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Por qué la clase de educación física es la que más beneficios traerá a tu hijo a lo largo de su vida


En los últimos años, la prevalencia de enfermedades crónicas aisladas o presentadas como multimorbilidad en población pediátrica se ha incrementado, entre otras cosas, por al alza en la incidencia de patologías como el asma, la obesidad, la dermatitis atópica o la enfermedad celíaca. Algunos estudios apuntan que uno de cada cuatro niños sufre una enfermedad crónica, con cifras de prevalencia que oscilan entre el 10% y el 30%. Esta amplitud en la horquilla se debe a la ausencia de criterios unificados para definir esta patología. Según unos autores, esta definición de “enfermedad crónica” recogería aquellas patologías que permanecen un periodo igual o mayor a tres meses y que necesitan hospitalizaciones frecuentes, cuidados de salud domiciliarios y/u otros sanitarios. Además, a estos elementos, hay expertos que suman las consecuencias sociales de la enfermedad y estiman la duración de la enfermedad en 12 meses o más.

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El estudio Enfermedades crónicas en población pediátrica: comorbilidades y uso de servicios de atención primaria recoge que el asma es la principal enfermedad dentro de las crónicas pediátricas en España, con un 7-15%, e incrementándose en todo el mundo. La obesidad, con una tendencia creciente en el mundo y con una prevalencia especialmente alta en los países del Sur de Europa, entre ellos el nuestro, oscila entre el 7-20%. La dermatitis atópica afecta aproximadamente a un 10-20% de la población infantil en algún momento de su vida. Y el trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se cifra actualmente entre el 10-20%.

Para reducir la incidencia de la enfermedad crónica en la población infantil, los expertos aseguran que no hay mejor tratamiento que el ejercicio físico (EF) y la actividad física (AF). Una conclusión que se recoge en el estudio Ejercicio físico como “medicina” en enfermedades crónicas durante la infancia y la adolescencia, publicado en la revista Anales de Pediatría. Julio Álvarez Pitti, pediatra, URCV, Servicio de Pediatría del Hospital General Universitario de Valencia, investigador CIBEROBN del Instituto de Salud Carlos III y secretario del Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría (AEP), es uno de los autores que ha participado en el desarrollo de esta investigación. Este pediatra mantiene que, tal y como se recoge en el documento, “hay evidencia del papel de la Actividad física (AF) en la prevención y el tratamiento de múltiples enfermedades durante la edad pediátrica. Sin duda, sobre la que tiene más impacto es sobre la obesidad, debido a su alta prevalencia y al ser en muchos casos la inactividad física causa de la misma. Pero la AF también tiene un papel muy importante en otras enfermedades cardiovasculares como la hipertensión, la diabetes mellitus o las dislipemias”. Además, más allá de las enfermedades cardiovasculares, continúa este investigador, “mejora la salud ósea, mejora enfermedades respiratorias como el asma o la fibrosis quística y tiene un papel muy importante en enfermedades mentales como ansiedad, depresión o el déficit de atención e hiperactividad. Por último, la AF es básica en el tratamiento de niños con discapacidad física o mental y en enfermos de cáncer infantil. En todos estos casos, la pauta de ejercicio ha de ser personalizada teniendo en cuenta la condición física del paciente y su enfermedad”.

El doctor Julio Álvarez Pitti explica que “AF es todo movimiento del cuerpo que hace trabajar a los músculos y requiere más energía que estar en reposo. Caminar, correr, bailar, nadar, practicar yoga y trabajar en la huerta o el jardín son unos pocos ejemplos de actividad física. Si embargo, el ejercicio físico (EF) es un tipo de actividad física que es planificado y estructurado. Levantar pesas, tomar una clase de aeróbicos y practicar un deporte de equipo son ejemplos de ejercicio”. Las guías de la OMS se refieren siempre a Actividad física. Y, continúa este pediatra, “lo que recomiendan para niños entre cinco y 18 años es al menos una media de 60 minutos de actividad física diaria principalmente aeróbica, de intensidad moderada a vigorosa, a lo largo de la semana”.

