¿Por qué bajamos el volumen de la radio cuando aparcamos?

La música muy alta que solemos escuchar mientras conducimos no parece que disturbe nuestra capacidad de conducir, pararnos en los semáforos, o mantener la distancia adecuada con respecto al resto de vehículos en circulación. De hecho son muchas las personas a las que les gusta conducir escuchando la radio o la música a todo volumen pero todas ellas, o la gran mayoría, tienen algo en común: bajar la música cuándo se disponen a estacionar su coche. Pero ¿a qué se debe? ¿Por qué bajamos el volumen de la radio cuando aparcamos?.

¿Por qué bajamos el volumen de la radio cuando aparcamos?

Lo de bajar el volumen de la radio mientras aparcamos es algo más habitual de lo que parece, de hecho también suele ocurrir cuándo estamos buscando aparcamiento o estamos haciendo lo contrario, salir de dónde estábamos aparcados o también, si estamos buscando un determinado número de casa en una calle desconocida.

¿Qué provoca esta acción? ¿Cuál es el automatismo mental que nos lleva a hacer esto?. La respuesta inmediata a por qué bajamos el volumen cuando aparcamos podría ser que tratamos de eliminar las distracciones, pero ese no es el caso. El caso es que a pesar de lo que se pueda pensar, nuestro cerebro no sabe hacer muchas cosas al mismo tiempo y a la hora de gestionar situaciones que requieren más atención y concentración de la habitual, sus recursos son limitados.

La respuesta está en el cerebro

El cerebro es el órgano del sistema nervioso central que se encarga de recibir y procesar toda la información recopilada a través de la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto; además, evalúa en todo momento cuál es su tarea principal, es decir, la que requiere más energía y atención, y posiblemente cuál es su tarea secundaria, que requiere menos. En pocas palabras, como explicó el experto en ciencias cognitivas Art Markman a Mel Magazine , podemos conducir y escuchar una canción de nuestro artista favorito sin ningún problema porque «conducir no ocupa por completo todos nuestros recursos mentales».

Sin embargo, las cosas cambian cuando cambia el nivel de atención que requiere una de las acciones que estamos realizando.

Por ejemplo, se vuelve difícil mantener una conversación si conducimos en situaciones particularmente estresantes, como cuando de repente comienza a llover, o si estamos perdidos y tenemos que confiar en las señales de tráfico, otras situaciones en las que también bajamos el volumen de la radio del coche. Lo que sucede en estas circunstancias es que para continuar funcionando bien y hacer su trabajo, nuestro cerebro necesita enfocar la mayor parte de su atención en la tarea que identifica como prioritaria.

El caso es que cuando hacemos dos cosas al mismo tiempo, como conducir y escuchar música, nuestro cerebro realmente no presta atención a dos cosas al mismo tiempo, sino que «rebota» de una a otra muy rápidamente. Este «ir y venir» entre un estímulo y otro, entre una tarea y otra, sin embargo, requiere mucha energía y puede ralentizar nuestro desempeño, o disminuir nuestros tiempos de reacción, llevarnos a cometer errores o ponernos en dificultades especialmente cuando una de las dos acciones requiere mucha más concentración que la otra: en este sentido, bajar la radio sirve, por así decirlo, para quitarle espacio a la tarea secundaria del cerebro, que así puede concentrarse en la principal: aparcar.

Philip Smith y Simon Lilburn, respectivamente profesor e investigador de Psicología en la Universidad de Melbourne, hablaron sobre ello con más detalle en un artículo de The Conversation .

Smith y Lilburn recordaron que en 1959 el fisiólogo Neville Moray observó por primera vez que cuando las personas escuchan dos discursos simultáneamente, mientras se concentran en uno de los dos, aún pueden localizar su nombre, si se pronuncia en la otra conversación. El estudio de Moray ayudó a comprender que somos capaces de percibir y dar sentido a distintas informaciones sensoriales incluso cuando no estamos enfocados en ellas, pero sobre todo ayudó a otros científicos a comprender que el cerebro humano no tiene recursos infinitos y aunque es capaz de funcionar sin problema en un máximo de dos tareas con bastante eficacia, cuando intenta hacer más de dos cosas al mismo tiempo, una de las tres se descarta automáticamente, por así decirlo.


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