Nosotros, como cualquier organización en línea, recibimos muchos datos, ya que cualquier interacción los genera; y esto es muy positivo porque permite tomar decisiones basadas en ellos y no en suposiciones”, añade la experta.

Tecnología e intervención humana para garantizar el éxito

El espacio de trabajo del estudiante en la universidad en línea es el campus virtual. Desde él accede a las clases, obtiene los materiales formativos y se comunica con sus compañeros y profesores. Y con la información que comparte, los algoritmos y la inteligencia artificial ofrecen una perspectiva de su desempeño. “Permite construir los modelos de gestión de la evolución del estudiante que mejorarán su rendimiento y su relación con la universidad”, afirma Mikel Díez Parra, jefe de innovación de IBM, empresa con la que colabora UNIR.

Si el alumno entrega tarde una actividad o suspende un examen, el algoritmo revisa el resto del expediente académico para verificar su actividad y revisar el número de veces que asiste telemáticamente a las clases, la cantidad de ocasiones en que interviene, o si visualiza las lecciones en un horario distinto del habitual, entre otras muchas variables.

Una vez hechas las comprobaciones, el sistema envía un aviso a su tutor. “Si se trata de un primer suspenso, aparecerá contextualizado de esa manera para que se acerque al alumno y le ofrezca ayuda”, argumenta la experta. “Puede que ese suspenso sea un hecho aislado, pero también puede que estemos en un contexto más complejo porque acumula varios. Lo que siempre hará el tutor será descolgar el teléfono para interesarse por el estudiante”, explica. La tecnología da el aviso, pero es una persona la que actúa para poner solución.

La información virtual sobre el alumno nos permite anticiparnos y contribuir a que no se hunda por el peso de sus responsabilidades

La mayoría de las veces sucede que un alumno no ha comprendido bien la lección. Pero en otras ocasiones se descubren trabas emocionales, como problemas familiares, y dificultades en el trabajo, como la sobrecarga de tareas o los viajes, ya que buena parte de los estudiantes que acceden a la educación superior en línea son profesionales en activo.

“Esta información nos permite anticiparnos y contribuir a que el alumno no se hunda por el peso de sus responsabilidades”, destaca Villegas. Una vez que el tutor conoce la causa propone una solución. Por ejemplo, le ofrece un refuerzo en una asignatura para profundizar en un aspecto concreto, una sesión de apoyo emocional o una formación que potencie habilidades blandas (soft skills por su nombre en inglés) que están fallando en su puesto laboral, y como consecuencia le están provocando estrés en su desempeño académico.

“El estudiante que trabaja puede haber tenido un problema de negociación en su compañía, por ejemplo, y eso le ha creado inseguridades. En tal caso, nosotros le podemos recomendar una especialización para que aprenda a negociar”, detalla la experta. De esta forma, la universidad detecta los obstáculos de los alumnos a veces incluso antes de que ellos mismos los identifiquen.

A los estudiantes que van bien, esta monitorización de su proceso educativo también les beneficia. “Se le proponen actividades para mantenerle motivado, como charlas o sesiones magistrales que le permitan ampliar sus conocimientos o capacitarle con nuevas habilidades”, explica Villegas.

La importancia de la voz en el futuro de la educación en línea

La introducción de asistentes de voz amplía las fronteras de la educación en línea. Es mucho más inclusiva ya que permite el acceso a personas con alguna discapacidad. UNIR desarrolla dos proyectos piloto en este campo, aún sin fecha de implantación. “Por un lado, estamos probando programas que ayuden a los estudiantes con los contenidos de las asignaturas. Por ejemplo, que les permitan repasar la lección de filosofía de Descartes. El voicebot estará programado para reconocer lo más importante de ese capítulo y le dirá en qué ha fallado y cómo puede reforzar su conocimiento”, explica Villegas.

Por otro lado, esta universidad desarrolla una interfaz de voz centrada en los aspectos extraacadémicos. “Igual que hoy puedes entrar en la web para ver cuándo tienes un examen, podrás preguntárselo al bot e, incluso, solicitar un cambio de hora”.

Saber lo que le conviene, incluso antes de matricularse

“Esta tecnología también está presente en la vida del estudiante incluso antes de entrar en la Universidad o en el mismo momento de formalizar la matrícula”, apunta Díez Parra, de IBM. Cuando un solicitante bucea por la página web para apuntarse a algún tipo de formación, se le lanzan preguntas, lo que permite aproximar la oferta a sus necesidades.

“En el caso de que un alumno se inscriba para hacer un postgrado que requiere grandes habilidades de comunicación y detectemos, al contestar las preguntas, que necesita aún desarrollarlas, podemos recomendarle actividades complementarias que le ayudarán a mejorar este aspecto”, describe Villegas. “No le pedimos que se apunte a nada, simplemente colocamos en su radar un tipo de formación que a lo mejor nunca se había planteado”, añade.


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