El presidente ruso, Vladímir Putin, durante un discurso en el Kremlin, en Moscú, el miércoles 1 de diciembre.

Putin exige garantías sólidas de que la OTAN no llegará a sus puertas

El presidente ruso, Vladímir Putin, durante un discurso en el Kremlin, en Moscú, el miércoles 1 de diciembre.
El presidente ruso, Vladímir Putin, durante un discurso en el Kremlin, en Moscú, el miércoles 1 de diciembre.SPUTNIK (Reuters)

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha señalado dónde se encuentra el desfiladero de lo que en 1959, unos años antes de la crisis de los misiles de Cuba, el filósofo Bertrand Russell calificó como el juego de la gallina en la carrera nuclear entre la URSS y la OTAN; el lugar donde podría comenzar la catástrofe si ninguno de los dos contendientes cede y para el coche en su carrera suicida hacia adelante. Este punto de no retorno para el presidente ruso es Ucrania, la exrepública soviética con la que flirtea la Alianza Atlántica y que desde 2014 sufre una guerra que ya se ha cobrado unas 14.000 vidas.

“Nuestra diplomacia tiene una tarea de máxima prioridad: obtener garantías sólidas, fiables y a largo plazo para nuestra seguridad. Al dialogar con Estados Unidos y sus aliados insistiremos en lograr unos acuerdos específicos que excluyan cualquier movimiento futuro de la OTAN hacia el este”, ha advertido este miércoles Putin en la recepción en el Kremlin de los nuevos embajadores, entre ellos el de España, el diplomático Marcos Gómez.

Desde la perspectiva rusa, el conflicto tiene dos vertientes. Por un lado, la amenaza directa de un hipotético despliegue de misiles estadounidenses tan cerca de Moscú. Y por otro, no ceder con el Donbás, un polvorín que podría arrastrar a los dos bandos a una guerra mayor. En ambos casos Ucrania es la protagonista, un país soberano que el Kremlin considera bajo su esfera de influencia.

Putin aboga por comenzar unas “negociaciones sustanciales” con la OTAN para prevenir su extensión al este y que tengan en cuenta “los intereses de Rusia y de todos los Estados euroatlánticos”. El primer paso lo darán este jueves el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, y su homólogo estadounidense, Antony Blinken, en el encuentro de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) en Estocolmo, donde mantendrán una reunión al margen para abordar la crisis desatada en torno a Ucrania.

El propio Putin ya delimitó este martes sus líneas rojas: “Mire lo que ha sucedido en los últimos 20 años o más. A pesar de nuestras advertencias, su infraestructura llegó a nuestras fronteras. Los sistemas antimisiles ya están desplegados en Polonia y Rumania, hay lanzadores MK-41 allí, pueden equiparse con Tomahawks y otros sistemas de ataque. Esto genera una amenaza contra nosotros”, agregó el mandatario antes de fijar su límite. “Si aparecen nuevos complejos de misiles en territorio ucranio, su tiempo de vuelo a Moscú será de siete a diez minutos, y en el caso del despliegue de armas hipersónicas, de cinco”, advirtió Putin.

El Kremlin siempre ha apuntado como raíz de su enfrentamiento con Washington al despliegue en Europa del escudo antimisiles que impulsó la Administración de George W. Bush a partir de 2000, así como a la ubicación en tierra de baterías marítimas Aegis, pues estas sorteaban el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés). “Ante esto nos vimos obligados a desarrollar armas hipersónicas, esta fue nuestra respuesta”, ha reiterado Putin en alusión a su anuncio en marzo de 2018 de una nueva generación de misiles que pueden eludir cualquier contramedida. Por si fuera poco, la crisis se agravó en agosto de 2019, cuando Washington se retiró del pacto INF tras acusar a Moscú de haber desarrollado otro misil de crucero que sobrepasaba el alcance máximo permitido de los 500 kilómetros.

Sin embargo, la versión rusa es otra. El Ministerio de Exteriores contestó esta semana a un artículo de la OTAN sobre los “mitos” en sus relaciones, y decía que Washington, “con el consentimiento tácito de sus aliados, ha destruido constantemente los mecanismos legales internacionales. El ejemplo más sorprendente es la crisis del tratado INF. Dos semanas después de abandonarlo probó un misil que habría estado prohibido por el acuerdo. Además, lo hizo desde la versión terrestre del lanzador Mk-41″.

