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Una Europa social, más necesaria que nunca

Una persona toma un café en una terraza de un bar de Lisboa.
Una persona toma un café en una terraza de un bar de Lisboa.PATRICIA DE MELO MOREIRA / AFP

El lema de la presidencia portuguesa del Consejo de la Unión Europea es: “Tiempo de actuar: por una recuperación justa, ecológica y digital”. La prioridad es, sin duda, la recuperación económica y social. Es tiempo de actuar, transformando las decisiones en hechos: asegurar la vacunación generalizada, poner en marcha los programas del presupuesto plurianual de la Unión, garantizar los recursos financieros adecuados para los planes nacionales de recuperación e incrementar la influencia de Europa. La recuperación tiene que ser ecológica y digital, tal y como definió el Consejo Europeo en la Agenda Estratégica 2019-2024. Así pues, el valor añadido de la presidencia portuguesa reside en el adjetivo “justa”, es decir, en la dimensión social de la construcción europea.

Queremos situar a las personas en el centro de la recuperación económica y del cambio estructural. Es fundamental aprobar la primera Ley Europea del Clima lo antes posible y para eso trabajamos con el Parlamento Europeo y la Comisión: la Unión no debe dejar su liderazgo en materia de acción por el clima y transición energética. Si solicitamos a los Estados miembros que ratifiquen la Decisión sobre los recursos propios (tal y como Portugal y España), es porque no podemos aplazar la disposición de los 750.000 millones de euros que financiarán los planes nacionales de recuperación. Tampoco podemos burocratizar su análisis técnico; basta con ver la rapidez con la que Estados Unidos ha decidido su plan de recuperación, para darnos cuenta de que nuestro ritmo es inaceptable. Pero los proyectos de resiliencia económica, transformación digital y acción por el clima están ahí para mejorar las condiciones de vida de las personas, por lo que la dimensión social debe ocupar un lugar clave en su diseño.

Disponemos de un buen documento orientativo, que es el Plan de Acción sobre el Pilar Europeo de Derechos Sociales, presentado por la Comisión en marzo. Los objetivos para 2030 son realistas: reducir 15 millones de personas que están en riesgo de pobreza; llegar a que un 80% de los adultos cuente con competencias digitales básicas y un 60% de la población activa cuente con formación anual; aumentar la tasa de empleo hasta el 78%; reducir a la mitad la brecha salarial entre hombres y mujeres, y hacer que menos de uno de cada 10 jóvenes se encuentre en situación de desempleo o sin estudiar. Contar con objetivos claros ayuda a movilizar a todas las partes. En mayo, la Cumbre Social de Oporto será un momento de movilización que reunirá a las instituciones europeas y a los interlocutores sociales y dará un impulso político a nivel de jefes de Estado o de Gobierno.

Una agenda progresiva debe avanzar en estos ámbitos: el futuro laboral, las competencias y cualificaciones necesarias y una protección social adecuada. De este modo, las personas percibirán la transición ecológica y digital y la transformación económica no como amenazas de retroceso o exclusión, sino como desafíos a los que puedan hacer frente y superar. Así, verán el futuro desde el punto de vista de la realización de sus derechos sociales y no de su disminución.

Por ello, la presidencia portuguesa trata de avanzar también en otros puntos clave de la agenda legislativa europea: en la negociación de las directivas sobre salario mínimo, transparencia salarial, “mujeres en las administraciones” y la coordinación de sistemas de seguridad social; y en el proyecto de directiva sobre la garantía de la renta mínima.

Sin embargo, hoy en día, el modelo social europeo pone especial énfasis en la salud pública. No se trata solo de responder a la pandemia (la articulación de las medidas sanitarias y la vuelta a la libre circulación y, en particular, la estrategia común de vacunación), sino también de no olvidar las lecciones aprendidas, mejorando sustancialmente la capacidad de respuesta colectiva. En este sentido, la reciente entrada en vigor del primer programa europeo dedicado especialmente a la salud, UE por la Salud, es todo un hito.

A ello hay que añadir otras dimensiones de la Europa social. Por mencionar solo aquellas con las que la presidencia portuguesa está trabajando de manera activa, están la igualdad de género, la no discriminación por orientación sexual, la lucha contra el racismo y la xenofobia, la justicia fiscal, la inclusión o la protección de los adultos vulnerables. Sin embargo, una agenda política de progreso social es más amplia y es la que da sentido pleno a otros resultados principales en este semestre, como la decisión de continuar con las políticas presupuestarias expansivas en 2022 o el lanzamiento de la Conferencia sobre el Futuro de Europa que logró desbloquear la presidencia portuguesa. Es también esta agenda progresiva la que justifica nuestra intransigencia en la defensa del Estado de derecho democrático en todos los Estados miembros.

La Europa social es una Europa en la que cabe toda la sociedad, ciudadanas y ciudadanos libres e iguales, defendidos por la ley y amparados por una red común de integración y apoyo social. No debemos olvidarlo ni en esta crisis ni en la próxima recuperación.

Augusto Santos Silva es ministro de Asuntos Exteriores de Portugal.


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Neto

Soy Neto, creador de LaNetaNeta.com Me apasiona leer y aprender, disfruto escribir y compartir publicaciones interesantes con el publico.

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