Los placeres en la Grecia clásica

La cultura sexual antigua era muy diferente a la occidental, y los placeres en la Grecia clásica eran prácticas que hoy pueden ser consideradas inmorales o promiscuas.

Para los griegos, el sexo tenía un origen infinito de placer y eso les llevó a profundizar en el arte del mismo. La heterosexualidad y la homosexualidad eran prácticas habituales, así como el interés por los efebos y las prostitutas. 

Platón y Sócrates plantearon la igualdad entre hombres y mujeres dentro del matrimonio, pero esa idea no prosperó. Fue Aristóteles quien desarrolló la inferioridad de la mujer con respecto al hombre.

Es en esta época cuando se desarrolla en todo su esplendor la prostitución. Los placeres en la Grecia clásica dentro de las casas de citas podrían ser considerados hoy inmorales. Pero eran prácticas habituales y hasta la homosexualidad llegó a ser regulada por la ley.

Placeres en la Grecia clásica: la homosexualidad

La homosexualidad en la Atenas clásica era naturalmente tolerada y se practicaba de forma generalizada. Sin embargo, los atenienses no podían prostituirse, pues perdían su ciudadanía, solo era permitida a los extranjeros y a los no ciudadanos.

Los ciudadanos atenienses podían tener relaciones homosexuales con proxenetas o con hombres dentro de una relación amorosa, más nunca como negocio.

La relación homosexual más extendida se daba entre hombres adultos y jóvenes adolescentes y se le denominaba pederastia.

Estos placeres de la Grecia clásica no se limitaban exclusivamente a lo físico, sino que se procuraban agregar aspectos educativos donde el hombre mayor conseguía el amor del hombre joven por su valía como maestro y por la devoción que le demostraba al joven.

El ser cortejado por un hombre mayor era considerado una señal de hombría para el joven, más el deseo sexual recíproco no era bien visto y generaba un estigma social importante.

Las guerras eran muy frecuentes y la homosexualidad en el ejército era ampliamente aceptada e incluso esimulada. Estas relaciones eran empleadas para conseguir mejor adiestramiento militar y mantener alta la moral, pero ante todo para fortalecer el espíritu de combate.

Los filósofos socráticos pensaban que un ejército era más fuerte y seguro si estaba formado por parejas de amantes masculinos. Estas prácticas provocaron que los matrimonios heterosexuales resultaran indiferentes para los hombres.

Existió una unidad militar, el Batallón Sagrado Tebano, que siempre estaba separada del resto del ejército y en la que solamente podían alistarse hombres y sus jóvenes amados.

La fama de este Batallón, por la fuerza que tenía en combate, acreditó que se le construyera un monumento, que aún está en pie y es en donde están enterrados todos sus miembros.


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