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Los viejos rockeros nunca mueren

Los viejos rockeros nunca mueren

La edad es algo cambiante en el fútbol. Bueno, más que cambiante es algo que con el paso de las temporadas se va ajustando a la baja y es que los cracks de ahora arrancan siendo chavales, adolescentes y parece que de los veteranos ya hay pocos que se acuerden.

El Sevilla se marcó un partidazo ayer en Turín y fue gracias, en gran medida, a los viejos rockeros que nunca mueren y que todavía tienen muchas canciones que cantar. Con el micrófono y como voz de solista estuvo Ivan Rakitic. Y es que menudo partido del croata. Con tintes de añejo dominó el centro del campo hasta tal punto que en las escuelas del fútbol deberían plantearse de mostrar su partido. Distribuyendo, llegando, robando y liderando. Un partido total.

No fue el único. Marcos Acuña, recuperado para la causa, con sus 31 años, demostró como es bailar con la más fea. Al ritmo de su guitarra eléctrica, con la pinza en mano, maniató primero a Ángel di María y luego a Federico Chiesa. Casi nada. Y le sobró tiempo para aportar en ataque. Anticipó, venció duelos y mordió abajo. Más o menos como Navas, un batería camaleónico que arrancó de lateral y luego pasó al extremo, consciente de que Montiel necesitaba unas ayudas imapagables. Tiene 37 años, pero los pulmones de un chaval de 20.

El más joven de la banda fue el bajista Lucas Ocampos. Le van las noches importantes y pese a que las cuerdas le petaron pronto, dejó las mejores de las melodías. El más joven del cuarteto fue una delicia de garra y poderío ofensivo. Pudo hacer tres goles y, como vio que no se le daba, decidió dejárselo a En-Nesyri. Lo único malo, su lesión.

Un ‘bis’ matador

Todos los conciertos con bandas como estas tienen su bis. Cuando parece que el tiempo del concierto se ha cumplido, hay tiempo para la última. Una canción icónica. Pero no fue en este caso para el Sevilla, sino para la Juventus. Los hispalenses se quedaron con cara de tontos cuando Gatti, con el tiempo cumplido, anotó con la permisividad del colegiado Daniel Siebert. Protestas de los sevillistas pero, tranquilos, aun queda otra canción a tocar en el Pizjuán.




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