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Usain Bolt, en cuarentena tras celebrar su fiesta de cumpleaños



El hombre más rápido de la Tierra busca otro desafío. Y no uno menor. Usain Bolt, 31 años, 195 centímetros de fibra y músculo, 9,58 segundos en los 100 metros lisos, la exhibición de potencia más impresionante jamás registrada por el hombre, sigue teniendo hambre. ¿De show?¿De fama? ¿De verdad?

“Si el Borussia Dortmund dice que soy lo suficientemente bueno, entonces me dedicaré al fútbol y entrenaré muy duro”, aseguró ayer en una entrevista al Daily Express, inglés, donde adelantó que en marzo comenzará a entrenarse con el conjunto alemán. Pero su ambición no es triunfar de amarillo. “He hablado con Alex Ferguson y me dijo que si me ponía en forma vería qué podía hacer”. Esa es la verdadera aspiración de Bolt, reconocido red devil, amigo personal del que fuera su entrenador durante 27 años (1986-2013), deseoso aspirante a conquistar Old Trafford con la camiseta del Manchester United. Pero entonces, ¿por qué entrenar en Alemania, con el Dortmund?
Bolt, el rayo, sonrisa y vacile adolescente, los brazos que mejor apuntan al infinito, lleva siendo el mayor argumento publicitario de Puma desde que firmase su primer contrato con la marca alemana con solo 15 años. Entre 2002 y 2013 encadenó tres renovaciones con emolumentos siempre ascendentes. De cobrar tres millones al año pasó a nueve y después a 10, más un bonus de cuatro a partir de su retirada. Gatorade, Visa, Virgin Media, All Nippon Airways, PokerStars… Todas ellas le reportan otros 30 millones de euros en publicidad que se suman a la cuenta final de un hombre anuncio que ocupa el 32º lugar en la lista de los mejor pagados.

La marca deportiva Puma ejerce de nexo entre el atleta y el club alemán

Puma entró en la Bundesliga convirtiéndose en el patrocinador del Dortmund en la temporada 2012-2013. La marca deportiva cerró entonces un contrato por ocho temporadas a razón de 50 millones de euros. Y la nueva idea de márketing de una de las empresas que forma parte del grupo Kering, con un valor en el mercado de 21.500 millones de dólares según la revista Forbes, es que Bolt, retirado desde agosto de 2017 tras el Mundial de atletismo, ayude a impulsar la línea de negocio del fútbol después de haber acaparado el trono del atletismo. “Creo que tengo posibilidades. Veo mucho fútbol, lo entiendo, lo juego, y con entrenamiento creo que podría ser un buen jugador”, señala el jamaicano.
Para obtener la mejor marca de la historia en los 100 y los 200 metros lisos en los Mundiales de Berlín de 2009, Bolt, poseedor de 11 títulos mundiales y ocho oros olímpicos, alcanzó una punta de velocidad de 37,5 kilómetros por hora. Según un estudio realizado por el Pachuca de México, el futbolista más veloz del momento es el galés Gareth Bale, con una marca de 36,9. “Creo que podría ganar a Cristiano con y sin balón”, fanfarroneó en 2009. El portugués es el séptimo del ránking con 33,6.

Creo que tengo posibilidades. Veo mucho fútbol, lo entiendo, lo juego”

No hay precedentes similares al cambio de disciplina que plantea Bolt. El trasvase más parecido ocurrió cuando Michael Jordan decidió apartarse del baloncesto para dedicarse al béisbol en 1993. Tras 17 partidos con los Chicago White Sox volvió a las canchas con los Bulls. Futbolistas como Gabriel Batistuta y Andriy Shevchenko, dos exdelanteros que se dedicaron después al golf, o tenistas como Nalbandian, desde hace cinco años piloto de rallies, advierten de la adicción de los deportistas de élite por mantenerse cercanos a las sensaciones competitivas encontradas durante sus trayectorias deportivas.
“Estoy nervioso y no suelo estarlo. Pero esto es diferente, es fútbol. Fue igual cuando comencé con el atletismo. Hasta que comencé a acostumbrarme a la multitud y a las personas que estaban a mi alrededor. Al final todo encaja”, confiesa el jamaicano.
Zurdo, de talla imponente, y con vocación ofensiva. Así es el Bolt futbolista, a tenor de sus distintas apariciones, casi todas en torneos benéficos. Un aspirante que pretende debutar en la élite a los 31 años porque él sí puede asegurar que corre más que nadie. Aunque puede que sus bromas sean todavía más rápidas que él.
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