El secretario del Comité de Promoción de la Salud de la AEP explica que “la actividad física es beneficiosa porque mejora la forma física (funciones cardiorrespiratorias y musculares), la salud cardiometabólica (presión arterial, dislipidemia, glucosa y resistencia a la insulina), la salud ósea, los resultados cognitivos (desempeño académico y función ejecutiva) y la salud mental (menor presencia de síntomas de depresión) y menor adiposidad”. En estas guías no se hace diferencias en cuanto a actividad física o ejercicio físico, ya que, prosigue este investigador, “cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna, y cuanta más, mejor”. Además, “toda actividad física cuenta. La actividad física puede integrarse en el trabajo, las actividades deportivas y recreativas o los desplazamientos (a pie, en bicicleta o en algún otro medio rodado), así como en las tareas cotidianas y domésticas”, concluye Julio Álvarez Pitti.

El doctor Enrique Pérez y el Dr. Mauricio Mónaco, responsables del grupo de trabajo de Actividad Física y Deporte de la Sociedad Catalana de Pediatría (SCP) y del grupo de trabajo de Educación para la Salud y Actividad Física de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), dicen que “el ejercicio físico además es una herramienta y forma parte del tratamiento para promover el desarrollo del individuo, disminuir las secuelas y morbimortalidad, así como minimizar los efectos adversos de algunas medicaciones”.

No existe un único protocolo de actividad física para niños y adolescentes que padezcan alguna enfermedad crónica. En este sentido, los responsables del grupo de trabajo de educación de SEPEAP afirman que “depende de la patología, el estado basal, etc. Se requiere una evaluación de forma individual. Lo que sí hay que tener en cuenta son las preferencias y motivaciones de cada niño, el ejercicio que los haga feliz; porque solo así obtendremos adherencia y luego podremos afinar conforme a la patología, condición física de base, momento madurativo…”. Ambos expertos afirman que, en principio, la actividad física a realizar por un niño o adolescente con alguna enfermedad crónica, “sería la misma que para un niño sano; en niños y adolescentes la recomendación de la OMS es la realización de un mínimo de 60 minutos de actividad física ajustada a los factores antes mencionados. Los profesionales de Medicina Deportiva son los mejores aliados del pediatra para la prescripción del ejercicio y reiterar la idoneidad de trabajar de forma interdisciplinaria”.

Por su parte, Susana Aznar Laín, subdirectora Departamento Actividad Física y Ciencias del Deporte de la Universidad de Castilla-La Mancha y directora del grupo de investigación PAFS, es partidaria de que este tipo de pacientes jóvenes practiquen ejercicio físico y actividad física de manera paralela: “el ejercicio pautado es necesario en patología, pero también queremos que se instaure el hábito de moverse más cada día, ya sea a modo de juegos, desplazamientos activos, etc. Ambas intervenciones son necesarias para que mejoren y se mantengan la salud”. Y en su opinión, el pediatra resulta clave “para conocer si cumple o no las recomendaciones de actividad física para la salud y conocer el entorno más adecuado para que las cumpla. Asimismo, su figura facilitará que la familia contacte con los profesionales de la Actividad Física del centro educativo y/o de la comunidad”.

Los centros educativos son también muy importantes a la hora de inculcar el hábito de la práctica de AF entre los niños y adolescentes. Por eso, el doctor Julio Álvarez Pitti considera que “la asignatura de educación física tiene una importancia capital, tanto por los conocimientos teóricos como los prácticos. En esta asignatura, los niños, desde etapas tempranas, van desarrollando habilidades y mejorando su condición física, tanto cardiovascular como muscular y también la coordinación y elasticidad. Si los niños adquieren esta condición desde la infancia además del hábito de la práctica de AF, se produce una disminución del riesgo de enfermar no solo en la infancia y la adolescencia, sino a lo largo de toda la vida; una mejora equiparable solo a la obtenida por unos buenos hábitos de alimentación y la evitación de tóxicos como el tabaco. Por ello, los padres y madres deberían de ser conscientes de que probablemente la clase de educación física es con la que sus hijos puedan obtener un mayor beneficio a lo largo de sus vidas”. Teniendo en cuenta la importancia que tiene para la salud presente y futura de los niños realizar AF, este pediatra opina que la decisión de aplazar la tercera hora de Educación Física en las escuelas, “desde el punto de vista de un pediatra, me parece desafortunada”.

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