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Los puntos a favor del juego de la Real


1. Las apariencias engañan: es un equipo equilibrado



El sello de la Real que dirige Imanol no engaña a nadie. La receta ordinaria es presionar con agresividad, recuperar el balón a la mayor brevedad, salir disparados en vertical y que las estrellas del ataque sometan al rival en oleadas. Es evidente que en la más alta competición no siempre es posible ejecutar a rajatabla, pero la faena es innegociable. Este alegre estilo ha cautivado y la pasión que genera se traduce en la inédita expectación que se registra en Anoeta. Nunca había tenido la Real un campo tan grande. Y nunca le había ido a ver tanta gente.

2. Estilo alegre y una expectación inédita

El sello de la Real que dirige Imanol no engaña a nadie. La receta ordinaria es presionar con agresividad, recuperar el balón a la mayor brevedad, salir disparados en vertical y que las estrellas del ataque sometan al rival en oleadas. Es evidente que en la más alta competición no siempre es posible ejecutar a rajatabla, pero la faena es innegociable. Este alegre estilo ha cautivado y la pasión que genera se traduce en la inédita expectación que se registra en Anoeta. Nunca había tenido la Real un campo tan grande. Y nunca le había ido a ver tanta gente.

3. Una alineación muy reconocible

Pasan las jornadas y, a punto de consumirse la primera vuelta, la alineación de la Real se sigue recitando de memoria y el ritmo es pegadizo. Remiro se ha asentado en la portería, únicamente en la defensa se suceden los cambios, por lesiones o sanciones. Zaldua, Monreal y Llorente resisten como intocables. Del centro hacia adelante, siempre mandan los mismos, con permiso de un Guevara en auge de protagonismo por ser Zubeldia multidisciplinar. Merino, Odegaard, Portu, Oyarzabal y Willian José llevan la manija reconocible de la Real.


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