Putin y Xi ponen a prueba su amistad “sin límites” en un encuentro en Samarcanda

Putin y Xi ponen a prueba su amistad “sin límites” en un encuentro en Samarcanda

China y Rusia ya tienen fecha para valorar los márgenes y contornos de la amistad “sin límites” que proclamaron sus respectivos presidentes, Xi Jinping y Vladímir Putin, en un encuentro en Pekín 20 días antes de que Moscú desplegara sus tropas en Ucrania. Ambos mandatarios tienen previsto reunirse el jueves en la mítica ciudad de la ruta de la seda, Samarcanda (Uzbekistán), durante una cumbre de la Organización de la Cooperación de Shanghái (OCS). Para el dirigente chino, que no había abandonado su país desde que comenzó la pandemia y es uno de los pocos dirigentes del mundo que persevera en una estricta estrategia de cero covid, supone además el primer viaje al extranjero en más de dos años y medio.

El trayecto de Xi ha empezado este miércoles con una primera parada en Nursultán (Kazajistán), donde ha sido recibido por el presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev. El periplo resulta, por parte de Pekín, un calculado desplazamiento no solo físico sino político: llega un mes antes de que se celebre el 20º Congreso del Partido Comunista, la gran cita quinquenal en la que se espera que el dirigente chino renueve la batuta de mando un tercer lustro, hasta 2027.

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“Este será el evento más importante de la diplomacia de la jefatura del Estado de China en vísperas del 20º Congreso Nacional del Partido Comunista de China”, subrayó el martes Mao Ning, portavoz del Ministerio de Exteriores de este país, durante una comparecencia. En la cumbre de Samarcanda también estarán presentes el resto de socios de la OCS, aparte de Rusia y China: Kazajistán, Uzbekistán, India, Kirguistán, Pakistán y Tayikistán.

El dirigente ruso, necesitado de apoyo y reconocimiento internacional a medida que avanzan las líneas ucranias en un reciente contraataque lanzado por Kiev, ya afirmó hace una semana que confiaba en ver a Xi en Samarcanda. El encuentro, confirmado por el Kremlin aunque no explícitamente por Pekín, constituirá el primer careo entre ambos desde que la invasión rusa de Ucrania sacudiera las tablas del teatro geopolítico el 24 de febrero. Y sumará uno más en la larga lista de reuniones entre los dos mandatarios: llevan ya 38, según el recuento de Reuters. Y Moscú fue de hecho el primer destino de Xi después de tomar las riendas de China en 2012.

Desde el inicio de la guerra, Pekín ha mantenido una calculada distancia con Moscú, sin dar apoyo bélico o material a Rusia, y sin circunvalar el muro de las sanciones occidentales. Pero a la vez sin condenar la invasión, y sin mencionar la existencia de una “guerra” con todas sus letras. Esta neutralidad escorada hacia Rusia está marcada por el último encuentro en Pekín entre Xi y Putin, el 4 de febrero, cuando firmaron una poderosa declaración en la que reclamaron “un nuevo tipo de relaciones entre las potencias mundiales” y consagraron una “amistad” que “no tiene límites” ni “áreas prohibidas de cooperación”; 20 días después los tanques rusos entraron en Ucrania.

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La sintonía ha continuado a pesar del conflicto y de las sanciones internacionales adoptadas contra Moscú. Ambos países acordaron hace una semana abandonar los dólares y comenzar a pagar en yuanes y rublos parte del gas que bombea Rusia hacia China desde Siberia. El pacto fue sellado poco después de que el gigante gasista ruso Gazprom decidiera cerrar la manija del tubo Nordstream, que lleva combustible a Alemania, alegando motivos técnicos, en un episodio más del tira y afloja entre Moscú y Bruselas.

Las relaciones económicas entre China y Rusia no se han resentido desde febrero, señala Christoph Nedopil Wang, director del Centro de finanzas y desarrollo verde de la Universidad de Fudan, en Shanghái. “Los lazos económicos entre China y Rusia parecen ser estables si se observa el comercio entre ambos países”, argumenta a través de un correo electrónico. “Dado que Rusia no puede comerciar plenamente con muchos países occidentales, algunos proveedores chinos han podido beneficiarse de las oportunidades comerciales con Rusia, mientras que China también ha podido absorber algunas de las exportaciones rusas”.

Nedopil Wang publicó en julio un detallado informe sobre la Nueva Ruta de la Seda, el multimillonario plan estratégico con el que Pekín se ha desplegado e interconectado con el mundo en la última década. En el análisis, sorprende en cambio la caída del 100% de las inversiones de esta iniciativa china en territorio ruso durante el primer semestre de 2022. Pero Nedopil Wang asegura que los “datos aún no sugieren una tendencia de desvinculación a largo plazo”.

La elección de Xi de visitar Kazajistán, donde lanzó en 2013 la idea de esta Nueva Ruta de la Seda, y Uzbekistán, por el que pasan cuatro gasoductos que conectan Asia Central con China, marca además el territorio que Pekín considera clave para sus intereses estratégicos. En ambos países, amanecieron el martes con un artículo del presidente Xi en el que se ensalzan los lazos que los unen. “En los últimos años, China ha sido sólidamente uno de los principales socios de Kazajistán para el comercio y la inversión”, ha escrito el presidente chino en el Kazakhstanskaya Pravda. “A pesar de las repercusiones de la covid-19″, añade, “el año pasado pudimos volver a situar nuestro comercio bilateral por encima de los 25.000 millones de dólares [importe similar en euros], lo que supuso un impulso conjunto a la recuperación económica mundial”.

La pandemia es el otro guiño clave del viaje del presidente Xi. China es la única de las grandes potencias que mantiene una estricta política de cero covid, que implica testeos masivos y confinamientos en cuanto se detectan unos pocos casos. Los duros cierres de megaurbes como Shanghái decretados en la primavera, y que han continuado durante el verano, han dejado tocada a la segunda economía del planeta y un creciente poso de fatiga social. Las consecuencias económicas son palpables en un año en el que el Gobierno chino estima el crecimiento económico en torno al 5,5%, dato que algunos analistas ya estrechan hasta el 3%.

“La covid-19 ha sido perjudicial para algunas de las relaciones económicas de China y, en particular, para sus inversiones en el extranjero”, apunta Nedopil Wang. Pero el viaje de Xi al extranjero, concluye, “podría ser una señal no solo de una fuerte agenda política, sino también de un mayor resurgimiento del compromiso económico con estos países”.

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