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Y ahora… rumbo a Marte



Donald Trump se ha propuesto reforzar la hegemonía espacial de Estados Unidos y que los astronautas vuelvan a la Luna durante su mandato. Confía en renovar su estancia en la Casa Blanca otros cuatro años, lo que le daría de plazo hasta 2024 para preparar a fondo la misión Artemisa, que contempla enviar al satélite a un hombre y, por primera vez, a una mujer.
La elección del nombre del programa no es casual. En la mitología griega, Artemisa es la hermana melliza de Apolo. Trump quiere recuperar la gloria que cosechó EE UU hace hoy 50 años, cuando Neil Armstrong culminó con éxito la misión Apolo, pisó la superficie lunar y pronunció la frase más repetida en este aniversario: “Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”.
El plan de enviar una nueva exploración tripulada al satélite en los próximos años encierra un objetivo mucho más ambicioso. Trump quiere construir una estación espacial, bautizada como Puerta de Acceso, que serviría de puente hacia Marte, cuya observación se ha convertido en un reto (a veces, una obsesión) dentro de la comunidad científica.
Para abordar estas misiones, la NASA necesita enormes cantidades de dinero. El Gobierno de Trump ha pedido esta semana 1.400 millones de euros adicionales para adelantar el calendario cuatro años con la vista puesta en que los objetivos se cumplan, en el mejor de los casos, siendo él presidente. Si Kennedy es recordado por su decidida apuesta por llegar a la Luna, Trump quiere ser el referente político de Marte.
La carrera espacial no se libra en el mismo tablero que hace medio siglo, cuando EE UU y la URSS peleaban en plena Guerra Fría por la hegemonía más allá de la Tierra. Los soviéticos fueron en 1961 los primeros en enviar a un hombre fuera de la atmósfera, el mítico Yuri Gagarin, pero las aureolas y el prestigio se los llevaron los tres tripulantes del Apolo.
Otras exploraciones en marcha, como la liderada por China, se centran en el polo sur lunar. Ahí es donde el gigante asiático proyecta construir una estación robótica a finales de la próxima década. “De manera directa y definitiva”, se sabe que hay depósitos de agua helada en esa zona y que se podrían usar como recursos hídricos en el largo camino hacia Marte.
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