Premios Goya: el gran teatro del cine español

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El cine español le debe mucho al teatro, una deuda que esta madrugada, de alguna manera, se reconoció en la gala de los Premios Goya. Muchos de los actores candidatos llevan tiempo, o toda una vida, en el escenario y solo en ocasiones saltan a la gran pantalla: Blanca Portillo, Petra Martínez, Aitana Sánchez-Gijón, Javier Gutiérrez, Emma Suárez, Sonia Almarcha, Nora Navas… y, cómo no, José Sacristán, ese actor cuya inmensa voz nos devuelve a esos cómicos que tan bien inmortalizó El viaje a ninguna parte.

El sexto Goya para Javier Bardem por su incontestable trabajo en El buen patrón estaba tan cantado como el de honor a Sacristán y aunque el actor, candidato esta misma semana a un Oscar por Being the Ricardos, no ha hecho teatro, sí pertenece —y hasta la médula— a ese mundo de tramoyas que su madre, en la memoria del presidente de la Academia, Mariano Barroso, y de todos, llevaba tan en la sangre. En un discurso emocionante, Bardem recordó a su madre, recientemente fallecida, a sus hijos y a su mujer, Penélope Cruz.

Unos segundos después, Blanca Portillo recogía su primer Goya por su excepcional trabajo en Maixabel y lo hacía con un discurso hermoso y vibrante sobre el amor a los demás y a su oficio. Icíar Bollaín había asegurado en la alfombra roja que los premios que más ilusión le hacían eran los de interpretación, y su deseo se vio cumplido también gracias a María Cerezuela, Mejor actriz revelación, y Urko Olazabal, Mejor actor de reparto, dos rostros hasta ahora prácticamente desconocidos que logran sostener con su verdad el complejo y duro entramado emocional de Maixabel. Esa “carne y alma” que también citó Daniel Monzón, director de Las leyes de la frontera, al referirse a sus actores, entre ellos el premiado Chechu Salgado.

La actriz Blanca Portillo, tras recibir el Goya a Mejor actriz protagonista por 'Maixabel'.
La actriz Blanca Portillo, tras recibir el Goya a Mejor actriz protagonista por ‘Maixabel’.Jose Jordan (AFP)

Más de una década después de su Goya por Pa Negre, la actriz catalana Nora Novas se llevaba el segundo (esta vez de actriz de reparto) por su papel de madre atrapada entre la adolescencia de su hija y la vejez de su madre en Libertad, la ópera prima de Clara Roquet. Un Goya que ella misma no parecía esperar, ya que la clara favorita era Aitana Sánchez-Gijón, una actriz que llevaba mucho tiempo sin trabajar en el cine y en cuyo estelar regreso en Madres paralelas, película que sorprendentemente se fue de vacío, da vida, precisamente, a una actriz de teatro.

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Fernando Fernán Gómez evocó en un artículo el momento en el que comprendió que los jóvenes como él habían “ejecutado” al teatro por el cine. “El teatro se lo merecía, por viejo, por caduco…”, decía el actor, antes de añadir, “habíamos crecido con el cine, era el pan de nuestro cada día y creíamos que era también el arte de nuestro tiempo, nos sentíamos muy modernos. Lo que no sabíamos era cuándo acabaría nuestro tiempo”. Pues su tiempo no ha acabado y, como decía uno de los lemas de esta nueva edición de los Goya, “el cine vencerá”, y también será gracias al “viejo y caduco” teatro.

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