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Quitando las telarañas

Zubimendi se pasó toda la primera parte viendo el partido. Que no es lo mismo que estar mirándolo. Fue un análisis que ganó énfasis a raíz de que el plan urdido entre semana quedó en papel mojado con la expulsión del Elche a los diez minutos. Desde entonces, la Real se metía de lleno en la tesitura de ganar por lo civil o lo criminal. El tesoro relucía tanto, que dejarlo escapar se convertía en un disparate. En estas ocasiones es necesaria una segunda opinión. Un contraste favorable. Una alternativa. Si es inesperada para el oponente, miel sobre hojuelas.

Guevara recibió una tarjeta amarilla y el árbitro había sido declarado en el foro interno de la Real peligro público. Y Zubimendi no había perdido detalles desde la grada. Hora de beneficiarse de su lectura del partido para una inmensidad como una segunda parte completa.

Más fresco que los demás y clarividente respecto a todos los que pincharon en hueso antes, Zubimendi aportó la distinción a un entuerto que se enredaba sin remisión. Los buenos medios centros se suelen diferenciar por tener ideas brillantes. Qué decir de una mente lúcida que se había estudiado cada movimiento como suplente. Vigiló al Elche como cuando se pone Donostia por montera desde el monte Ulia.

Pensó Zubimendi que romper al Elche con pases rasos, fuertes y precisos en vertical era recomendable y ejecutó. Dos veces. A Isak se le atragantó el primer dribling. Insistió Zubimendi -otra virtud- y el sueco fue el provocador del córner que remató Aritz con un escorzo de categoría.

Una liberación

La brillante idea de Zubimendi llegó a buen puerto es un instante capital. Porque la Real se estaba empezando a agobiar, en pleno desgaste: técnico por no ser mejor que los defensas del Elche; táctico por la escasez de estrategias para remediar el nudo; y mental por el avance inexorable de los minutos.

De ahí que el tremendo cabezazo de Aritz fuera un respiro. Si la Real hubiera marcado en la primera media hora, sus mejores minutos de la noche, habría sido una reacción natural de los acontecimientos. Las ocasiones se malgastaron y se multiplicaron las dudas.

El corsé del empate desapareció, el Elche bajó los brazos y Mikel
Oyarzabal liberó adrenalina. Los dos goles fueron por la escuadra. Las telarañas del partido las quitó Zubimendi.


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