Macron prepara la UE pos-Merkel

Emmanuel Macron y Angela Merkel dan por concluida la rueda de prensa tras la reunión ministerial franco-alemana, el viernes.
Emmanuel Macron y Angela Merkel dan por concluida la rueda de prensa tras la reunión ministerial franco-alemana, el viernes.John MacDougall / AP

El presidente francés, Emmanuel Macron, se prepara para liderar Europa cuando el próximo otoño la canciller alemana, Angela Merkel, abandone el cargo que ha ocupado los últimos 16 años. En una Unión Europea sin Merkel, Macron será el dirigente al mando de un gran país con más experiencia y con un proyecto para hacer del continente una potencia en un mundo marcado por la rivalidad entre EE UU y China.

El presidente de la República francesa podría consagrarse, tras las elecciones legislativas alemanas de septiembre, como presidente de hecho de la UE. Pero sus ambiciones pueden verse lastradas por los errores ante la pandemia, y las consecuencias sociales y electorales que estos errores tengan en Francia. Su futuro europeo está supeditado a la reelección en las presidenciales de 2022.

“Macron solo puede convertirse en el presidente de Europa si es legítimo ante los franceses. Y el balance todavía no está claro”, dice Dominique Moïsi, consejero especial del laboratorio de ideas Institut Montaigne, y autor de libros como La geopolítica de las emociones. “La historia titubea, duda”, señala.

El Consejo de ministros franco-alemán del viernes fue una etapa más en la cuenta atrás antes de la salida de Merkel y las elecciones de las que saldrá su sustituto. El nuevo canciller será alguien con menos experiencia, menos contactos y menos influencia europea e internacional que la mujer que ha dominado la escena Europa en la última década y media.

Para Moïsi, “la naturaleza siente horror al vacío: en la Europa de mañana ya no estará presente la visión alemana que Merkel defiende, ni tampoco el freno británico [tras el Brexit]”. Y añade: “Pero este margen de maniobra puede constituir un inconveniente. Los otros países europeos podrían sentirse amenazados por una Francia demasiado consciente de su centralidad y un presidente demasiado consciente de su valor”.

Otro factor inesperado es la posible elección como primer ministro italiano del exjefe del Banco Central Europeo, Mario Draghi. Además de la canciller alemana, Draghi es el otro líder que ha definido la UE contemporánea y, pese a carecer de la experiencia de gobierno del presidente francés, puede hacerle sombra como dirigente europeísta cuando Merkel ya no esté.

Macron tenía 12 años cuando cayó el Muro de Berlín y Merkel, una física de la República Democrática Alemana, entró en política. Cuando Merkel fue elegida canciller en 2005, el francés tenía 28 años y era un alto funcionario que año y medio antes había concluido sus estudios en la Escuela Nacional de Administración.

Merkel, durante años de formación profesional de Macron, lidió con la crisis del euro y la de los refugiados, y vio pasar a varios presidentes de la República francesa: Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y François Hollande. Macron ha sido el cuarto.

Al llegar al palacio del Elíseo después de hacer campaña con la bandera europea más que la francesa, en 2017, Macron tenía una idea clara. Para convencer a Merkel de impulsar la integración económica de la UE, Francia debía ser creíble y empezar por reformarse a sí misma.

Macron, en la primera parte de su mandato de cinco años, impulsó reformas como la del mercado laboral o la de los ferrocarriles públicos. “Al principio de su presidencia, se habría dicho que era evidente que iba a remplazar a Merkel: era el equivalente moderno de Bonaparte, popular, bello, dinámico, triunfante”, recuerda Moïsi. Pero sus planes para refundar la UE encontraron poco eco en Berlín. En Francia, mientras tanto, el ímpetu del primer año topó con la revuelta de los chalecos amarillos y un amplio malestar social.

Algo sustancial cambió con la pandemia y la mayor recesión de las últimas décadas. Pese a la descoordinación inicial, los europeos aprobaron en el verano de 2020 un plan de recuperación de 750.000 millones de euros.

Romper el tabú

Merkel, que tras la crisis del 2008 impuso medidas de austeridad a los países del sur de Europa, defendió en 2020 un fondo que beneficiaba a los damnificados de entonces, y aceptó la deuda común. París lo saboreó como un triunfo: la crisis sanitaria y económica había logrado romper el tabú alemán.

La paradoja, para el presidente francés, es que los avances europeos del último año coinciden con las dificultades en Francia por la gestión de la pandemia y la sensación de que esta crisis acelera la pérdida de peso de Francia ante Alemania, un temor constante, como mínimo, desde la caída del Muro y la reunificación de las dos Alemanias.

En Francia han muerto por la covid-19 unas 1.200 personas por cada millón de habitantes; en Alemania, 729. La economía francesa se contrajo un 8,3% en 2020; la alemana, un 5%. Mientras que una de las vacunas pioneras —la de la empresa Pfizer-BioNTech— es en parte alemana, el Instituto Pasteur de París ha abandonado su principal proyecto y la franco-estadounidense de Sanofi no estará lista hasta final de año.

Es una incógnita qué efectos tendrá la gestión del segundo año de pandemia y la carrera de las vacunas en la posición de Macron en la UE. Su tasa de popularidad en Francia, cercana al 40%, es superior a la de sus antecesores François Hollande y Nicolas Sarkozy a estas alturas del mandato.

Antes de la reunión con Merkel, Macron mantuvo el viernes, por videoconferencia, una entrevista con el primer ministro del estado federado de Baviera, Markus Söder. Söder es, junto al nuevo líder de la Unión Democristiana, Armin Laschet, uno de los posibles sucesores de la canciller al frente del Gobierno alemán.

“Trabajamos mano a mano con la señora canciller, con mucha confianza y amistad”, declaró Macron en una rueda de prensa con Merkel, “y hasta el último segundo trabajaré en este espíritu con ella”.

Autonomía estratégica

Uno de los motivos de fricción entre Macron y el sucesor de Merkel en la cancillería alemana puede ser el papel de la UE como potencia mediana entre Estados Unidos y China. Macron habla de “autonomía estratégica”, concepto que provoca suspicacia entre los más atlantistas en Berlín, pues temen que París quiera alejar a los europeos de la OTAN y usar la UE como plataforma para proyectar el poderío militar francés.

En el consejo de seguridad y defensa franco-alemán, organizado por Berlín y celebrado este viernes por videoconferencia, Merkel y Macron abordaron los proyectos de avión de combate y de carro de combate europeo, que afrontan todavía con obstáculos en cuestiones como la distribución de tareas entre los socios, el liderazgo y la financiación. La canciller también anunció la participación de Alemania en la próxima reunión ministerial de países africanos y europeos sobre la situación en el Sahel, donde Francia encabeza la presencia europea en la lucha contra el terrorismo. Ambas iniciativas reflejan la voluntad de Francia y Alemania, motores de la construcción europea, de ajustar sus posiciones en materia militar.

Esto ocurre en pleno debate en Europa sobre el papel militar de la UE y su relación con la OTAN, en el momento de la llegada de una nueva Administración en Washington más europeísta y atlantista que la de Trump.

Merkel habló tras la reunión de “soberanía europea” y de la “necesidad de una política de defensa en Europa”. Macron repitió el término y añadió: “Nos parece una necesidad y la pareja franco-alemana, desde un punto de vista industrial, geopolítico y estratégico, es su núcleo”.


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