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La cadena Fox escenificó la noche de este viernes un ardid publicitario al vender durante todo el día una entrevista en persona con el presidente de Estados Unidos y la realización, durante la misma, de un “examen médico en directo” a Donald Trump. No hubo ni una cosa ni la otra. El anunciado cara a cara con un experto médico habitual en la cadena conservadora (Marc Siegel) fue una charla grabada con anterioridad al programa (que comenzó a las ocho de la tarde, horario de la costa este de EE UU). Trump estaba en la Casa Blanca, en el exterior, donde se grabó en un día de sol otoñal. El doctor Siegel en el estudio de Fox en Nueva York.

En un descargo de responsabilidad, el presentador del programa, Tucker Carlson, quiso aclarar antes de que el mandatario apareciese en pantalla que la grabación no había podido hacerse con el equipo de Fox, sino que había sido la propia Casa Blanca la encargada de filmar la imagen del presidente. Dejado esto claro, lo que acentuaba la carga de estratagema publicitaria que había usado el medio de comunicación, el doctor Siegel procedió a “examinar” al presidente.

El facultativo preguntó al mandatario por sus síntomas; por lo que más había temido mientras estaba en el hospital militar Walter Reed; le preguntó si había escuchado y acatado las órdenes de sus médicos; le interpeló sobre cuándo creía que había contraído el virus; sobre si tomaba medicación; acerca de si mantendría un debate con Joe Biden al aire libre … Un chequeo médico en toda regla.

Efectivamente: no hubo datos. Porque prácticamente no los ha habido desde el inicio de esta insólita crisis en medio de una campaña electoral ya de por sí sumida en el caos y la incertidumbre. El único titular que se pudo sacar es que el presidente llevaba “ocho horas sin tomar medicación”. Todo lo demás fueron sensaciones y palabrería para concluir, este viernes 9 de octubre, casi ocho meses después de que comenzase la pandemia ―que en EE UU ya ha dejado más de 210.000 muertos―, que la enfermedad “es altamente contagiosa”.

Trump dijo que sus síntomas fueron que no se sentía “fuerte”, pero que no había tenido problemas respiratorios, a pesar de que se ha informado desde la propia Casa Blanca de dos episodios serios, uno de los cuales fue la razón por la que acabó siendo trasladado de la Casa Blanca a Walter Reed. El mandatario confesó que no sentía su habitual vitalidad, esa que es necesaria para ser “el presidente de Estados Unidos”.

En sus propias palabras, “es bueno ser presidente”, porque te da acceso al mejor tratamiento y los mejores doctores, de hecho, el mandatario manifestó sentirse sorprendido por “el increíble equipamiento” del hospital militar a las afueras de Washington. “Nunca he visto equipos como esos”, afirmó. Trump dijo que algo había escuchado a sus doctores, que intentaba hacerles caso en sus recomendaciones, pero que también negoció duro su salida, que si por él hubiera sido solo hubiera estado un día en el centro médico, frente a los tres y medio que permaneció hospitalizado.

El mandatario aclaró que el tratamiento que le han puesto no se trataba de ninguna inyección, sino de una transfusión, y que ha sido “realmente bueno”. “Me sentía ya bien después del primer día” de medicación. El presidente dijo que tenía en mente enviar ese mismo tratamiento a todo aquel que lo necesitara, de forma gratuita. Interpelado por si había notado algún efecto secundario del tratamiento de esteroides, que pueden provocar euforia y trastornos del comportamiento, Trump fue rotundo: “No”.

Visto que se encuentra en tan buena forma, a pesar de haber pasado solo 10 días desde que se le diagnosticó el contagio de coronavirus, el médico de la Fox preguntó al presidente si estaría dispuesto a llevar a cabo el debate electoral -que ahora mismo está suspendido- frente a Joe Biden el próximo día 15 en Miami Beach, al aire libre. El mandatario dijo “claro, por supuesto” y fue incluso más allá al decir que no veía problema ninguno en hacer mítines o eventos. De hecho, este sábado celebrará un acto en la Casa Blanca al que se estima que asistan quizá hasta 2.000 personas, según CNN.

La última pregunta de esta extraña entrevista médica fue para el consabido mensaje final. Trump lo tenía claro: enorme respeto por todo el equipo médico que le ha tratado y que la culpa de este virus es de China.

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