Moscú denuncia asimismo que “toda la defensa colectiva de la OTAN se concentra en su flanco oriental”. “Parece que la Alianza no tiene otros problemas, como el terrorismo o las amenazas de otras regiones”, añade.

Como respuesta, el ministro Lavrov ha recogido el guante del presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko, para desplegar misiles nucleares rusos en su territorio. “Me tomaría esta declaración como una advertencia muy seria a las políticas insensatas de Occidente”, ha recalcado el hombre que lleva 17 años al frente de la diplomacia rusa días después de que el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijera que las armas nucleares de la Alianza Atlántica podrían ser trasladadas aún más al este si Alemania rechaza que estén desplegadas en su territorio.

Conflicto enquistado

Al escenario nuclear se suma también un conflicto enquistado que para algunos analistas rusos recuerda al caso serbio en la Primera Guerra Mundial. Se trata del Donbás, latente desde abril de 2014, cuando irrumpieron paramilitares rusos con el apoyo de empresarios cercanos al Kremlin para reavivar las protestas contra Kiev, según han reconocido muchos de aquellos excombatientes. Aquel conflicto de baja intensidad llevó a una guerra abierta en la que intervinieron varias brigadas acorazadas y motorizadas rusas para evitar el colapso de los secesionistas ante el avance del Ejército ucranio.

Tras más de siete años de conflicto y después de que se hayan expedido medio millón de pasaportes rusos a la población, el Kremlin sigue sin reconocer esos territorios, como sí hizo con Crimea: “Todavía no hay tal reconocimiento, son repúblicas autoproclamadas, aunque su solución se demora y vamos hacia un callejón sin salida”, ha declarado el portavoz de Putin.

El Gobierno ruso, que ha movilizado unos 114.000 soldados alrededor de Ucrania, asegura que esto responde a los movimientos de Kiev para supuestamente retomar su terreno, algo que el Gobierno ucranio desmiente. Según afirmó este miércoles la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, Kiev ha enviado en torno a la mitad de sus 250.000 militares a la línea de contacto del Donbás.

No obstante, los analistas rusos descartan una nueva operación militar por iniciativa de Putin. “No creo que haya una guerra real. Rusia no lo necesita y solo puede ocurrir bajo el “escenario georgiano” de 2008, es decir, si los ucranios deciden que la OTAN les ayudará”, afirma Aleksandr Borisov, profesor del Instituto Internacional de Relaciones Exteriores de Moscú. Aquel año, el entonces presidente georgiano, Mijaíl Saakhasvili, lanzó una operación en Osetia del Sur tras varias escaramuzas que fue aplastada por el Ejército ruso.

Respecto a las negociaciones enquistadas por el Donbás, el analista acusa de ello a Kiev. “El formato de Minsk [las negociaciones de paz celebradas en la capital bielorrusa] fracasó por culpa de Ucrania, que quiere revisar los acuerdos de 2015 olvidándose del principio “pacta sunt servanda” (lo acordado obliga, en latín)”, añade Borisov, quien cree que Occidente no comprende a Rusia: “No tienen en cuenta que el recuerdo en Rusia de la Gran Guerra Patria [como se conoce en Rusia a la Segunda Guerra Mundial] no solo incluye el respeto a la hazaña inmortal de los vencedores, sino también las lecciones aprendidas de los errores de Stalin antes de la guerra y una firme determinación a prevenir tal cosa, incluso si es necesario usar medios extremos como armas nucleares frente a las agresiones y la amenaza a la existencia de Rusia”.

Según algunos think tanks rusos, esta crisis beneficia a EE UU para debilitar a la Unión Europea y a Rusia. “A los anglosajones les gustaría prender fuego en Europa, mientras permanecen al margen y se concentran en China”, afirma Borisov, una opinión que comparte en un artículo publicado en la revista oficial del Ministerio de Exteriores ruso el periodista Bogdán Bezpalko: “Lo importante para EE UU es provocar a Rusia e interrumpir el gasoducto Nord Stream 2; para el Reino Unido, debilitar a Alemania y a la Unión Europea; y para el resto de países, simplemente participar en la contención colectiva de Rusia”

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