Rick Caruso, el milmillonario que quiere gobernar Los Ángeles


Hace exactamente un año salió a la venta una elegante residencia de casi 700 metros cuadrados con vista al mar en Malibú. El precio de salida era de 40 millones de dólares, una suma nada despreciable en el candente mercado inmobiliario de California. La casa, ubicada en una de las zonas más exclusivas del Estado, pertenecía al empresario Rick Caruso, un empresario de bienes raíces dueño de hoteles e icónicos centros comerciales. El hombre de negocios vendió su mansión porque su familia crecía. No ha sido lo único que ha evolucionado. También lo han hecho sus ambiciones políticas. Caruso ha saltado al fin a la carrera para convertirse en alcalde de Los Ángeles después de deshojar la margarita durante décadas.

La revista Forbes estima en 4.300 millones de dólares la fortuna de Caruso. Esto lo convierte en una anomalía en una contienda con ocho precandidatos. Es el único entre ellos que no necesita hacer campaña para recaudar fondos. Los punteros son experimentados políticos del partido demócrata, entre ellos la legisladora afroamericana progresista Karen Bass, a la cabeza de los sondeos, y el concejal latino Kevin de León, quien goza de simpatías en una ciudad cuya población hispana se acerca al 50% (solo el 20% está registrado para votar). Dos nombres serán votados en las elecciones primarias del 7 de junio y el cargo se disputará entre ellos el 8 de noviembre.

Caruso entró a la carrera para convertirse en alcalde en el último día de trámites para los aspirantes, el 12 de febrero. Esto calló al fin rumores que se escuchaban desde hace casi 20 años. El empresario dueño de The Grove, un concurrido centro comercial en el corazón de la ciudad, había planeado competir desde 2005. En 2013 contrató a asesores que habían trabajado con Bill Clinton y Al Gore, pero finalmente no dio el paso adelante porque no quería exponer a sus cuatro hijos ni sus negocios durante la campaña. Ahora los hijos han crecido, los proyectos han sido terminados y han sido contratados los mismos asesores que auxiliaron al triunfo en las elecciones de Gavin Newsom para gobernador y de Kamala Harris para el Senado.

El sábado pasado, Caruso cambió una cosa en su registro. Se inscribió como demócrata después de varios años de no tener preferencia partidista (a pesar de haber donado varios miles de dólares a varios políticos republicanos durante décadas). En el amplio espectro de políticos que luchan por la candidatura, él, un hombre blanco católico de 63 años, se acerca al centro. Una de sus primeras propuestas es sumar 1.500 nuevos uniformados al Departamento de Policía (un cuerpo con 9.500), una iniciativa que ha generado malestar a la líder de Black Lives Matter (Las vidas negras importan), un movimiento popular en la urbe de cuatro millones de habitantes.

También ha sugerido que iniciará la construcción de 30.000 nuevas camas para hacer frente a la crisis de sin techo que vive Los Ángeles, una situación que ha hecho topar con pared desde hace décadas a todos los que ocupan el ayuntamiento. En la ciudad hay más de 41.000 personas sin hogar, de acuerdo a las últimas cifras oficiales disponibles, de 2020. Para evitar conflictos de interés, Caruso ha prometido dejar su empresa y ha dicho que esta no hará ningún proyecto en la ciudad si resulta electo. El último empresario que gobernó la ciudad fue el republicano Richard Riordan, de derechas, quien dejó el cargo hace 21 años.

“Nadie cree que el mismo grupo de políticos que permitió que esta ciudad se convirtiera en un sitio inseguro, corrupto y cruel puede resolver los problemas que enfrentamos”, dijo Caruso hace algunas semanas. Añadió que la “crisis sin precedentes” solo puede ser sorteada por “líderes fuertes” que tienen experiencia manejando instituciones complejas. Se refería a él, por supuesto, quien durante dos años fue presidente de la Comisión de Policía de Los Ángeles, un órgano compuesto por cinco civiles que sirven de puente entre la ciudadanía y los uniformados. También es presidente de la junta directiva de la Universidad del Sur de California (USC), un cargo que dejará cuando arranque la campaña. Sus gestiones ayudaron a transformar las dos organizaciones en poco tiempo.

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Harry Caruso, el padre de Rick, fue un hombre que se hizo millonario con una empresa de renta de autos, Dollar Rent a Car, donde el aspirante a político ganó su primer sueldo. Abogado de profesión, comenzó a invertir en bienes raíces con una estrategia muy sencilla: compra terrenos relativamente baratos ganándose a las comunidades que han rechazado proyectos de desarrollo. En una ocasión, para lograr un permiso se comprometió a construir una pista de hielo que le pedían los vecinos. Para otro, rentó buses para que toda una comunidad fuera a un vivero a elegir la vegetación que verían en la nueva obra. Hoy es dueño de nueve proyectos, entre centros comerciales, edificios de apartamentos de lujo y un hotel (Rosewood Miramar), del que presumía hace algunos años era el “más caro de toda la costa de California”.

Caruso ha aparecido en el primer sondeo de Los Angeles Times en el tercer puesto de las preferencias, con un 8%, empatado con Kevin de León. Aún hay 40% de votantes indecisos. Pero sus rivales ya han comenzado a atacarlo. “Él viene de una parte de la ciudad donde no conocen el sufrimiento. No conocen a la gente que sabe lo que es el hambre. No tienen idea de lo que son dificultades”, decía en un mitin reciente el influyente exalcalde Antonio Villarraigosa, quien hace campaña por Karen Bass, la candidata que más dinero había captado hasta inicios de febrero, casi dos millones de dólares.

Aún queda por verse cómo recibirá el electorado progresista a un candidato cercano a las élites dueño de un yate de 65 metros y tres niveles llamado Invictus. Nueva York tuvo su Michael Bloomberg. Estados Unidos a su Donald Trump. ¿Qué hará Los Ángeles?

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