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Los primeros remates de Karrikaburu, en los cuadros alegres

Alguien le pregunta quién es el lateral derecho de cualquier equipo inglés y contesta a la velocidad de la luz. No se le escapa un detalle y su conocimiento es directamente proporcional a su amor por el fútbol. Jon
Karrikaburu es un amante del deporte que practica.

Jon Karrikaburu posa con los pelotaris Iñaki Otxandorena y Jon Apezetxea tras ganar un Torneo
Jon Karrikaburu posa con los pelotaris Iñaki Otxandorena y Jon Apezetxea tras ganar un Torneo

De planta respetable, el uno ochenta y tres de Karrikaburu se deja ver de vez en cuando por Elizondo, el pueblo que le vio nacer hace 18 años. Allí, en el corazón del encantador Valle del Baztan, le espera su familia, propietaria del Bar
Karrika. Cada vez es menos habitual dar con el navarro a orillas del Bidasoa; vive en Donostia, y tan integrado reside en la capital guipuzcoana, que “se queda hasta cuando tiene libre”.

Un chaval normal y deportista que tiene su genio. Así define a Karrikaburu su gente. Sus planes tienen que ver con estar con los amigos, en Donostia o en Elizondo. Estudia en Olarain, el centro que la Real Sociedad reserva para los canteranos no guipuzcoanos que compaginan forjarse su futuro en el fútbol con los estudios. Si a Karrikaburu le apetece acercarse a sus orígenes, no hay mayor problema: 50 kilómetros separan Elizondo de Donostia.

Con Apezetxea y Otxandorena

El deporte, no sólo el fútbol, apasiona a Jon
Karrikaburu. El instinto finalizador que le caracteriza dentro del área emitió una estrecha señal cuando de pequeño jugaba a pelota. Guarda txapelas en casa, de cuando era delantero. Rematador, cómo no. Antes de dominar las inmediaciones del gol, culminaba con brillantez los tantos a la altura de los cuadros alegres. Con la magia que sobrevuela el ambiente entre el uno y el tres.

Jon
Apezetxea, expelotari y ahora intendente de Aspe, e Iñaki Otxandorena, zaguero de categoría nacido en Oronotz-Mugaire, vieron que en Karrikaburu había un puntillero baztandarra en ciernes. Les ganaba a todos los de su edad. Apostó por el fútbol por una razón simple y llanamente aplastante: porque le gustaba más.


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