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Uganda no era el paraíso, pero se convirtió en un hogar



Cientos de millones de personas se enfrentan cada día al dilema de confinarse para no contagiarse del nuevo coronavirus y frenar el avance de la pandemia o salir a trabajar para sobrevivir y comer. La mayoría, pobres en países pobres, trabajadores informales que viven al día y no tienen una red de apoyo si sus ingresos se esfuman, elige lo segundo. Así es imposible doblegar la curva de contagios, como se ha conseguido en las economías avanzadas confinando a la población, y el SARS-CoV2 continúa su expansión imparable. Es la conclusión de un estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que propone que los Gobiernos de las naciones en desarrollo garanticen una renta básica temporal, mientras dure la pandemia, a las personas en situación de pobreza o en serio riesgo de caer en ella. Y acabar así con la disyuntiva entre la posibilidad de padecer covid-19 o hambre.

Concretamente, el informe Ingreso básico temporal: protección de personas pobres y vulnerables en países en desarrollo, publicado este jueves, plantea que 132 países de ingresos bajos y medios garanticen un ingreso básico por un tiempo limitado para casi 3.000 millones de personas, casi un 40% de la población global. “Esto no es un llamamiento de donaciones, no es una ayuda del Fondo de Emergencia de la ONU para las naciones más pobres, sino una propuesta para que los Gobiernos de esos países examinen sus opciones para afrontar la pandemia”, aclara Achim Steiner, administrador del PNUD en una entrevista por Zoom.
La expansión del SARS-CoV2 se ha acelerado en las últimas semanas, sobre todo, en los países en desarrollo y economías emergentes donde las tasas de trabajo informal, sin subsidios de desempleo u otras ayudas públicas, son elevadas. “Necesitamos soluciones inusuales, tenemos que pensar de forma diferente porque el mayor desafío que enfrentamos en este momento es que, en ausencia de tratamiento y vacunas, esta pandemia continuará propagándose”, comenta Steiner. “El problema es que al tratar de contenerla, provocamos un impacto en el sustento económico y social de las personas. Y claramente, en los países en desarrollo en particular, donde no hay una red de seguridad social, donde entre el 70% y el 80% de las personas se ganan la vida a través del sector informal, un confinamiento significa que no tienen ingresos. Un apoyo básico temporal es una opción legítima a considerar en las estrategias nacionales”, detalla.
“Las predicciones sobre la pobreza y la pérdida de empleos e ingresos que se hicieron hace dos o tres meses, están comenzando a cumplirse ahora”, advierte George Gray Molina, jefe de política estratégica y economista del PNUD, durante un encuentro telemático con periodistas. Según sus cálculos, entre 70 y 100 millones de personas podrían caer en la miseria extrema (vivir con menos de 1,90 dólares al día -1,63 euros al día-) debido a la crisis económica desencadenada por la covid-19. Esa previsión es ya un problema real. Por eso, Gray urge a que su propuesta sea escuchada e implementada cuanto antes. No hay tiempo que perder. “Hemos llegado a más de 14 millones y medio de casos esta semana. Llevó tres meses alcanzar el primer millón, luego ha aumentado a razón de un millón a la semana, y últimamente, un millón cada cuatro o cinco días”, alerta.
Ante la duda de cómo podrían permitirse las economías menos adelantadas una medida como esta, los investigadores del PNUD han calculado el coste y de dónde podría provenir. “Es factible”, afirma Steiner.  “Los países tienen diferentes umbrales de pobreza”, anota Gray. La propuesta del PNUD es que se garantice que todos los ciudadanos están por encima de esos límites, bien completando sus exiguos ingresos o transfiriendo una cantidad fija que han calculado en 5,50 dólares al día (4,74 euros al día), al ser esta la línea de pobreza más común.

Garantizar un ingreso mínimo de 5,50 dólares al día a 2.780 millones de personas en situación de pobreza en 132 países costaría 465.000 millones al mes

En el primer caso —adaptar la ayuda al umbral de pobreza nacional—, si la línea está en 1,90 dólares al día, se debería garantizar un ingreso de 3,20 a cada ciudadano. Si el umbral es de 3,20 dólares, cada persona debería obtener un mínimo de 5,50. Y allí donde la pobreza es vivir con 5,50 dólares o más, como la mayoría de América Latina o Europa, entonces habría que garantizar hasta 13 al día. Llevar a cabo esta medida costaría, aproximadamente, 200.000 millones de dólares al mes. La opción de una ayuda uniforme de 5,50 dólares al día para 2.780 millones de personas supondría una inversión de 465.000 millones mensuales.
Tales recursos podrían provenir, según Gray, de tres fuentes. “No proponemos impuestos adicionales porque esta es una medida temporal, que durará seis, nueve o 12 meses, hasta que se encuentre una vacuna o una cura. Pero sí hablamos de reutilizar los recursos existentes”, explica. Uno de ellos es la deuda que los países en desarrollo pagan a sus acreedores. El G20 ya ha accedido a una moratoria en el pago de la deuda a los 77 países más pobres del mundo, pero el secretario general de la ONU, António Guterres, ha pedido que se extienda esa suspensión a todos los países en desarrollo, incluidos los de ingresos medios, así como los pequeños Estados insulares.
De hacerse, esa suspensión de la deuda extendida ascendería a 3,1 billones de dólares este año, que es lo que desembolsarían los países en desarrollo a sus prestatarios en 2020, calcula el PNUD. Una cantidad que cubriría total o parcialmente —depende de la opción— la renta básica temporal que propone el organismo en lo que queda de año. Otra fuente podría ser, según el organismo, destinar los subsidios a los combustibles fósiles a las personas. Y finalmente, sugiere una especie de sistema de autofinanciación de las ayudas. “La mayoría de las transferencias de efectivo a los pobres o vulnerables van al consumo y tienen un efecto multiplicador muy fuerte a nivel local. Y parte de la inversión será recuperada mediante impuestos directos o indirectos que podrían a su vez financiar parte de las propias ayudas”, apunta Gray.
Además de la financiación de la medida, hay otros desafíos, como el administrativo. ¿Cómo encontrar y hacer los pagos a tantas personas, muchas sin registrar y fuera del sistema? “Hemos visto mucha innovación con herramientas digitales en los últimos meses”, dice el experto. Y está la experiencia de los países que ya han implementado paquetes de ayudas a los más necesitados. La mayoría son ricos, pero también hay naciones en desarrollo que han iniciado programas de protección de los más vulnerables, como Togo. A muchos, sin embargo, les tocará inventar sus propias respuestas.
“Claramente, estamos en un territorio desconocido. Pero podemos sacar provecho de las mejores prácticas de muchos países y tratar de aplicarlas en una situación excepcional para establecer un conjunto extraordinario de medidas para abordar lo que de otra manera derivaría en una situación inmanejable en muchos países”, agrega Steiner. “Estamos en una situación sin precedentes. Necesita respuestas sin precedentes. El número de infecciones y muertes continúa aumentando exponencialmente. Lo que hemos hecho hasta ahora no es suficiente”.
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