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Villalibre busca la confirmación como killer del Athletic

Se alinean los astros. 2021 es el año del búfalo en el calendario chino y la frondosa barba de Asier Villalibre quiere hacerse un hueco en la punta de lanza del Athletic a base de goles, que es lo que se le pide a cualquier delantero. La temporada que se encuentra a la vuelta de la esquina debe ser la de su confirmación. En la que tiene que dar un paso al frente porque la sombra de Aritz Aduriz es muy alargada en un conjunto rojiblanco que está ávido de una referencia dentro del área.

El gernikarra, que cumple 24 años en septiembre, aumentó su presencia en la segunda parte del curso pasado y ahora el objetivo es ir a más. Tanto en minutos como en goles. Villalibre es el punta que anhela San Mamés. La parroquia rojiblanca, sin estar en el campo, pedía a gritos más oportunidades para el ‘búfalo’. El vínculo con la grada es notorio gracias a la forma de transmitir del 20. Y todo a pesar de haber ‘explotado’ en un momento en el que el público no ha podido acudir al campo.

La diana en la final de la Supercopa que llevó el duelo contra el Barcelona a la prórroga y la icónica celebración tocando la trompeta se han ganado, por derecho propio, el honor de entrar en la historia reciente del Athletic. Villalibre acumuló 1.907 minutos en la campaña 2020-21, repartidos de la siguiente manera: 1.590’ en Liga, 269’ en Copa y 48’ en la Supercopa. Cerca de triplicar su participación en el anterior ejercicio, puesto que en la 2019-20 solo jugó 742 minutos.

Hubo un antes y un después a partir de marzo. Entre las rotaciones por lo cargado del calendario y la apuesta de Marcelino en el tramo final por los más jóvenes, Villalibre se hizo con un hueco en el once tipo rojiblanco y acabó con 6 goles.

Cierto es que el delantero no terminó la temporada con un buen sabor de boca. No marcó en los nueve últimos envites de Liga, en los que en ocho partió en la alineación inicial. Encadenó 628 minutos sin ver puerta. Aportó más allá de los goles batallando con las defensas rivales, estirando al equipo y se entendió con Sancet, pero sin sumar ninguna muesca a su hoja de servicios.

El salto de ser la referencia en ataque del Bilbao Athletic a serlo en el primer equipo es un proceso con mil aristas. Muchos se han quedado en el camino en la última década y Villalibre quiere romper moldes. Ninguno de los máximos realizadores del filial en los tiempos recientes se ha asentado en el Athletic. El poderío de Aduriz, cierto es, cerraba cualquier tipo de oportunidad. Guruzeta firmó 18 dianas en la 2017-18, Sabin hizo 18 en la 2014-15 y Guillermo sumó 12 en la 2013-14 y 13 en la 2012-13. Ninguno prosperó como killer. El ‘búfalo’ logró 23 goles en el curso 2018-19 y también fue pichichi en el 2016-17 con 12 tantos.

Williams sí que se ha asentado, aunque nunca llegó a ser máximo artillero del Bilbao Athletic en una temporada. Probablemente lo hubiera sido en la 2014-15, convirtió 13 dianas en 18 partidos, pero dio el salto de la mano de Valverde.

Curiosamente, en las dos campañas más recientes el pichichi del filial en Segunda B no ha sido un delantero específico. En la 2019-20, Morcillo (10), Artola (8) y Sancet (6) encabezaron la lista de artilleros y en la pasada lo hicieron Artola (10) y Nico Williams (9). Todos ellos estarán a las órdenes de Marcelino este verano, alguno ya lleva tiempo, pero tratarán de hacer un trabajo de hormiga y repartir los goles entre el colectivo si no emerge la figura de un killer absoluto.


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