
Ildefonso Guajardo, exsecretario de Economía y quien encabezó por parte de México la negociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), advirtió que las conversaciones entre México y Estados Unidos se desarrollan en dos vías: la revisión del acuerdo comercial y una negociación paralela para buscar una salida a los aranceles impuestos por Washington bajo el argumento de seguridad nacional.
Durante una entrevista con Aristegui en Vivo, señaló que las recientes declaraciones del representante comercial de Estados Unidos, Jameson Greer, sobre el carácter “pragmático” de México deben analizarse con cautela para evitar que ese enfoque se traduzca en concesiones que posteriormente afecten los intereses del país.
“Espero que ese pragmatismo no implique concesiones que después nos podemos arrepentir”, afirmó.
Explicó que una de las rutas corresponde a las conversaciones que se realizan aproximadamente cada mes con el objetivo de generar consensos para relanzar el acuerdo comercial durante los próximos 16 años, proceso en el que se discuten, entre otros asuntos, las reglas de origen para sectores estratégicos de la manufactura.
La segunda vía está relacionada con la intención de la administración de Donald Trump de alcanzar antes de noviembre una solución a los aranceles impuestos a productos mexicanos bajo la Sección 232, por motivos de seguridad nacional.
Guajardo señaló que esas medidas tienen un impacto relevante debido a que afectan aproximadamente a una tercera parte de las exportaciones mexicanas.
Déficit comercial y participación de Asia
Respecto al déficit comercial de Estados Unidos con México, Guajardo sostuvo que existe una proporción importante de productos esenciales para la manufactura moderna que todavía no se producen en América del Norte, por lo que México desempeña un papel de integración dentro de las cadenas regionales de valor.
Como ejemplo mencionó a los semiconductores y componentes electrónicos necesarios para la fabricación de vehículos, así como las baterías de litio utilizadas en los nuevos modelos eléctricos.
“Hay cosas que no se pueden proveer de manera eficiente desde Estados Unidos”, afirmó, por lo que consideró necesario distinguir entre aquellos productos que pueden fabricarse en el corto plazo dentro de Norteamérica y los que todavía requieren componentes provenientes de otras regiones.
De acuerdo con el exsecretario de Economía, una parte importante del déficit comercial que Estados Unidos registra con México, calculado en alrededor de 200 mil millones de dólares, corresponde en realidad a insumos provenientes de países asiáticos que son incorporados a productos fabricados en México y posteriormente exportados al mercado estadounidense.
Guajardo mencionó específicamente los flujos relacionados con empresas como Foxconn y con la industria electrónica instalada en Guadalajara, así como componentes provenientes de Taiwán y China. En su opinión, si esos componentes fueran descontados de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos, el déficit bilateral sería considerablemente menor.
“Está creciendo aquello que está ligado a la industria electrónica, donde el valor agregado de México es muy bajo, es el 5 por ciento o el 6 por ciento cuando mucho, mientras que nos están pegando en aquellas industrias donde nuestro valor agregado nacional es del 35 o 40 por ciento. Por lo tanto, el impacto en el producto interno bruto es severo”, sostuvo.
Consulta con el sector privado
Ante las referencias del representante comercial estadounidense a conversaciones discretas entre ambos gobiernos, Guajardo consideró que mantener en reserva una estrategia de negociación puede ser necesario, pero sostuvo que ello no debe traducirse en una falta de comunicación con las industrias involucradas.
El exsecretario explicó que, durante las negociaciones del acuerdo comercial, el equipo mexicano recurría a especialistas de distintas áreas para respaldar las discusiones técnicas. “Cuando yo entraba en las oficinas de USTR, generalmente las fotos ponen en evidencia que yo entraba con 30, 20 personas del equipo gubernamental”, relató.
Explicó que, dependiendo del tema que se abordara, incorporaba a especialistas en medicamentos y patentes, así como a expertos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) o de la Secretaría del Trabajo: “Nadie es rey del conocimiento en todos los sectores que incluyen un tratado comercial”.
Por ello, consideró fundamental mantener un trabajo coordinado entre el gobierno y los sectores productivos para determinar los márgenes de maniobra durante las negociaciones.
Guajardo señaló que las consultas con el sector privado permiten definir una estrategia para impulsar la integración regional y el desarrollo tecnológico y manufacturero de México.
Aunque consideró que un negociador no puede revelar públicamente su estrategia, sostuvo que tampoco debe existir una hermeticidad que impida a las empresas conocer el momento que atraviesa el proceso y las decisiones que podrían afectar a las industrias.
El ‘cuarto de junto’
Sobre los mecanismos de consulta con empresarios y otros sectores que históricamente acompañaron las negociaciones comerciales de México, Guajardo recordó que el actual secretario de Economía, Marcelo Ebrard, había anunciado desde hace más de un año la desaparición del denominado “cuarto de junto” por tratarse de mecanismos asociados con el modelo neoliberal.
Sostuvo que la consulta con el sector privado no corresponde a una determinada corriente política o económica, sino que forma parte del proceso de elaboración de políticas públicas. “Las consultas en una democracia no son ni demócratas sociales ni neoliberales ni capitalistas, son obligaciones que los gobiernos tienen para sus gobernados en función del diseño y el proceso de las políticas públicas”, señaló.
Aseguró que las consultas continúan, aunque de manera parcial, y puso como ejemplo las reuniones con las distintas armadoras automotrices cuando existen dudas relacionadas con ese sector.
Defendió además la utilidad de contar con un mecanismo de consulta integral en el que participen distintos sectores productivos, pues esto permite equilibrar los intereses particulares y los objetivos generales del país.
“Porque tú obligas al sector privado a tomar un posicionamiento integral por los intereses de México sin que ningún grupo en particular domine los intereses sectoriales”, planteó.
Como antecedente, recordó que durante la negociación de un acuerdo comercial con Perú, durante el gobierno de Felipe Calderón, un proceso de consulta que calificó de desordenado permitió que un solo sector, el de chile seco, frenara las negociaciones.
“Es impensable que en un equilibrio de intereses nacionales por el desarrollo y la generación de empleos productivos y de inversión, que un solo sector se pueda atravesar en el proceso de ampliación e integración del país”, sostuvo. Por ello, insistió en la importancia de mantener a los distintos sectores alrededor de una misma mesa.
Imagen: IA/AN (MDS)
Presión para alcanzar un acuerdo antes de noviembre
Respecto a los tiempos de la negociación, Guajardo consideró que la administración de Donald Trump enfrenta presión para alcanzar resultados antes de las elecciones de noviembre, particularmente debido a los conflictos comerciales que mantiene con Canadá.
Afirmó que esa circunstancia puede representar una oportunidad para el equipo negociador mexicano. En ese sentido, consideró posible que México y Estados Unidos alcancen un acuerdo parcial orientado a reducir los efectos de los aranceles impuestos bajo la Sección 232, a cambio de medidas mexicanas relacionadas con las preocupaciones planteadas por Washington.
Entre ellas mencionó la vigilancia para evitar que México sea utilizado como “trampolín” para el ingreso de aluminio o acero a Estados Unidos desde terceros países.
Guajardo consideró que México puede colaborar en aquellos aspectos que sean viables y compatibles con sus propios intereses. “Sí veo en el horizonte un acuerdo parcial para parar la hemorragia que traemos en sectores estratégicos”, afirmó.
Sin embargo, descartó que en el corto plazo exista consenso para renunciar al acuerdo comercial vigente por 16 años, incluso si se planteara una negociación exclusivamente bilateral entre México y Estados Unidos.
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