Milán, junio, 2021: un nuevo comienzo para la moda de hombre

La Semana de la moda masculina de Milán, que concluye este martes, ha estado marcada por la revitalización de la actividad social —desfiles, presentaciones físicas y reuniones— en la recta final de las restricciones pandémicas. Y no deja de resultar simbólico que Giorgio Armani haya sido la tercera de las tres firmas —junto a Dolce&Gabbana y Etro— en celebrar desfiles con público. En febrero de 2020, ante la amenaza incipiente del coronavirus, Armani fue uno de los primeros presentar a puerta cerrada su colección para mujer. Y su reencuentro con el público, el lunes por la tarde, ha tenido un escenario igualmente significativo: el palacio de la firma en via Borgonuovo. “La moda no puede sobrevivir durante mucho tiempo exclusivamente de forma virtual, necesita ser vista en la vida real”, explica Armani en declaraciones por escrito a EL PAÍS en las que menciona los avances en la vacunación y la celebración del evento al aire libre, e incide en la importancia de la localización, “el lugar donde históricamente he presentado mis desfiles, una vuelta a los orígenes y a la esencia de la moda que adoro, que solía ser profunda y cercana también”.

La profundidad y la cercanía son ideas apropiadas para describir una colección que no propone sobresaltos, sino una reafirmación de los valores que han permitido a Armani seguir en primera línea más de cuatro décadas: un lujo suave, fácil de llevar, adaptable y elegante. Los estilismos de pasarela no excluyen otras combinaciones, las chaquetas y los pantalones se pueden intercambiar, las camisas dialogan con las prendas de punto y los colores —azules, arena, blanco, toques de rojo y verde— forman parte de una paleta cromática versátil que invoca la ruptura de la etiqueta.

En estos tiempos, ninguna firma se resiste a proponer su propia versión del mundo pospandémico. Para Dolce&Gabbana, tendremos muchas ganas de irnos de fiesta. “La moda es emoción. Lo digital está muy bien, pero le falta adrenalina”, confesaban Domenico Dolce y Stefano Gabbana en un encuentro con la prensa antes del desfile, celebrado entre decoraciones luminosas como las que abundan en las fiestas populares mediterráneas de Sicilia a Valencia. “Las luces son un homenaje a la vida, son habituales en las fiestas del sur de Italia y evocan esos momentos en que la familia se reúne para cantar y divertirse. Queremos volver a estar juntos. Y, después de pasarnos tantos meses en el sofá, queremos volver a vestirnos y arreglarnos”, explican. La inspiración festiva, traducida en pedrerías, bordados, encajes y ganchillo multicolor, contaba con un inesperado guiño a la historia de la casa. “Mientras creábamos esta colección nos hemos acordado mucho del año 2000”, apunta Dolce. “En pleno auge del minimalismo decidimos hacer una colección maximalista. Fue un éxito y, curiosamente, estos meses la sensación era muy parecida”.

La presentación de Prada en la semana de la moda masculina de Milán.
La presentación de Prada en la semana de la moda masculina de Milán.

En Etro, la inspiración es el espíritu nómada de esta casa experta en transformar motivos tradicionales de todo el mundo en sofisticados estampados de lujo. Durante el desfile, celebrado en unas antiguas vías de tren reconquistadas por la maleza, no dejó de sonar L’Era del Cinghiale Bianco de Franco Battiato, fallecido el pasado mayo y amigo personal de Kean Etro, el director creativo. Sin embargo, nada más lejos de lo elegíaco. Los inconfundibles motivos florales de la casa adquieren tonos intensos y ácidos, se disponen sobre fondos degradados y coquetean con detalles brillantes y metalizados que recuerdan que fue Etro la firma que vistió a la banda Maneskin durante la actuación que les dio la victoria de Eurovisión el pasado mes. La colección, una oda a los materiales ligeros, la seda e incluso la gasa, apuntala la transformación del armario masculino.

Dicha transformación, de hecho, es muy perceptible en Prada. La colección que se presentó el domingo a través de una pieza audiovisual y una exposición de las prendas fue, para Miuccia Prada y Raf Simons, sus ideólogos, un canto de amor al poder sanador de la naturaleza. Sin embargo, el alcance de sus prendas siempre va más allá del panel de inspiración. Por ejemplo, a través de bermudas brevísimas —tanto, que apenas tienen pernera— capaces de convertirse en el patrón oro del pantalón corto la próxima primavera. O de sudaderas de toalla que recuerdan que Prada nunca estampa un logo sin más. Precisamente la forma del logo —un triángulo isósceles invertido y con esquinas redondeadas— es el motivo que replican dobladillos, bajos e incluso puños de camisa. En la casa milanesa, no hay puntada sin concepto.

A lo largo de estos días, otras firmas han presentado colecciones igualmente relevantes a través de medios audiovisuales y digitales. En Ermenegildo Zegna, el director creativo Alessandro Sartori prosigue la revolución inaugurada en la colección de este otoño, y plantea un guardarropa infinitamente combinable en tonos lavados y con un conjunto limitado de patrones que se declinan en materiales tan sorprendentes como un punto ligero que parece paño de lana, una napa tan fina y flexible como el nailon o un levísimo tejido acolchado de seda. Todas las prendas son cómodas, blandas, sin atisbos de rigidez. En Tod’s, el buque insignia del grupo Della Valle, la inspiración del fotógrafo Peter Beard reinventa el legado de la ropa aventurera —militar, deportiva e incluso de paracaidista— a través de materiales lujosos y tejidos ligeros. A su vez, Fendi, la firma romana perteneciente al gigante del lujo LVMH, plasma su conquista de la moda urbana en cortes geométricos, detalles lúdicos y prendas que, como juguetes o piezas de rompecabezas, encajan entre sí y adoptan funciones y complementos insólitos. Por ejemplo, chaquetas y camisas tan cortas que dejan el abdomen descubierto, pequeños bolsillos tridimensionales adosados a las prendas y estampados topográficos.


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