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Una mentira activó el engranaje del asesinato del profesor francés Samuel Paty


Todo empezó con una mentira. El profesor Samuel Paty fue decapitado el 16 de octubre de 2020 por un islamista, y muchos detalles sobre el engranaje que llevó a su asesinato ya han salido a la luz. Entre ellos, el engaño original de la alumna que encendió la campaña contra Paty al quejarse a sus padres de que el profesor mostró una caricatura de Mahoma y excluyó del aula a los musulmanes.

La denuncia era falsa, como confirmó la alumna en una declaración a los investigadores parcialmente difundida esta semana por el diario Le Parisien. La alumna no había asistido a aquella clase en la escuela de Conflans-Sainte-Honorine, cerca de París. Y nunca se excluyó a ningún alumno por su religión.

Los testimonios de varios estudiantes, desde los días posteriores al atentado, apuntaban a que la alumna, de 13 años, no asistió a la clase sobre la libertad de expresión en la que Paty mostró la caricatura. Así lo acreditaron, también, los profesores del centro y los documentos internos que demostraban que aquel día, el pasado 6 de octubre, la joven estaba ausente. Su madre firmó un justificante que alegaba que estaba enferma y por eso no podía asistir a clase. Todo esto consta, en detalle, en el informe de la Inspección General de la Educación publicado a principios de diciembre.

Ahora se ha sabido que en noviembre, durante uno de los interrogatorios en el caso por el que está imputada, la adolescente corroboró la información al admitir haber dado una versión errónea cuando afirmó que acudió a la clase en la que se debatieron las caricaturas. Fue la queja de la hija lo que llevó al padre de esta a denunciar a Paty a la policía y a difundir en las redes sociales, con la ayuda de un predicador islamista, vídeos que pusieron en la diana al profesor. Diez días después de la clase sobre las caricaturas, Paty fue asesinado al salir de la escuela.

“Mentí sobre una cosa”, declaró la alumna a la policía, según Le Parisien. “No estaba ahí el día de las caricaturas”. “Si yo no le hubiese dicho esto a mi padre, todo esto no habría ocurrido”, lamentó. Y añadió que ella quiso erigirse en la portavoz contra Paty de las supuestas quejas de una clase en la que no estuvo.

De acuerdo con el informe de la Inspección educativa, y como confirmó ella misma, también mintió al afirmar que Paty la expulsó dos días de la escuela por negarse a salir del aula mientras el profesor mostraba una imagen del profeta desnudo. La realidad fue distinta. El profesor enseñó brevemente un dibujo que podía resultar chocante para algunos estudiantes y, antes de mostrarlo, les invitó a no mirarlo si no querían, sin distinguir religiones y sin invitar a nadie a salir del aula. Y los padres de la alumna supieron en la misma semana, por medio de la dirección de la escuela, que el motivo de la expulsión no tenía nada que ver con Paty ni con las caricaturas ni con nada similar, sino con las ausencias y retrasos repetidos, el mal comportamiento y las vulneraciones del reglamento escolar, según el informe de la Inspección.

Virginie Le Roy, abogada de la familia Paty, ha reaccionado a la confesión de la adolescente: “Si todavía hacía falta una confirmación de que esto era falso, ahora la tenemos. Esto es importante para la memoria de Samuel Paty, para su honor y para su familia”. “En el plano de los hechos”, continúa, “ya se había establecido que la chica había mentido, puesto que había un justificante de ausencia firmado por su madre y la administración de la escuela había constatado que estaba ausente, por lo que todo lo que pudiese explicar sobre la clase era falso. Su posición era insostenible”.

“Lo lamenta terriblemente”, defendió en la cadena Europe 1 el abogado de la menor, Mbeko Tabula. “Sobre todo, no quiero que se diga que ella es responsable de esta decapitación, en la medida en que el atacante se permitió semejante crueldad porque le habitaba una pulsión de muerte, y solo necesitaba un pretexto para pasar al acto”.

Una parte de la investigación se centra en aclarar cómo, en menos de dos semanas, un incidente por una clase sobre la libertad de expresión desembocó en un atentado que sacudió el país. El terrorista era Abdoullakh Anzorov, un hombre de 18 años de origen checheno residente desde niño en la ciudad de Évreux, a 80 kilómetros de Conflans-Sainte-Honorine. Anzorov vio un vídeo del padre señalando a Paty y pasó a la acción. Tras decapitar al profesor y encararse a la policía, murió por los disparos de los agentes.

La Inspección educativa, en su informe, describe el ambiente de amenazas y miedo que había en la escuela en los días previos al ataque mientras aumentaba la presión del padre y del predicador que le ayudó a agitar la campaña contra Paty. “El colegio había recibido amenazas contra Samuel Paty, en las redes sociales había una campaña que había adquirido unas dimensiones alucinantes”, dice la abogada Le Roy, quien recuerda el contexto el que esto ocurrió: el juicio por los atentados en 2015 contra el semanario Charlie Hebdo por publicar caricaturas y las amenazas yihadistas por la nueva publicación de los dibujos. “Tendría que haber habido una protección policial, sin duda”, dice la abogada. “Visiblemente hubo una disfunción. Cuál y debido a quién, por ahora lo ignoro”.


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